EMPRESAS PESCANOVA

“Vieja” Pescanova busca recuperar su actividad productiva a medio-largo plazo en el sector de la pesca

El presidente del consejo de administración de Pescanova, S.A., Luis Malo de Molina, sitúa entre sus objetivos a medio-largo plazo “recuperar la actividad productiva de la compañía” para que deje de ser únicamente una sociedad de cartera.

Sede central de la empresa Nueva Pescanova en Pontevedra. EFEAGRO/Salvador SasSede central de la empresa Nueva Pescanova en Pontevedra. EFEAGRO/Salvador Sas

“Queremos evaluar diversas oportunidades de negocio que ya estamos detectando, todavía en una escala muy superficial, en el sector de la captura, producción y manipulado de pescado“, revela en una entrevista con Efe el presidente del consejo de administración de la sociedad conocida popularmente como “Vieja” Pescanova.

Este proceso de búsqueda, precisa, sólo arrancará una vez estén cerrados los frentes abiertos en sede judicial contra Nueva Pescanova, entre ellos la impugnación de la ampliación de capital que diluyó la participación de la “Vieja” en su capital del 20 hasta el 1,65 %.

Los gestores de Pescanova S.A. confían en que la Justicia permita a la compañía recuperar su peso en el accionariado de Nueva Pescanova, aunque reconocen que en caso de ser desestimadas sus dos últimas demandas y tener que pagar las costas, la cuantía podría ser “inasumible” y llevarle a la insolvencia.

Los tribunales van a darnos la razón tarde o temprano“, ha vaticinado Luis Malo de Molina.

Duras críticas

Además de impugnar esta ampliación de capital, también han pedido a la Justicia que anule una comisión de 300 millones de euros pagada por Nueva Pescanova a los bancos acreedores tras cancelar un crédito “súper sénior”.

“En el fondo, lo que quiere Nueva Pescanova es deshacer los complejos arreglos y acuerdos a los que llegamos todas las partes (en 2015). Tienen que entender que no puede desconocer estos acuerdos apenas dos años después de que se tomaran“, ha afirmado Malo de Molina.

En su opinión, la solución alcanzada implicaba “una renuncia de todas las partes implicadas”, mientras que ahora se intenta “que sólo una de las partes lo pierda todo”.

En este sentido, ha recordado que en el caso de que Nueva Pescanova quisiera dar entrada en su accionariado a un nuevo inversor, la existencia de un conflicto judicial de estas características puede echar para atrás a los posibles interesados.

Entrada de la sede de Pescanova. EFE/Salvador Sas

El presidente del consejo espera que estas cuestiones judiciales queden finiquitadas “en las próximas semanas” -a la espera de la decisión de los tribunales-, y será a partir de entonces cuando podrán comenzar a analizar nuevas inversiones.

“No quiero adelantar ninguna de las cuestiones que tenemos encima de la mesa porque hace falta profundizar mucho más en estas oportunidades, y hasta ahora hemos estado centrados en la parte jurídica”, ha asegurado.

En su opinión, recuperar la actividad productiva es clave para que la firma no se vea “abocada a ser siempre una mera sociedad de cartera que dependa, además, del capricho de Nueva Pescanova a la hora de cobrar o de que se le reconozcan sus derechos“.

Proceso contra Fernández de Sousa

Preguntado por el próximo cierre de la instrucción del llamado caso Pescanova, que investiga la actuación del que fuera su presidente, Manuel Fernández de Sousa, Malo se ha limitado a señalar que, en caso de que existan responsabilidades patrimoniales, el pago “lo asumiría Nueva Pescanova” y no afectaría a la empresa que representa.

Se trata en cualquier caso de importes que ya están previstos y provisionados, por lo que en el peor de los escenarios no pondrían en peligro la continuidad de la compañía ni afectarían sus resultados”, ha subrayado.

El caso Pescanova está en manos del juez José de la Mata, que anunció el cierre de la fase de instrucción para el próximo mes de octubre después de cuatro años de diligencias encaminadas a depurar responsabilidades por las irregularidades contables detectadas en la compañía.

El grupo Pescanova entró en concurso de acreedores en marzo de 2013, con un agujero patrimonial que KPMG valoró en 1.667 millones de euros.

El proceso de reestructuración se prolongó hasta septiembre de 2015, cuando se optó por su división en dos: la parte productiva -en manos de la banca acreedora-, a la que se llamó Nueva Pescanova, y una sociedad de cartera sin actividad, Pescanova S.A., que quedó en manos de los accionistas originales.

La relación entre ambas compañías ha sido tortuosa y actualmente están enfrentadas en cinco procesos judiciales

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