FERNANDO BAGÜÉS, PRESIDENTE DE APROSE

“Con el uso de semillas no controladas, perdemos todos”

El presidente de Aprose, Fernando Bagüés, advierte que, con el uso de material “no controlado”, pierden tanto las empresas como los agricultores. Y se pone en riesgo la inversión, la innovación y el empleo en este sector.

El presidente de la Asociación de Empresas Productoras de Semillas Selectas, Fernando Bagüés. Foto: Efeagro/Cedida por AproseEl presidente de la Asociación de Empresas Productoras de Semillas Selectas, Fernando Bagüés. Foto: Efeagro/Cedida por Aprose

El presidente de  la Asociación de Empresas Productoras de Semillas Selectas (Aprose) repasa los retos que afronta esta Asociación, que cuenta con 43 empresas, pero en plena fase de crecimiento y adhesión de socios. Las compañías españolas de semilla certificada generan un volumen de negocio de 120 millones de euros, de los cuales unos 50 millones corresponden a los socios de Aprose, una entidad que está adherida a las federaciones europea e internacional de semillas y a la interprofesional de cereales panificables Incerphan, entre otras.

Entre las prioridades de estas empresas, trabajan por encontrar variedades resistentes a enfermedades -como la roya amarilla del cereal-, que sean más productivas y mejor adaptadas a la variabilidad climática, según destaca.

El presidente especifica que el material certificado representa apenas el 25 % de todas las siembras españolas de “cereal-paja” -como avena, cebada, trigo, centena o triticales-, a pesar de que se emplean más de un millón de toneladas cada año. Los agricultores tiene dos opciones legales, por lo que respecta al uso de este material vegetal: adquieren semillas certificadas a un proveedor, o bien reutilizan su propia cosecha para tal fin -operando por sí mismos o con la ayuda de un centro autorizado-.

Esta vía representa la mitad del mercado, en este segmento de cereal, pero el otro 50 % corresponde a personas que compran grano habilitado para siembra que no está certificado y que, por tanto, no tiene autorización, ni control ni etiqueta.

Bagüés calcula que estas prácticas irregulares impiden que las empresas legales obtengan un volumen de negocio de 500 millones de euros, sólo en el sector del cereal-paja, exceptuando el maíz.

Pérdidas económicas y mucho más

Según puntualiza, no sólo se produce un daño económico sino que el uso de semilla no certificada resta fondos para que los centros de investigación sigan haciendo su trabajo, lastra la productividad del agricultor y la calidad de las cosechas y merma la innovación, a pesar de que España tiene el clima adecuado para ser líder. “Para estar en la vanguardia de la agricultura, deberíamos empezar por la semilla. España podría competir con productos de mayor valor añadido, como trigos duros y trigos blandos de fuerza o cebadas malteras superiores a otros países”, abunda el presidente, pero para eso se necesitan granos con todas las garantías.

Coste de las semillas

Afirma que “no es cierto que las semillas certificadas sean más caras” porque, cuanto más se utilicen, más se abaratarán por economía de escala y, además, el mercado las remunera mejor. Asimismo, advierte de los riesgos derivados de la utilización de material sin certificación, como la contaminación de cosechas, las enfermedades y posible pérdida de calidad y de los ingresos.

Campo de trigo. Foto: GM

Campo de trigo. Foto: Efeagro/Ginés Mena

Sobre este último aspecto, recuerda que los granos obtenidos en un campo de trigo duro contaminado con espigas de trigo blando en un porcentaje superior al 15 % -lo que puede ocurrir si se usan semillas sin garantías- no podrán ser utilizados como materia prima para la elaboración de pastas, al no tener la calidad suficiente, por lo que el agricultor perderá dinero cada cosecha.

También hay fincas en las que proliferan las “avenas locas”, muy difíciles de erradicar, tras el uso de granos no certificados. Indica que la semilla es el insumo más barato de todo el proceso de producción para el agricultor y la diferencia de coste entre semillas certificadas y las que no lo están “es mínima” si se realizan las dosis adecuadas recomendadas.

Con granos con todas las garantías, el agricultor -añade- evitará problemas legales y daños colaterales, al tiempo que se garantizará la calidad del alimento desde el inicio.

“Llegará un momento en el que el consumidor querrá saber qué semilla ha utilizado el agricultor” porque, según especifica Bagüés, cuando la población consume unos macarrones o una pizza, piensa que todo sigue un proceso muy exigente y “ni se le pasa por la cabeza que pueda ser una semilla no controlada”. EFEAGRO

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