Siguen actuando pese al estado de alarma

Voluntario del banco de alimentos: solidario en furgoneta con o sin pandemia

Ni el miedo al coronavirus ni las limitaciones a la movilidad ciudadana han impedido que estos días Anselmo Miguélez haya vuelto a subirse a la furgoneta para recoger las donaciones hechas al banco de alimentos con el que colabora.

Trabajo voluntrario en banco de alimentos. Efeagro/AproaTrabajo voluntrario en banco de alimentos. Efeagro/Aproa

 Ni el miedo al coronavirus ni las limitaciones a la movilidad ciudadana han impedido que estos días el voluntario Anselmo Miguélez haya vuelto a subirse a la furgoneta para recoger las donaciones hechas al banco de alimentos con el que colabora.

“Los más desfavorecidos y los más pobres siguen comiendo todos los días y hay que facilitárselo”, subraya a Efeagro Miguélez, jubilado y uno de los 3.211 voluntarios permanentes con los que cuenta la Federación Española de Bancos de Alimentos (Fesbal), integrada por 55 de esas entidades a nivel nacional.

En la provincia de Málaga, por donde él se mueve, siguen realizando “las mismas tareas de antes” de la declaración del estado de alarma por la pandemia, pero -como en el resto del país- varios voluntarios han decidido quedarse en casa por ser mayores de 65 años y, por lo tanto, población de riesgo.

“Los almacenes están llenos de comida, tenemos muchos más alimentos perecederos y numerosos puestos de Mercamálaga se han quedado cargados de mercancías por el cierre de los restaurantes”, asegura Miguélez.

Imagen de un camión con alimentos del reparto. Foto: cedida por Banco de Alimentos.

Imagen de un camión con alimentos del reparto. Foto: cedida por Banco de Alimentos


La crisis también está golpeando de lleno al sector turístico. En un solo día, él y sus compañeros sacaron casi 2.000 kilos de comida de un gran hotel de la Costa del Sol, el cual hubo que cerrar a toda prisa, pese a que su cocina estaba repleta de alimentos.

Los voluntarios han dejado incluso de recoger donaciones porque “no tienen dónde meterlas”, según Miguélez.

Este jubilado, que antes trabajó en el turismo y luego fue profesor de inglés, se toma en serio la “media jornada” que dedica al banco de alimentos desde las 8.30 de la mañana.

Controles 

Con su grupo, traza la ruta que recorrerán, en un camión y cuatro furgonetas, por distintas localidades, acudiendo a los supermercados y otros sitios con los que deben concertar previamente la entrega de material.

Ahora que hay controles en las carreteras por el estado de alarma, alguna vez han tenido que mostrar los papeles a la Guardia Civil, que “nunca les ha puesto problema”.

“Al contrario, con nosotros siempre tienen una deferencia mayor porque saben lo que estamos haciendo todo el año”, dice.

A sus almacenes van más de 60 asociaciones en busca de las mercancías que destinan a colectivos en situación de vulnerabilidad.

En toda España, el año pasado los bancos de alimentos prestaron asistencia a más de 7.300 instituciones benéficas, que atendieron a 1,1 millones de personas necesitadas.

Ofrecimientos de empresas

En los últimos días, han crecido los ofrecimientos de empresas como cadenas hoteleras y restaurantes de comida rápida que, sin saber cuándo reabrirán sus puertas, quieren donar sus excedentes.

En estas circunstancias excepcionales, sin embargo, se han suspendido las retiradas presenciales de productos en tiendas y supermercados, aunque se ha creado un dispositivo de servicios mínimos adaptado a los protocolos sanitarios.

Fuentes de Fesbal precisan que por ahora están bien surtidos, aunque son las asociaciones que distribuyen la ayuda las que más dificultades están teniendo por falta de medios.

La federación ha solicitado “donaciones económicas” ante la situación de emergencia y el apoyo de voluntarios más jóvenes, dado que muchos de los habituales tienen más de 65 años.

Uno de los que se han quedado “descolgados” ha sido José Luis Muñoz, de 60 años, al que han pedido que permanezca en casa y no acuda, como era su costumbre, a las instalaciones del banco de alimentos en Mercamadrid.

“A ver si se acaba esta pesadilla”, comenta este prejubilado, que comenzó colaborando puntualmente en una “gran recogida” de alimentos, una campaña que suele organizarse en noviembre, y desde hace cuatro años es un voluntario permanente.

En su opinión, “involucrarse en un tema de este tipo requiere un compromiso y ser serio: no puedes ir sólo cuando te apetezca, porque te están esperando y, si faltas, posiblemente las cosas no funcionen con regularidad”.

Por eso espera que la emergencia sanitaria pase cuanto antes para volver a ayudar a quienes más lo necesitan

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