CORONAVIRUS HOSTELERÍA

Las nuevas restricciones a los bares reducen las cenas y enmudecen la noche madrileña

“Ha sido catastrófico, y eso que estamos a principios de mes. Si esto continúa igual, acabaremos cerrando”. Así lo advierte Andrés, encargado de un bar con una de las terrazas más cotizadas de Madrid, que hace un balance más que negativo tras el primer fin de semana con nuevas restricciones para la hostelería en la capital.

Aspecto de un restaurante cerrado. Efeagro/ Quique GarcíaAspecto de un restaurante cerrado. Efeagro/ Quique García

Sus sensaciones están en línea con la patronal Hostelería de Madrid, que habla directamente de “ruina” por la caída de las cenas y que pretende impulsar como solución temporal comenzar con un primer turno a las ocho de la tarde, algo típico en otros países europeos pero poco habitual en España.

Con los casos de contagio por covid-19 disparados y con Madrid como epicentro de la pandemia en España, la normativa obliga ahora a dejar de recibir a nuevos clientes a las 22 horas y echar la persiana a las 23, dos horas antes que hasta hace una semana.

¿El resultado? A las once de la noche del primer sábado de octubre las calles de uno de los barrios más movidos de la capital, como es Malasaña, apenas eran reconocibles: el bullicio y el tradicional ruido que son señas de identidad de la zona dejaban paso a un silencio casi sepulcral.

En los alrededores de la plaza San Ildefonso, las únicas excepciones las protagonizaban los clientes de un par de locales de pizza para llevar y cerca de una veintena de personas que hacían fila para entrar en una pequeña tienda de alimentación regentada por ciudadanos chinos donde todavía se podía comprar cerveza (aunque la normativa no lo permita).

Con el agua al cuello

Nosotros éramos nueve empleados y ya tuve que despedir a dos, si el local no fuera de propiedad y hubiese que pagar alquiler, el dueño ya habría cerrado. Y los del bar de al lado ya están pensando en hacerlo porque no llegan”, continúa Andrés, de origen colombiano, mientras apila sillas y recoge mesas.

Una mujer con mascarilla disfrutando de una terraza en Nueva York. Efeagro/EPA/Peter Foley

Una mujer con mascarilla en una terraza. Efeagro//Peter Foley

Encargado de un bar con terraza, reconoce que cuando entra la noche rechazan sentar a gente que quiere “tomarse algo” y sólo aceptan cenas: “Es súper brusco, pero así conseguimos hacer grupos grandes y puedes hacer 200 euros con una sola mesa”, explica.

“El tiempo no ayuda”, reconoce Andrés en alusión a las bajas temperaturas, aunque insiste en que si esto ocurre a primeros de mes cuando la gente acaba de cobrar, a finales la situación sólo puede ir a peor.

Esto está muerto“, sentencia Enrique, vecino de 72 años que reside en pleno “meollo”, en la calle Corredera Alta de San Pablo, y al que le cuesta recordar un fin de semana con tan poca gente por su zona.

“Éramos la alegría de Madrid y de España, yo viví aquí ‘La movida’. Esto de cerrar todo no tiene sentido”, opina mientras apura un cigarrillo apoyado en un bolardo.

Terrazas llenas, pero sólo hasta las 22

Un paseo durante la noche del sábado por el centro de Madrid (Ponzano, Malasaña, Fuencarral y Gran Vía) permitía observar que las nuevas restricciones no evitaban que las terrazas estuvieran llenas hasta las diez, cuando comenzaron a vaciarse ante la imposibilidad de aceptar nuevos clientes.

También había menos gente por la calle y menos tráfico, e incluso era posible encontrar plazas libres de aparcamiento, algo poco habitual.

Un señor desayuna en una terraza de la Barceloneta. Efeagro/ Quique García

“Muchos clientes se han marchado ya y a las once todo tiene que estar cerrado, según nos han dicho”, se explicaba un camarero en uno de los locales del grupo La Máquina. Pocos metros más allá, una amiga le decía a otra: “Confórmate con poder salir”.

En La Malcriada, pasadas las diez ya habían retirado la mayoría de sus mesas, y a su lado un bar mítico como El Doble había bajado las persianas mientras en su interior los pocos clientes que quedaban apuraban sus cervezas.

Auge de la comida a domicilio

Entre los consumidores se notaba confusión, y no eran pocos los que buscaban un sitio donde poder cenar pasadas las diez de la noche, sin éxito.

El contraste lo representaban las cadenas de “comida rápida” -operativas pese a no poder aceptar clientes en su interior- y las decenas de repartidores que en moto, bicicleta o incluso patinete repartían sus encargos.

Los datos de la patronal madrileña de hostelería apuntan a una caída de ingresos que en algunos establecimientos alcanza ya el 75 % respecto a lo que facturaban el año anterior, ya que a las limitaciones de horario se suman las de aforo y la prohibición de servir en barra.

Las cenas son en torno a un 15 % de las ventas del sector, la obligación de dejar de recibir clientes a las diez y acabar a las once supone recortar muchísimo el número de cenas que servimos“, detalla su director general, Juanjo Blardony, quien asegura que las medidas “restringen el consumo” porque desaniman a la gente a salir de casa.

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