MUJERES RURALES 8M

La voz de las mujeres en las cooperativas y una veterinaria, rostros rurales en el 8M

La presidenta de la Asociación de Mujeres de Cooperativas Agro-alimentarias de España (Amcae), Jerònima Bonafé, y la veterinaria salmantina Noelia Pérez son dos ejemplos de lo que que pueden hacer en el campo las mujeres, que este 8 de marzo celebran su Día Internacional.

Jerònima Bonafé en una de sus explotaciones. EFEAGRO/Jerònima BonaféJerònima Bonafé en una de sus explotaciones. EFEAGRO/Jerònima Bonafé

Ante el Día Internacional de la Mujer, que se celebra el próximo 8 de marzo, ambas hablan con Efeagro de su trayectoria personal y de las reivindicaciones de las mujeres rurales, que pasan por lograr una igualdad real en el campo, mediante avances en los derechos sociales y una mayor presencia en la toma de decisiones.

La presidenta de las cooperativas en Baleares

De niña echaba una mano en el campo y, sin romper con la tradición, Jerònima Bonafé ha seguido trabajando en el negocio familiar, impulsando el cooperativismo balear y defendiendo los derechos de la mujer rural en España y en Europa.

La presidenta de Cooperativas Agro-alimentarias en Baleares y de la Asociación de Mujeres dentro de esa misma organización comparte con sus hermanos una explotación de ovino, frutos secos, cereales y algarrobas, integrada en la cooperativa Camp Mallorquí.

La presidenta de la Asociación de Mujeres de Cooperativas Agro-alimentarias, Jerònima Bonafé. Efeagro/Cooperativas Agro-alimentarias de España

La presidenta de la Asociación de Mujeres de Cooperativas Agro-alimentarias, Jerònima Bonafé. Efeagro/Cooperativas Agro-alimentarias de España

“Desde mi infancia vivíamos todo el año en el campo y echábamos una mano. Ya entonces trabajábamos y ayudábamos: es una experiencia que me ha servido siempre”, sostiene Bonafé.

Cuando falleció su padre, que siempre estuvo vinculado al mundo de las cooperativas, ella y sus hermanos tomaron el relevo y fueron aumentando la dimensión de la explotación, algo que considera necesario para lograr cierta rentabilidad.

En la isla de Mallorca, famosa por su atractivo turístico, Bonafé recuerda que sigue habiendo profesionales que viven de la agricultura, “muy a pesar de los costes de insularidad”.

En su caso, la producción se divide entre los corderos que van a parar a los cebaderos del Grupo Pastores, los cereales que destinan al autoconsumo y las almendras y algarrobas que venden en el mercado local.

Sus hermanos llevan sobre todo el negocio de la ganadería y su hermana se dedica al pequeño restaurante en el que cocinan parte de sus productos, mientras que Jerònima se ocupa más de la gestión empresarial, además de los cargos de representación que ostenta.

Sumado a sus funciones en el seno de Cooperativas, desde el año pasado es vicepresidenta del Grupo de trabajo de Mujeres del Comité de organizaciones agrarias y cooperativas comunitarias (Copa-Cogeca), organización que representa a agricultores y ganaderos de la Unión Europea.

Y a pesar de participar en esos órganos, lamenta que a las mujeres les siga costando “mucho trabajo” entrar en los consejos rectores de las organizaciones, donde todavía hay pocas representantes.

En su opinión, “el sector agrario es machista por naturaleza”, lo que no quita que también haya personas que piensan de otra forma.

En el terreno de los derechos, en el que continúan siendo palpables las desigualdades, Bonafé hace hincapié en la necesidad de que las mujeres que se incorporen al sector coticen por su actividad.

No se le borra el recuerdo de su madre, que “siempre estuvo vinculada a la explotación y trabajó en ella, pero nunca cotizó y cuando perdió a su marido, pasó los últimos años de vida con una mísera pensión de viudedad”.

Las mujeres rurales disponen actualmente de herramientas como la titularidad compartida o la integración en sociedades y cooperativas, fórmulas con las que pueden avanzar en el reconocimiento de sus derechos en las explotaciones, recalca la agricultora.

No obstante, al igual que en otros sectores, la brecha salarial sigue existiendo en el agrario, un “frente” en el que hace falta dar la batalla, según Bonafé.

Durante la pandemia, además, las mujeres en el campo han tenido que dedicar más tiempo al cuidado del hogar, con los hijos más tiempo en casa y tener que ocuparse más de los mayores.

Al menos con la crisis del coronavirus, argumenta Bonafé, la sociedad ha dado “más visibilidad al sector agrario”, básico en la producción de alimentos, “y esto de rebote ha contribuido a poner en valor el papel que desarrolla la mujer rural”.

“Solo deseo que esta pandemia, que por desgracia se ha cobrado tantas vidas, nos sirva de algo”, añade la responsable de Cooperativas, quien -en ese sentido- llama a reflexionar sobre la importancia de poner en valor a las mujeres en las zonas rurales.

La veterinaria que partea vacas

Noelia Pérez, de 35 años, es veterinaria en la zona de Ciudad Rodrigo (Salamanca) donde su amor por el ganado no le hizo dudar en que este era su oficio aunque sabía que se enfrentaba a un entorno masculinizado que notó en el primer momento por las miradas atónitas cuando esterilizaba cerdos o parteaba vacas.

“La primera vez que esterilicé un cerdo me miraron ocho hombres mayores como preguntándose ‘¿Qué hace ésta aquí?'”, relata.

En otra ocasión, hubo “miradas raras” porque Noelia incluso acudió embarazada a una finca para realizar varias cesáreas a unas vacas.

Noelia Pérez vacunando en una explotación ganadera a ganado bovino. Efeagro/N.P.

Noelia Pérez vacunando en una explotación ganadera a ganado bovino. Efeagro/N.P.

Una actitud que percibió principalmente entre los ganaderos más mayores pero, “si te haces valer”, termina por “darles igual” el hecho de que el veterinario sea un hombre o una mujer.

“Hay que tener seguridad y bien claro lo que vas a hacer y cómo”, recalca.

A las mujeres que les guste la Veterinaria de grandes animales y puedan tener dudas si dedicarse a ello por todo esto, les pide que sean “fuertes” y tengan “valentía”, sin hacer caso a los “prejuicios porque igual vale un hombre que una mujer”.

Si hay que desarrollar algún trabajo de fuerza física que cuesta más, “puedes pedirle al ganadero que te eche una mano” y “por eso no eres menos que nadie” ya que “la profesión y la técnica la llevas y eso es lo que importa”.

Noelia y una veterinaria que trabaja con ella están totalmente integradas en su zona, con su cartera de clientes y ya es historia el tiempo de esas miradas “raras”.

De hecho, más que esa situación, lo que sí constituye para ella un verdadero problema es conciliar la vida laboral y familiar.

La veterinaria Noelia Pérez vacunando ganado ovino en una finca. Efeagro/N.P.

La veterinaria Noelia Pérez vacunando ganado ovino en una finca. Efeagro/N.P.

Una meta que se antoja complicada porque Noelia tiene dos hijos y, aparte de ir a las fincas, abrió hace tres años una clínica de mascotas.

“Nunca” había pensado dedicarse a las mascotas y a los pequeños animales pero unos compañeros suyos le ofrecieron alquilar una clínica, se animó y la abrió en 2018.

Junto a la veterinaria que tiene contratada, se organizan para repartir la labor en el campo y en la clínica y así van dando salida a todos los clientes que confían en su profesionalidad.

No son una excepción en su comarca porque hay otras dos veterinarias que también han emprendido su negocio lo que demuestra el impulso de la mujer en esta profesión.

Noelia con seis años sabía que la veterinaria era lo suyo y a pesar de enfrentarse a un entorno mayoritariamente masculino decidió hacer realidad su sueño porque es lo que le “gusta y apasiona”.

Su afición, remarca, le viene desde su niñez porque pertenece a una familia ganadera que se crió en Saelices el Chico (Salamanca).

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Publicado en: Desarrollo Rural
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