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Sanidad vegetal y bienestar animal, una prioridad en la UE con la ciencia como aliada

La Política Agraria Común tiene encomendada la misión de lograr una producción suficiente de alimentos seguros y con los mayores estándares de calidad. Para ello pone el foco legislativo, político y administrativo en la regulación de las normas, entre otras, de sanidad animal y vegetal. Y la ciencia es una gran aliado.

play Explotación de porcino. Foto:  Efeagro / Lucía Ruiz Simón.Explotación de porcino. Foto: Efeagro / Lucía Ruiz Simón.

En base a este objetivo es necesario trabajar de forma constante en investigación e innovación, que permitan a los agricultores y ganaderos europeos mejorar sus procesos productivos y las explotaciones. Y esos conocimientos tienen que llegar al sector agroalimentario.
Por ello, lograr esa transferencia del conocimiento al sector agroalimentario es un reto importante. En la actual programación de la Política Agraria Común 2013-2017, la Comisión Europea puso entre sus objetivos paliar la carencia de aplicación de los resultados de los proyectos de investigación a la realidad productiva. Y se crearon los grupos operativos con buenos resultados. El director del INIA, Manuel Lainez, explica que estos grupos e la suma de productores, sus asociaciones, sus cooperativas con grupos científicos que han estado trabajando en un campo que se unen con la idea de aplicar en el campo un conocimiento concreto. En el seno de la Unión funciona desde hace algún tiempo y por ello se ha trasladado a la nueva PAC.

Sanidad y bienestar animal

En el caso de la sanidad y el bienestar animal, la Unión Europea se ha marcado como prioridades cuestiones como la modernización de las granjas, las normas relativas al transporte y el control y la prevención de enfermedades, entre otras cuestiones.

Además de trabajar en la reducción del uso de antibióticos en las reses destinadas a consumo humano. Es un tema que cada vez reviste más gravedad. La resistencia a un tipo de antibiótico que se suele utilizar como última opción en pacientes infectados por bacterias multirresistentes se ha detectado por primera vez en cerdos en la Unión Europea (UE).
Por ello, las empresas tienen que trabajar con estas premisas, como es el caso de la empresa murciana JISAP. En su explotación de Pulpí (en Almería) albergan 3.000 cerdas reproductoras, en diferentes fases de gestación y crianza, y plantean la tecnificación como su aliada para lograr los máximos estándares. La vacunación sin agujas, que evita hacer daño al animal -además del contagio de enfermedades- y cuyo fin es preventivo, al colaborar en la reducción del uso de antibióticos, es una de sus herramientas. Además de estrictos protocolos estrictos de higiene y limpieza les han permitido reducir casi a cero algunas patologías y, por tanto, disminuir la necesidad de medicamentos. Y el control ambiental garantiza el bienestar de los animales, que tienen la temperatura que necesitan: las crías a 35 grados y las reproductoras entre 18 y 20.

Sanidad vegetal, en el foco mediático

La sanidad vegetal -en estos días noticia dada la situación epidemiológica en Europa- es una premisa innegociable para los agricultores.
Las regulaciones fitosanitarias, la vigilancia de los productos que entran en la Unión Europa y el control sanitario de las producciones , entre otros aspectos, garantizan el buen estado tanto del territorio como de los alimentos que llegan al consumidor.

Planta de procesado de brócoli en Lorca (Murcia). Foto: Efeagro / Lucía Ruiz Simón.

Planta de procesado de brócoli en Lorca (Murcia). Foto: Efeagro / Lucía Ruiz Simón.

En el caso de la cooperativa murciana de Alimer, han hecho de la calidad y los estándares sanitarios parte de sus estrategias de éxito. En plena temporada del brócoli, trabajan de forma simultánea para encontrar soluciones a las enfermedades que le afectan, como la botrytis. Para evitarlo, se apoyan en la ciencia, pero siempre con procedimientos naturales que respeten el medioambiente. Por ejemplo, según explica su directo de calidad, Antonio Jesús Murcia, hace unos meses culminó un proyecto para aplacar los efectos de esta enfermedad que afectaba al brócoli y provocaba su pudrición. Se trabaja siempre con tratamiento naturales que genera la planta de manera autónoma “nunca con tratamientos químicos ni nada ajeno que pueda afectar e incluso tratamientos o modificaciones genéticas, simplemente induciendo a que la planta se defienda con sus propias sustancias”, agrega.

Estas dos empresas son ejemplos prácticos del compromiso del sector primario con los requisitos en sanidad animal y vegetal; de los investigadores que buscan hacer más sencillo y seguro su cumplimiento, y de las autoridades comunitarias, nacional y autonómicas que quieren poner a disposición del consumidor alimentos sanos y seguros.

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