COMERCIO AGROALIMENTACIÓN

Cinco años del veto ruso: un portazo al sector alimentario que aún resuena

Prohibió la entrada de productos agroalimentarios de la UE. Los sectores del porcino y el de la fruta de hueso fueron de los más perjudicados: la forma de afrontar la situación ha sido dispar.

Trabajadores en una planta de selección de melocotones, una de las frutas castigadas por el veto ruso. EFE/Archivo F.M.Trabajadores en una planta de selección de melocotones, una de las frutas castigadas por el veto ruso. EFE/Archivo F.M.

El veto de Rusia a la entrada de distintos productos agroalimentarios de la Unión Europea (UE) cumple cinco años; un portazo que el sector del porcino, de los más afectados, ha intentado superar buscando nuevos mercados, pero del que la fruta de hueso, que no fue tan ágil, sigue sufriendo las consecuencias.

Rusia prohibió en 2014 la importación de ternera, cerdo, verduras, hortalizas, frutas, carne de ave, pescado, quesos, leche y productos lácteos desde la UE, EEUU, Australia, Canadá y Noruega, en respuesta a las sanciones que se les impusieron por su papel en la crisis ucraniana; un argumento de índole política que impactó de lleno en los intereses agroalimentarios españoles. Antes de ese cerrojazo, España exportaba fruta por valor de 335 millones de euros al año a Rusia; carne, por 269 millones; y verduras y hortalizas, por 134 millones.

Los datos de Comercio Exterior no dejan lugar a la duda sobre los efectos: si España comerciaba hacia ese país en 2012 más de 132.000 toneladas de carnes y despojos, en 2014 vendió 2.000 t y desde 2015 el registro es cero. Del mismo modo en las frutas: de 162.000 toneladas/año en 2012 a entre 80 y 100 t/año testimoniales para algunos productos sin veto.

El sector hortícola

Aunque el director de la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas (Fepex), José María Pozancos, prefiere no caer en el catastrofismo, sí admite que tuvo un impacto “muy grave” sobre los precios, dado el exceso de oferta europea que se acumuló sin poder entrar a ese destino. “El nivel de precios anterior al veto no se ha recuperado”, asegura.

A pesar de todo, en este lustro España ha crecido en el continente americano un 47 % en volumen de envíos de frutas, hortalizas y verduras, gracias fundamentalmente al Tratado de Libre Comercio con Canadá; pero también está aumentando en Asia, donde ha aupado su comercio un 136 %, de 72.000 t en 2013 a 170.000 en 2018.

La fruta de hueso es la que sufrió un mayor varapalo porque estaba muy centrada en Rusia y no ha conseguido encontrar mercados alternativos, aunque está en un proceso de reconversión. Para Pozancos, tras cinco años, “sí hay cierta compensación” en otros mercados, pero de forma “muy lenta”.

Porcino y vacuno

En el caso de los productores y la industria comunitarias del porcino tienen su propia particularidad: antes de agosto de 2014 ya tenían otro veto ruso en vigor por la presencia de Peste Porcina Africana (PPA) en Polonia y Lituania.

El director de la Asociación de Productores de Ganado Porcino (Anprogapor), Miguel Ángel Higuera, señala que han sabido sobreponerse gracias a la búsqueda de nuevos países y a las necesidades puntuales que han tenido potencias como EEUU y China en estos últimos años (por PPA y el cierre de granjas por problemas medioambientales en China o la diarrea epidémica porcina en EEUU).

A pesar de ello, reconoce que el camino no ha sido fácil y que incluso la UE tuvo que recurrir al almacenamiento privado en 2015 para intentar salvar la situación.

El sector de la carne de vacuno enviaba principalmente despojos y carne de menor valor, según el director de la Interprofesional de la Carne de Vacuno (Provacuno), Javier López, quien explica que en estos cinco años han logrado redirigir los volúmenes a destinos como Costa de Marfil y Ghana, pero perdiendo valor, ya que Rusia los pagaba mejor. El vacuno está “inmerso en una carrera” por hacerse hueco en mercados asiáticos, siguiendo la estela del porcino, indica.

Imagen de un mostrador con productos cárnicos. EFEAGRO/Cedida por Anice.

Por su parte, el sector avícola, tanto de huevo como de carne, apenas sintió el veto, dadas las escasas cantidades que exportaba; sin embargo, sí tuvo efecto en el sector lácteo, especialmente en el queso, al que se le cerraron las puertas de un país al que enviaba en torno a las 170 toneladas en 2013.

La pesca no escapó de esta situación, aunque España no resultó tan afectada como otros países de la Unión Europea; el congelado fue el que más se resintió, al dejar de enviar casi 13.000 toneladas.

Cinco años de una decisión que marcó el verano de 2014 y provocó el temor de numerosos productores, pero que con el tiempo ha permitido no sólo encontrar alternativas sino diversificar negocios con la lección de no confiar el grueso de la exportación a una única plaza

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Publicado en: Agricultura
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