EMPRESAS PESCANOVA

Fernández de Sousa pide la nulidad del juicio de Pescanova por considerar que no hubo estafa

La defensa del expresidente de Pescanova Manuel Fernández de Sousa ha pedido la nulidad del juicio por la quiebra de Pescanova al entender que no hubo estafa -uno de los ocho delitos que se le imputan-, puesto que los bancos no sufrieron perjuicio alguno y no figuran personados como acusación.

El expresidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa FaroEl expresidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa Faro

En la primera sesión del juicio contra Fernández de Sousa y otros 19 acusados, que ha comenzado con una hora y cuarto de retraso, las partes han comenzado a exponer las cuestiones previas, que para la Fiscalía el resto de acusaciones se han limitado a erratas en algunos de los documentos aportados.

El abogado de Fernández de Sousa, al que la Fiscalía atribuye ocho delitos -falseamiento de cuentas, falseamiento de información económica y financiera, falsedad en documento mercantil, estafa, insolvencia punible, alzamiento de bienes -y, alternativamente, blanqueo-, uso de información relevante, e impedimento de actuación del organismo supervisor- y para el que pide 28 años de cárcel, ha sido el primero en pedir la nulidad del proceso.

Entre otros argumentos, el letrado ha señalado que la acusación de insolvencia punible es sorpresiva y vulnera el derecho a la tutela judicial, y además no ha habido dolo.

Por lo que respecta a la estafa, ha considerado que no existió tal delito, ya que los bancos “supuestamente perjudicados”, que no se han personado como acusación, no sólo no han sido perjudicados sino que han tenido beneficio, y el lucro es superior a lo que han dejado de cobrar a partir del concurso.

Siete años desde la quiebra

Los máximos responsables de Pescanova entre 2009 y 2013 se sientan desde hoy en el banquillo casi siete años después de la quiebra de la compañía, proceso que llega ahora a su momento culmen y que analizará cómo se maquillaron sus cuentas para mantener a flote a un “gigante” industrial asediado por las deudas.

El juicio arranca este lunes día 2 y está previsto que se prolongue hasta marzo, cuatro meses durante los que desfilarán por la sede de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares (Madrid) los 19 acusados y numerosos testigos y peritos.

Al frente de todos ellos el antiguo presidente del grupo Pescanova, Manuel Fernández de Sousa, al que el fiscal considera el cabecilla de un entramado dirigido a ocultar la millonaria deuda del grupo y engañar así a inversores, acreedores y organismos reguladores.

Acusado de ocho delitos, Fernández de Sousa ha visto cómo el caso también salpica a su mujer y a sus dos hijos, ya que en una causa separada la Audiencia ha decidido abrir juicio oral contra ellos por blanqueo de capitales y contra la Hacienda pública.

Espiral de deuda insostenible

Según el escrito del fiscal, al que ha tenido acceso Efe, el “descenso a los infiernos” de Pescanova arranca en 2007 con un ambicioso plan de inversiones destinado a expandir su negocio de acuicultura, sobre todo en Ecuador, Centroamérica, el Cono Sur, Galicia y Portugal.

Con un desembolso estimado en 833 millones de euros, la empresa financió este gasto inicialmente a través de créditos concedidos por su matriz a diferentes sociedades que se encuadraban dentro del mismo grupo.

Entrada de la sede de Pescanova. EFE/Salvador Sas

A partir de 2010, coincidiendo con el estallido de la crisis, la falta de recursos hizo que la compañía decidiera recurrir en mayor medida a financiación bancaria, para después apostar por “mecanismos alternativos de financiación con vencimiento a corto plazo”, en un círculo vicioso que no dejaba de incrementar su deuda.

Para esconder lo delicado de su situación, de acuerdo con la investigación del fiscal, los ejecutivos de Pescanova comandados por su presidente ejecutaron “prácticas comerciales irregulares”.

Sociedades instrumentales sin personal, recursos ni instalaciones, operaciones de compraventa “irreales” y el aumento de las líneas de “factoring” (sistema que permite obtener de forma anticipada el dinero de la factura en el banco, que le aplica un descuento) fueron algunos de los “trucos” utilizados.

Cuentas falseadas

El volumen de su deuda en 2010 y 2011 era entre tres y casi cuatro veces superior al declarado, de acuerdo con la documentación.

Las cuentas de 2012, que no llegaron a ser aprobadas, apuntaban además a un supuesto beneficio de 36,6 millones de euros, lejos de los 791 millones de pérdidas que arrastraba.

Sede principal de Pescanova en Chapela (Redondela). EFE/ Salvador Sas

Sede de Pescanova en Chapela (Redondela). EFE/ Salvador Sas

El castillo de naipes acabó por desmoronarse en marzo de 2013, cuando en un consejo de administración dos de sus miembros revelaron que Fernández de Sousa les había convocado días antes para reconocer la “delicada situación” de la sociedad e instarles a aportar 50 millones de euros.

La firma acudió entonces al preconcurso de acreedores y la CNMV decidió suspender las acciones de cotización, una situación en la que se mantuvo más de cuatro años.

La reestructuración de la compañía se cerró en 2015 con su escisión en dos partes: la parte productiva quedó bajo control de la banca acreedora, agrupada hoy en Nueva Pescanova, mientras la “Vieja” continúa como una sociedad de cartera en manos de los minoritarios.

El auditor, bajo sospecha

El proceso también sienta ahora en el banquillo al auditor de Pescanova durante aquellos años, BDO, ya que el fiscal considera que su socio Santiago Sañé dio su visto bueno a las cuentas pese a “ser sabedor” de que éstas “no podían reflejar la verdadera situación económica y patrimonial” de la empresa.

En su escrito, el fiscal reporta que algunos consejeros vendieron paquetes de acciones antes de incurrir en la quiebra, entre ellos el propio presidente del grupo, quien evitó perder 15,6 millones de euros con esta operación.

Además, revela que Fernández de Sousa intentó sacar dinero del país ya en mayo de 2013 a través de su mujer con la transferencia de más de 4 millones de euros a una cuenta bancaria en Portugal para posteriormente intentar moverlos a una entidad china, operación que fue anulada por sospechosa.

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