AGRICULTURA SOSTENIBILIDAD

Silvestre y domesticado, una relación compleja donde el equilibrio es obligatorio

La agricultura y ganadería se encuentran en contacto constante con la fauna silvestre, una convivencia obligada en la que es difícil pero posible el equilibrio para desarrollar la actividad humana y proteger la biodiversidad.

Un ciervo berreando en el parqque natural de Cabañeros. EFEAGRO/Cedida por VisitaCabañeros.Un ciervo berreando en el parqque natural de Cabañeros. EFEAGRO/Cedida por VisitaCabañeros.

Son conocidos los casos de ataques de lobos a la ganadería o las plagas de conejos o topillos en cultivos; pero no tan conocidos son los contagios de enfermedades de especies silvestres a domesticadas o las plagas de algunos insectos.
En un sistema en el que es difícil y a veces contraproducente aislar estos dos bloques, desde el sector agroalimentario impulsan diferentes métodos para prevenir situaciones de riesgo, como la vacunación o los controles poblacionales por medio de la caza en ganadería o la presencia de fauna silvestre para prevenir plagas en cultivos, pero es un reto que no tiene una única respuesta.
Gonzalo Palomo, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica/Agroecología (SEAE), expone a Efeagro que tanto los sistemas silvestres como los agrícolas y ganaderos son complejos por separado, por lo que al intentar gestionar ambos “la complejidad aumenta”.

Palomo, licenciado y doctorado en veterinaria por la Universidad de Extremadura, añade además que, aunque “en agricultura está perfectamente demostrado que la biodiversidad es buena, en ganadería hay controversia”.
Desde el punto de vista sanitario, recuerda que la interacción entre animales silvestres y domesticados puede llevar a la expansión de enfermedades, como la tuberculosis, por lo que se impulsan medidas como la separación en los momentos de alimentación, higienización de los lugares con agua o incluso plantean vacunas para animales silvestres.
También en agricultura, en especial la ecológica, se ha apostado por esa convivencia entre los cultivos específicos para el consumo y aquellas plantas o animales que pueden habitar esos terrenos sin resultar negativos para la producción y que incluso pueden ser beneficiosos para el control de algunas plagas.

“Cuando haya más biodiversidad voy a asegurar que esos nichos estén cubiertos y sirvan para controlar esos insectos o bacterias que pueden ser un peligro. Van a ser controlados por la propia red trófica de mi finca”, expone el investigador.
Ante ciertas plagas, se han aplicado medidas de control biológico, aunque reconoce que es un tema que necesita ser contrastado en cada caso para no generar un problema sanitario.
Añade que los productores también vigilan en el momento de la siega no dañar nidos de aves, por lo que señalizan antes de que pase la cosechadora donde están. Otra forma de controlar la presencia de especies silvestres es la actividad cinegética.

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Una mariposa y una abeja se posan sobre la lavanda. Efeagro/EPA/JOCHEN A. KRAUSE

El presidente de la Real Federación Española de Caza, Manuel Gallardo, explica en declaraciones a Efeagro que la caza es “la herramienta más eficaz y eficiente” cuando se producen esos desequilibrios poblacionales en algunas especies.
Con esta técnica, se han podido controlar los daños ocasionados por ciervos, jabalíes, conejos o el lobo ibérico -que ha recibido especial atención estos últimos meses por su inclusión en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Lespre) como medida preventiva-.
Ha de haber un equilibrio entre la protección de la actividad humana y el cuidado de la biodiversidad silvestre, reconoce Gallardo, pero matiza que lo primero que hay que aclarar es cuál es el objetivo a la hora de regularlo.
“Atender a la actividad humana. Eso es lo prioritario. Y para ello no es necesario sacrificar a ninguna especie”, alega, sino vigilar que no haya sobrepoblaciones de aquellas que puedan suponer un riesgo para las actividades humanas.

Lamenta la introducción del lobo ibérico en el Lespre, ya que ve esta decisión como resultado de una “desconexión” entre las ciudades, donde se toman las decisiones políticas, y las zonas rurales, donde la gente convive con este depredador.
“Las políticas llevan haciéndose desde hace un tiempo desde la gran ciudad y esto va a peor. La tendencia es que ya el 80 % de la población vive en grandes ciudades. Esa desconexión hace que se desconozca la perspectiva de qué ocurre en las zonas rurales”, alega, y denuncia que hay una visión “ficticia” del lobo para protegerlo que no se aplica a otras especies, como los jabalíes.

Además, asegura que aunque se lo catalogue como especie no cinegética habrá que regular su población igualmente, ya que sigue suponiendo un problema para muchas explotaciones ganaderas, por lo que esta medida ha servido para poner trabas.
Por ello, pide que las administraciones escuchen la voz de las zonas rurales, para que tengan una visión más acertada de lo que ocurre en esas regiones.

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