MUJERES RURALES 8M (II)

Mujeres del rural reflexionan en el Día Internacional de la Mujer

Mujeres rurales de Andalucía, Cantabria, Castilla y León o Castilla-La Mancha repasan los retos a los que se enfrentan en la España Vaciada, un territorio en el que piden mayor visibilidad para ellas, una apuesta por la digitalización y mayor conciliación entre vida familiar y laboral, entre otras medidas.

Una mujer agricultora en una finca de la localidad riojana de Alfaro. Efeagro/Raquel ManzanaresUna mujer agricultora en una finca de la localidad riojana de Alfaro. Efeagro/Raquel Manzanares

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que tendrá lugar este 8 de marzo, seis mujeres explican en declaraciones a Efeagro los principales problemas a los que se enfrenta el campo y, en particular, la mujer.

Eva Castillo, vuelta a las raíces

Los idiomas ocuparon 45 años de su vida y ahora es el turno del campo, explica a Efeagro la agricultora Eva Castillo, residente en Morata de Tajuña (Madrid), tras asumir las riendas de una explotación olivarera heredada de su padre hace tres años y apostar por lo ecológico en un mundo agrario complejo.
Complejo porque el agro exige una formación que, para Eva, llegó con cursos del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (Imidra), de la asociación Aracove y de literatura en otros idiomas, ya que en su opinión hay “poco material” en español.
También complejo porque la mujer en el campo todavía se enfrenta a un “nada sutil” rechazo, tal y como ha vivido ella desde hace tres años, cuando decidió mudarse de Barcelona a esta localidad madrileña, sacarse el carnet de conducir y gestionar cerca de 1.700 olivos.
“Me los he encontrado y me los encuentro todos los días. Hay muchas maneras de decirte ‘no es tu sitio'”, asegura, cuando “ha habido siempre muchas mujeres en campo”, pero están “detrás”.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra este 8 de marzo, pone el foco de atención en la ausencia de mujeres en las cooperativas, “cuando generalmente somos nosotras las que llevamos las explotaciones”, un tema que arrastra otro igual de importante, el peso que por defecto asume la mujer respecto a las tareas domésticas y el cuidado de la familia.
“Me gustaría reivindicar la potencia, la fuerza y la capacidad de las mujeres para hacer muchísimas cosas además de trabajar en el campo, porque cuando nosotras trabajamos en el campo tenemos detrás otra jornada completa, otro trabajo que no se ve y no está pagado”, apunta Eva, socia de la asociación de mujeres rurales Ceres.
Sobre por qué decidió mudarse al campo, considera que acabó la etapa de vivir en grandes ciudades, que exigía un acelerado ritmo mental y físico, y decidió apostar por lo sostenible en el negocio familiar.
“Me parece que la tierra es lo único que tenemos, que nos queda y que tenemos que traspasar a las generaciones que vienen; como hija de agricultor, he visto mucho abuso y mucho maltrato de los mismos agricultores”, opina, tras señalar que su apuesta la ha visto en otros jóvenes descendientes de agricultores, que han decidido volver al campo y apostar por lo eco en una vuelta a las raíces.

Teresa Callejo: las mujeres trabajan lo mismo o más

Para alcanzar el desarrollo del mundo rural hace falta respeto para que no haya desigualdades e impulso de incentivos y ayudas para los que quieren abrir un negocio en la España Vaciada, asegura la ganadera de cuarta generación Teresa Callejo.
Vive con su familia en San Vicente del Monte, en Cantabria, y se dedica a la ganadería de vacuno y equino, estabulada en invierno y extensiva en verano.
“Te tiene que gustar (el campo) para venir a vivir aquí. La gente acostumbrada a una capital a lo mejor no le gusta y, además, un chaval que quiera empezar de cero lo tiene muy mal”, explica Teresa, socia de la asociación de mujeres Femur.
Pese a las dificultades, fue el camino que eligió y que heredó de su padre, hace casi 20 años, en una familia en la que no diferencian entre hombres y mujeres para asumir las labores del campo.
“En la familia en la que me he criado, tanto mi padre, como mi abuelo como mi madre no nos han dicho ‘por ser mujer no hagas esto’. No he tenido ningún prejuicio”, afirma, pero sí reconoce que, aunque no los hay para asumir tareas, sí que los hay para darles reconocimiento por ellas.
Y alude a que en muchas aldeas pequeñas las mujeres no cotizan a la Seguridad Social mientras los hombres sí que lo hacen.
“La mujer trabajaba lo mismo o más que él, además de la casa, los chicos y todo”, señala, algo que ella intenta combatir convenciéndolas y haciéndolas pensar en el futuro, cuando quieran jubilarse, en un momento en el que “están cambiando un poco las cosas” y “parece que va entrando un poquito”.
Incluso sin este reconocimiento de las mujeres en el mundo laboral, su presencia es fundamental, ya que en esa zona impera el matriarcado, bromea la ganadera.
“El hombre manda pero la última palabra la pone la mujer”, ya que son ellas las que gestionan el cuidado de la casa y de los hijos, de “la ganadería, los papeles y la economía”.
No sabe cómo celebrará este lunes, Día Internacional de la Mujer, ya que en el pueblo ven difícil una reunión por la crisis sanitaria ocasionada por la pandemia del coronavirus, pero plantean una pequeña reunión que incluya chocolate.
A pesar de los servicios más limitados que hay en la región en comparación a las grandes urbes, destaca la libertad que le ha dado el campo en medio de las restricciones generales, ya que, incluso con mascarillas y geles, se siente más segura en esta localidad que en una gran ciudad, y hay más posibilidades para moverse.
“He seguido trabajando, he tenido que visitar el ganado, da igual el toque de queda si a las 12 de la noche pare una vaca”, insiste.
Pese a la cantidad de trabajo que tiene el sector agroalimentario para cuidar a los animales y producir alimentos, apunta que no lo cambia “por nada”, porque “la tranquilidad no se paga con dinero”.

María del Carmen García, la valentía de emprender

María del Carmen García vive en la localidad de Topares, en Almería, es agricultora y, recomienda a las mujeres que duden sobre si mudarse a la España rural y comenzar un negocio agroalimentario “que no les dé miedo, que sigan adelante, que se informen”.
Tiene 43 años, gestiona desde hace seis años una explotación en intensivo de porcino, una de cereales junto a su marido, Pedro Martínez, y de manera ocasional una de ovino.
Esta recomendación a las emprendedoras que duden, y que ofrece con motivo del Día Internacional de la Mujer que se celebra este lunes, refleja su experiencia tras toda la vida en el campo, donde incluso ha visto que las integradoras en porcino buscan más a profesionales mujeres que a hombres.
“No nos tratan diferente, somos igual que un hombre, pero prefieren que seamos mujeres tanto por trato personal como a los animales”, explica a Efeagro, aunque reconoce que sigue existiendo una mentalidad “un poco machista” en el rural español.
María del Carmen, socia de la asociación de mujeres rurales Amfar, considera que también hace falta que las mujeres se pongan más en valor a sí mismas y vean que el campo es tan duro para ellos como para ellas y, por la misma regla de tres, “lo pueden hacer tanto hombres como mujeres”.
Pero, como muchas otras denuncian, sitúa la conciliación entre vida privada y laboral como un tema pendiente, ya que las mujeres no solo trabajan en los negocios, sino que se encargan del cuidado de la casa y de los hijos, y eso se traduce en que produzcan menos en el campo.
En este año de pandemia, al porcino de capa blanca apenas le ha afectado la crisis por su salida en supermercados y tienda de alimentación, según su análisis, pero no ha sido así para el ovino.
Y remarca que los precios en origen no suben, pero sí hay un aumento de los costes del gasoil o la maquinaria.
“Es el cuento de nunca acabar”, lamenta, y pone como ejemplo que actualmente vende el cereal al mismo precio que lo vendía su padre hace treinta años: “No ha variado nada”.
Por eso, plantea que no cree que el campo sobreviva, sumado a una Política Agrícola Común (PAC) que “siempre viene con recortes” y con una juventud que sigue yendo a las ciudades para buscar su futuro porque empezar en un negocio ganadero o agrícola “es muy complicado”.
“Aparte de abaratar costes y subir precio del producto, (hace falta) que las subvenciones sean más altas”, resume.

Loly Martín: más mujeres en las cooperativas

Loly Martín, ganadera en Cabañas de Sayago (Zamora), considera que no hay suficiente representación de las mujeres en las cooperativas y en sus consejos rectores, cuando ellas dominan sus tareas en el campo tanto como los hombres y, en ocasiones, incluso más, por lo que pide mayor representación.
“Me encantaría que las mujeres también estuviéramos en las cooperativas”, además de que “entre una hombre y un mujer, escogen a un hombre” a la hora de pedir su opinión, señala a Efeagro con motivo del Día Internacional de la Mujer, este 8 de marzo.
A su juicio, la presencia de las mujeres en las labores del campo “ahora es más normal”, pero el camino hasta este punto no ha sido llano, sino lleno de baches en los que le cuestionaban si sabía de su negocio por el hecho de ser mujer.
“La gente joven de ahora es distinta. En mi casa tengo dos chavales y lo dos están acostumbrados a que coja el tractor. No lo ven raro (…), pero la gente mayor es de otra manera”, detalla.
Es dueña junto a su marido, José Antonio Alonso, de una explotación agrícola y ganadera extensiva en la que tienen cerca de 120 cabezas de vacuno, un sector fuertemente afectado por la pandemia, sobre todo por el cierre de la restauración.
También les impactan la bajada de los precios de la carne, la subida de los costes de las materias primas, el recorte de ayudas y la iniciativa que ha impulsado el Gobierno para proteger al lobo como especie no cinegética, cuando este depredador les genera entre 15 y 20 siniestros al año.
“Los ganaderos somos los afectados de todo”, reflexiona esta ganadera con 28 años de experiencia en el sector y socia de la asociación de mujeres Fademur, quien cree que la protección del lobo no es compatible con el impulso de la ganadería extensiva, que apuesta por el bienestar animal y una mejor calidad de la carne que se vende precisamente por no estar encerrada.
Todo esto, en su opinión, provoca que muchos jóvenes se vayan a las ciudades y descarten abrir un negocio en el sector: “Las dificultades que hay son muy grandes para todo”.
A pesar de todo ello, reconoce la ayuda que ha supuesto la digitalización, sobre todo en lo que concierne a los seguros.
Hace años, para cualquier proceso, como realizar guías, pedir pendientes o registrar el nacimiento o la muerte de alguna res, implicaba ir hasta la ciudad de Zamora, a unos 30 kilómetros de Cabañas de Sayago.
Le gustaría apostar por la digitalización en su explotación, como drones para vigilar las plantaciones y el ganado, pero todavía no ve el momento porque es caro y la pandemia no invita a la inversión.
Espera la llegada de la nueva Política Agraria Común (PAC) y las ayudas que la acompañan pero no se muestra optimista, ya que cree que las decisiones se han tomado sin escuchar a la gente del campo.

Carmen Cabrera: Mejores precios para el campo para lograr igualdad de género

La agricultora y ganadera Carmen Cabrera, de Agudo (Ciudad Real), defiende que la clave para lograr la igualdad de género en la España rural se alcanzará cuando se den unos “precios justos” por lo que producen.
Estos precios justos los reclama en un contexto en el que las materias primas y los seguros cada vez son más caros y los precios que reciben en origen no ascienden.
Esta situación genera que sean muchas las explotaciones agropecuarias que sufren, y más con la crisis económica ocasionada por el coronavirus, que ha paralizado durante muchos meses algunos canales de compra y que afecta en especial a las mujeres, apunta Cabrera en declaraciones a Efeagro con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra este 8 de marzo.
Carmen recuerda que, para recibir ayudas europeas, hay que registrar la titularidad de los negocios y los elevados costes que puede suponer establecerse como autónomo induce a que muchas mujeres no lo hagan (y por tanto no coticen a la Seguridad Social) y sean los hombres los que figuren como titulares de terrenos que, en ocasiones, ha heredado la mujer.
“La mujer siempre ayuda, pero no se nota”, lamenta.
De acuerdo a cifras difundidas hace unas semanas por la asociación de mujeres rurales Afammer -a la que pertenece Carmen-, el 82 % de las mujeres rurales ayudan en las explotaciones agrarias, pero hasta un 59 % de ellas no cotiza por su actividad económica.
Su familia gestiona 250 hectáreas, en las que cultivan olivos y pistachos, además de tener unas 600 ovejas y 40 vacas, y en la que ella ayuda, además de asumir la presidencia de Afammer en Agudo y el cuidado de sus hijos.
Denuncia las pocas facilidades que se le dan a la España rural, con Ciudad Real a 100 kilómetros de distancia y la localidad más grande de la zona a 33 kilómetros.
Sobre las reformas de la ley de la cadena alimentaria impulsadas por el Gobierno, considera que deberían ir “más rápido” y hablando con el sector.
Respecto a la próxima Política Agraria Común (PAC), cree que las exigencias de estándares más exigentes en sostenibilidad son difícilmente alcanzables por algunas explotaciones.
Por ello, pide que se hable con el campo a la hora de tomar decisiones y que se invierta más en los servicios del rural, para que tanto los que ya tienen negocios como los que quieran empezar de cero puedan hacerlo.
“Una persona que tenga que empezar desde abajo, sin nada, con el dinero que le dan no es suficiente”, asegura.
En esa línea, solicita que el desarrollo rural “sea real”, para que se fomente el arraigo y se facilite el acceso a las tecnologías, claves en tiempos de restricciones y para la evolución de del sector agroalimentario.

 

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