OBTENTORES VEGETALES

Los obtentores vegetales aseguran que España sigue a la cola del uso de semilla certificada

La Asociación Nacional de Obtentores Vegetales lamenta que la agricultura española y, sobre todo, el sector del cereal aún se mantenga en “los vagones de cola” de Europa en el uso de semilla certificada, sea libre o protegida por derechos de propiedad intelectual.

Investigación con cultivos agrícolas. Efeagro/B.TorresInvestigación con cultivos agrícolas. Efeagro/B.Torres

En una entrevista con Efeagro, su directora Elena Sáenz muestra su preocupación porque “sigue habiendo un problema en la compra de material vegetal de reproducción”, aunque “la situación se está revirtiendo”, ya que las asociaciones y cooperativas agrarias “han entendido después de mucho tiempo que somos un aliado, no un enemigo”.

Según sus datos, en una década el uso de semilla certificada en el sector del cereal ha pasado del 12 % al 36 %, “un nivel aún muy alejado del de países como Francia, Reino Unido o Alemania, donde los porcentajes oscilan entre el 50 y el 70 %” y en los que los agricultores casi no hacen re-empleo legal del insumo de una campaña a otra.
Este jueves, por ejemplo, Geslive -que asesora a los cerca de 60 socios de la Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (Anove) en la defensa de los derechos de propiedad industrial- informaba en un comunicado de una condena en firme a una agricultora abulense de seis meses de prisión por ceder a otro productor grano para siembra de la variedad protegida de trigo blando Berdún.

Saenz explica que los agricultores pueden, pagando un “royalty” reducido, “acondicionar” o reutilizar parte de las semillas certificadas que están protegidas o con derechos, “pero no dárselas a otros productores, porque el sector está “hípercontrolado”: solo a escala comunitaria la actividad está regulada por doce directivas.
“Una semilla es como un medicamento, que pasa unos controles muy rigurosos de calidad y sanidad” y “un agricultor no le puede vender a otro parte de su cosecha para que haga su semilla, porque en ese paso puede haber una mala manipulación y la introducción de una mala hierba, una enfermedad o un hongo”, advierte.

Recuerda que un agricultor no está obligado a sembrar una semilla que esté protegida, “porque tiene cientos de variedades libres que puede usar sin pagar un royalty”, pero, si decide utilizarla -ya que “normalmente son las más nuevas, productivas y resistentes”-, ha de saber que existen limitaciones.
Según precisa, el pago de un canon o royalty con la compra de semillas certificadas protegidas se destina a “recuperar la inversión” de las firmas obtentoras de vegetales en investigación, desarrollo y registro de cada producto, un proceso con un coste medio de tres millones de euros y que se alarga hasta diez años.

La directora de Anove, Elena Sáenz. Efeagro/ Cedida por Anove

Anove, según Sáenz, también está tomando medidas para que el sector de tomate de invernadero deje la reproducción vegetativa a través de esquejes ilegales, una circunstancia que, según los cálculos de esta organización, supone para los obtentores pérdidas cercanas a los diez millones de euros anuales.
El “pirateo” de material vegetal de reproducción con trazabilidad no se produce en otras especies como la remolacha, el maíz o el girasol, porque “al ser híbridos, si se re-emplea la semilla, ésta no expresa las mismas características y la cosecha no funciona”, destaca.

“Toda semilla certificada es fruto de la tecnología”, insiste Saenz, quien asegura que el negocio de la mejora vegetal “apuesta proporcionalmente más en I+D que la industria farmacéutica, la de automoción o la aeroespacial”, en torno al 25 % de su facturación.
La directora de Anove tiene puestas sus esperanzas en que el informe de evaluación que la Comisión Europea va a publicar el próximo mes de abril sobre la herramienta de edición genética Crispr desligue su regulación de la directiva de transgénicos u organismos modificados genéticamente (OMG).

El Crispr, acrónimo de Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas), permitiría contar a la obtención vegetal de “una caja de herramientas más completa” con esta tecnología no transgénica que permite cortar, editar y corregir de forma sencilla la información del ADN de una célula, apunta

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