GANADERÍA

De una cueva asturiana a Bruselas: premio a una joven emprendedora por recuperar las tradiciones queseras

A 1.300 metros de altitud, en una cueva de la Sierra de Cuera, en Asturias, se vuelve a madurar el queso de Arangas, un producto artesanal que ha devuelto al mercado el empuje de una emprendedora, Elena Soberón, y que le ha servido para ser reconocida en el Congreso Europeo de Jóvenes Agricultores.

Elena Soberón en su tarea diaria. Foto cedida por la emprendedora. Elena Soberón en su tarea diaria. Foto cedida por la emprendedora.

Inició este proyecto movida por el recuerdo del quehacer de sus abuelos durante los veranos de su infancia y agradece el premio al proyecto «más resiliente», pero su mayor satisfacción es llegar a su nave y ver el «recibimiento» de sus animales o acudir a los mercados donde conoce al consumidor en persona y puede hablarles de sus productos.

Productoras en la cueva donde maduran el queso de Arangas. Foto: cedida por la emprendedora.

A sus 28 años, hace ya siete que decidió que no podía dejar perder la tradición del queso de Arangas que había visto fabricar desde pequeña, explica en una entrevista con Efeagro.Sus abuelos pastoreaban y ordeñaban el ganado de julio a septiembre, justo el descanso escolar, por lo que Elena y su hermana les acompañaban en su cabaña de la Sierra de la Cuera.

Queso madurado en una cueva

«El queso de Arangas es un queso que se hace en mi pueblo, se madura en una cueva a 1.300 metros de altitud», resume.
«Es lo que vivimos desde pequeñas, me daba pena que se perdiera», subraya, por lo que tras montar su quesería de Cabrales su impulso le llevó a recuperar esta tradición; «Le consulté a mi padre y me dijo que hacia adelante», rememora.
Y adelante y hacia arriba se dirige esta emprendedora, con la compañía de su hermana y de su padre, quienes se encargan de hacer el queso, ahumarlo en un cabaño y subirlo en mochilas a la cueva, salvando un desnivel de unos mil metros.
Era su apuesta por «recuperar las tradiciones, que no se perdiera la forma tan sana y tan natural en la que nos criaron, respetando al ganado y pensando en la calidad del producto».

Lo que pesa el sentimiento

A la hora de emprender en un entorno rural como el suyo «hay muchas dificultades, pero también oportunidades», remarca, si bien lo «fundamental» es que haberse «criado en esto y que sepas que va a costar».
Recuerda que cuando montó su quesería sus amigas la tomaban por loca «y era verdad»; bromea aunque reconoce que si «lo apuntas en un papel a lo mejor hay más cosas difíciles que fáciles, pero es cuando tienes que saber lo que pesa el sentimiento y las ganas de seguir adelante».
El hecho de ser una mujer no ha supuesto un problema para ella, pues «afortundamente» en su familia nunca hubo ninguna distinción y cuenta con el apoyo de familiares y amigos para llevar esta profesión.

Queso de la quesería Soberón. Foto: cedida por Elena Soberón.

De todo el proceso, destaca la burocracia del inicio y la presencia del lobo en el monte como las principales dificultades, pues complica tener tres leches -que necesita para el queso- porque apenas quedan rebaños ni de ovejas ni de cabras.
Sin embargo, no le impide mirar el futuro con optimismo y seguir incrementado tanto la ganadería como la quesería, pues la producción de Cabrales ya la tiene vendida y la de Arangas «está teniendo muy buena aceptación».
Por eso lanza un mensaje a quienes se quieran comprometer con sus raíces y con su entorno «si lo quieren hacer que lo hagan, pues por muchos baches que tenga el camino, siempre se sale adelante».

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