CORONAVIRUS AGROALIMENTACIÓN

Pepa y José Luis, voluntarios garantes de la ayuda alimentaria en la pandemia

Si los bancos de alimentos no dejaron de repartir ayuda durante la pandemia fue en parte gracias al esfuerzo de voluntarios como Pepa Alix o José Luis Muñoz, que ven ahora cómo las donaciones caen y sube el número de personas necesitadas.

Voluntarios del Banco de Alimentos de Vizcaya. Efeagro/Miguel ToñaVoluntarios del Banco de Alimentos de Vizcaya. Efeagro/Miguel Toña

En 2015 faltaban voluntarios en el banco de alimentos de Alicante y Alix decidió sumarse a la causa: desde entonces todos los días son “muy intensos” en la oficina donde se encarga de gestionar los envíos entre las 8 y las 13 horas.

Allí ha seguido en medio de la pandemia, una crisis sanitaria que ha sacudido la vida de tantas familias a las que Alix ha estado escuchando al otro lado del teléfono.

“Escuchando las necesidades de la gente ves la pobreza. Los ves preocupados, lloran, te hablan. Lo llevas tan dentro de ti que llega a afectarte, pero siento una gran satisfacción por estar ayudando”, asegura a Efeagro.

A esta voluntaria no se le borran de la memoria los días posteriores a la declaración del estado de alarma hace justo un año, cuando las llamadas de auxilio de repente se multiplicaron.

Varios voluntarios ordenan los pedidos en el almacén del Banco de Alimentos de Barcelona. Efeagro/Enric Fontcuberta

Varios voluntarios ordenan los pedidos en el almacén del Banco de Alimentos de Barcelona. Efeagro/Enric Fontcuberta

Las entidades sociales que normalmente distribuyen la comida entre los más pobres no paraban de pedirles más alimentos para satisfacer las necesidades de quienes, de un día a otro, se vieron sin ingresos ni ahorros.

“No faltó comida en ningún momento”, apunta Alix sobre aquellos primeros meses de pandemia, entre marzo y abril, cuando el cierre forzado de la restauración llevó a muchas empresas de la zona a donar lo que tenían almacenado antes de que se echara a perder.

Bajan las donaciones

Actualmente nota cómo ese flujo de donaciones “ha bajado bastante” y no oculta el temor de que falten suministros porque la crisis no ha terminado ni mucho menos.

Según Alix, las peticiones de ayuda han vuelto a incrementarse este último mes mientras el número de beneficiarios sigue creciendo, ahora que los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) “se van agotando”.

Desde su puesto de voluntario en Mercamadrid, José Luis Muñoz también ha observado un descenso en las cantidades que donan las empresas, aunque “mucha gente continúa colaborando”.

El reparto ha cambiado, ya que tampoco hay mucho género. En época de frío, los mayoristas aprovechan que los productos pueden durar más por las bajas temperaturas y no nos dan alimentos hasta que ven que se pueden estropear”, afirma Muñoz.

Además, los comerciantes se han vuelto “más prudentes” a la hora de hacer sus pedidos debido a la caída del consumo, por lo que sobra menos carga que pueda ir destinada a los bancos de alimentos.

El movimiento de camiones se ha reducido en el segundo merca más grande del mundo y el primero de Europa, según Muñoz, que asegura que hay días en los que andan “muy justos” de mercancía cuando acuden las organizaciones sociales a recogerla.

Después de años de colaboración, este voluntario tuvo que quedarse en casa al inicio de la pandemia, siguiendo las recomendaciones dirigidas a los más mayores, pero después decidió volver al banco de alimentos tomando “todas las precauciones”.

“A los que no tienen recursos tenemos que apoyarles en todo lo que podamos, anímicamente y de cualquier manera. En mi barrio de Valdezarza tenemos una despensa solidaria, no podemos abandonar a la gente que no tiene”, argumenta.

1,6 millones de beneficiarios

Según la Federación Española de Bancos de Alimentos (Fesbal), a principios de 2020 atendían a un millón de personas, cifra que se elevó a 1,5 millones el pasado verano y que a finales de año terminó siendo de 1,6 millones.

Fuentes de Fesbal destacan que en este momento los repartos están siendo “normales dentro de lo que cabe y siempre con las medidas establecidas”.

Aunque cuentan con menos medios humanos, la distribución ha continuado realizándose a través de las organizaciones benéficas y ha habido una “respuesta espectacular” por parte de las entidades colaboradoras que se han volcado en organizar donaciones, campañas, recogidas de alimentos y actos de recaudación.

Un ejemplo de solidaridad que, como dice Muñoz, “tiene que predominar en nuestras vidas”.

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