SEGURIDAD ALIMENTARIA

La red de redes mundial que sostiene la seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria en España, la UE y numerosos países terceros se sostiene actualmente gracias a una red de redes de intercambio de información que permite detectar gran parte de los potenciales problemas antes de que un alimento llegue al consumidor.

Un mercado con productos frescos. Efeagro/Archivo/Toni AlbirUn mercado con productos frescos. Efeagro/Archivo/Toni Albir

El nivel de seguridad alimentaria es “elevadísimo” y eso demuestra que, “en general, el sistema funciona”, explica a Efeagro la subdirectora general de Coordinación de Alertas y Programación del Control Oficial de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), Paloma Cervera.

La crisis de las “vacas locas”, a finales de los años 90 del siglo pasado, fue primordial para implementar el paquete normativo comunitario y propiciar la creación de agencias como la española Aesan en 2001 (cumple ahora 20 años) o la propia EFSA (de índole europea, en 2002), que dieron un carácter trasversal a la seguridad alimentaria.
El concepto de trazabilidad cobró protagonismo en ese deseo de tratar de forma “integral y potente” la seguridad alimentaria en la cadena alimentaria “para proteger a los consumidores como un derecho prevalente”.

LA RED
El resultado fue dicha red de redes, con un intercambio multidireccional de información que funciona “las 24 horas del día, los siete días de la semana”, remarca Cervera.
Para que la red active una alerta alimentaria (la española se denomina Sciri y la europea, Rasff) es necesario hallar un alimento con algún tipo de riesgo para la salud del consumidor y que no haya sido detectado en los controles oficiales o por las propias empresas durante su elaboración.

En algunas ocasiones, como ocurrió con el brote de listeriosis en carne mechada en el verano de 2019 en España, se descubre al detectar un aumento inusual de la frecuencia epidemiológica de una enfermedad de origen alimentario.
En ese caso concreto, “se comenzó a tirar del hilo hasta que se llegó al problema” y se puso en marcha la red.
Cervera reitera, no obstante, que las barreras “funcionan”, por lo que “muy poco llega a la red de alerta”; aún así, existe dicho sistema para notificar la incidencia e informar a las comunidades autónomas o entidades públicas competentes, así como a empresas e incluso consumidores para que se abstengan de consumir el producto.
“Si el producto no ha salido del establecimiento, se retira, pero si ha llegado al consumidor hay que estudiar la trazabilidad y enviar una alerta”, informando de lotes y zonas de distribución.

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Instalaciones de una gran superficie de distribución alimentaria. Efeagro/Mercabarna

En el caso de que se haya enviado el alimento afectado a otros países de la UE, la Aesan se pone en contacto con la Rasff y la Comisión Europea procede de una forma similar para notificarlo donde sea necesario hacerlo; lo mismo ocurriría si se informa de envíos a terceros países, en este caso reportando a InfoSAN (dependiente de la Organización Mundial de la Salud y de la FAO).
A su vez, la Aesan recibe múltiple información del exterior, como la de productos elaborados que han podido generar problemas de salud en el extranjero o sobre peligros detectados en alimentos vendidos a España.

DATOS A 2019
En 2019, el Plan Nacional de Control Oficial de la Cadena Alimentaria realizó 561.091 inspecciones de establecimientos, 144.143 controles de la información suministrada al consumidor y 118.720 análisis de alimentos.
Estos estudios revelaron un “cumplimiento estricto” de la normativa en un porcentaje entre el 98,8 % y el 78,6 %, según la actividad, y en el resto de casos se adoptaron medidas para proteger al consumidor, de acuerdo a los datos de la Aesan.

Un total de 84 alertas alimentarias se lanzaron a raíz de estas actividades de control, entre las que destaca la citada presencia de Listeria monocytogenes en los productos cárnicos de la compañía Magrudis.
Por su parte, la red nacional Sciri gestionó 678 expedientes relativos a productos alimenticios en los que estuvo implicada España; de ellos, 293 fueron alertas; 194 informaciones; 178 rechazos en frontera y 13 por otras causas.

De las 487 notificaciones y alertas, la mayoría correspondió a alimentos de origen animal (221) y 122 de origen vegetal, seguidos de loslos peligros biológicos y químicos, con 153 y 195, respectivamente, como principales causas.
La Aesan cumple ahora dos décadas de vida y Cervera apunta que es un momento para impulsar y dar a conocer a los ciudadanos los cometidos de esta agencia, que se encarga además de aportar “información rigurosa” sobre la materia.

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