EMPRESAS PESCANOVA

Pescanova cumple cuatro años suspendida sin cotizar

Cuando el regulador bursátil decidió suspender la cotización de Pescanova, en marzo de 2013, era difícil imaginar que cuatro años después el “veto” se mantendría vigente, en un proceso poco menos que eterno, para desesperación de sus accionistas.

Sede central de la empresa Nueva Pescanova en Pontevedra. Efeagro/Salvador SasSede central de la empresa Nueva Pescanova en Pontevedra. Efeagro/Salvador Sas

Locura“, “pesadilla” o “la historia de nunca acabar“. Son sólo algunos de los calificativos con los que define la situación en declaraciones a Efeagro uno de los portavoces de los cerca de 9.000 accionistas minoritarios cuyas inversiones se mantienen congeladas, mientras sus esperanzas en recuperar aunque sea parte de ese desembolso menguan conforme pasa el tiempo.

Dilucidar quién o quiénes son los responsables de la debacle sufrida por Pescanova está todavía en manos de la Justicia, y se espera que a lo largo de 2017 arranque el juicio contra el que era entonces su presidente, Manuel Fernández de Sousa.

La que fuera una de las empresas más potentes y estratégicas de Galicia tuvo que ser reestructurada y dividida en dos, después de que fueran detectadas irregularidades contables dirigidas a esconder su volumen de deuda real, lo que originó un agujero de más de 1.600 millones de euros.

Debacle por sorpresa

No obstante, nada hacia presagiar el hundimiento de Pescanova, capitaneada por De Sousa, hasta que un 28 de febrero de 2013 anunciara a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que no iba a presentar sus cuentas del año anterior.

Quienes comenzaron a destapar la delicada situación financiera del grupo fueron dos de sus accionistas, el grupo Damm y Luxempart (entre ambos tenían un 12 % del capital), que se negaron a firmar las cuentas del ejercicio 2012.

Uno de sus consejeros explicó posteriormente al juez que en esas cuentas no aparecía ningún problema de tesorería, cuando apenas unos días antes el propio Fernández de Sousa les había pedido un préstamo para cubrir el vencimiento de un crédito de 15 millones de euros.

Esa cantidad a priori no debía suponer un grave problema para una empresa que facturaba más de mil millones de euros al año, por lo que la petición levantó sospechas.

Manuel Fernández Sousa, principal imputado en el caso Pescanova. Foto: Concha Rubio.

Manuel Fernández Sousa, principal imputado en el caso Pescanova. Foto: Concha Rubio.

El 1 de marzo la empresa solicitó oficialmente el preconcurso de acreedores, lo que disparó las alarmas. En las jornadas posteriores, el supervisor suspendió varias veces y de forma intermitente su cotización, mientras sus títulos oscilaban en medio de una enorme volatilidad.

Del llamamiento a la calma a la preocupación

Pese a todo, en aquellos convulsos días se sucedían las declaraciones de tranquilidad. La Confederación de Empresarios de Pontevedra decía que no tenía “ninguna preocupación” por la situación, la Xunta de Galicia confiaba en que saliera reforzada de la crisis e incluso algún consejero se mostraba “esperanzado” en la capacidad de los gestores de Pescanova para hallar una solución.

Tanto es así que incluso el entonces ministro de Agricultura Miguel Arias Cañete aseguró que creía que el problema de la firma sería transitorio, apenas tres horas antes de que la CNMV suspendiese definitivamente su cotización.

El regulador optó el día 12 de marzo por volver a dejar sus títulos fuera del parqué, tras conocer que Pescanova había detectado “discrepancias” entre su contabilidad y las cifras de deuda bancaria. Y hasta hoy.

Devaluación de la acción

En el momento de la suspensión, las acciones de Pescanova se vendían a 5,91 euros, frente a los 18 euros a los que llegó incluso a cotizar ese mismo año.

Un portavoz de la asociación que representa a los minoritarios cree que estos mismos títulos ahora mismo valdrían céntimos, y pueden depreciarse aún más.

¿El motivo? La reestructuración de la compañía -ejecutada en septiembre de 2015- acabó por dividirla en dos, y la parte productiva (Nueva Pescanova) quedó en manos de la banca acreedora.

La otra (la “Vieja” Pescanova) pertenece a los accionistas originales de la firma, no tiene actividad y su principal activo es un paquete de acciones en Nueva Pescanova equivalente al 20 % de su capital.

Sin embargo, Nueva Pescanova pretende aprobar ahora una ampliación de capital que, en la práctica, diluiría notablemente la participación de la “Vieja”.

Los gestores de esta última han pedido en repetidas ocasiones a la CNMV que permita cuanto antes su regreso al mercado, por el momento sin éxito, ya que el supervisor le exige más documentación antes de tomar una decisión.

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