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La tradición rural al servicio de la biodiversidad

Remedios medicinales caseros, trabajos artesanales, golosinas naturales, usos arquitectónicos o cosméticos: durante siglos, el hombre ha utilizado las plantas y los animales de su entorno. Estas prácticas tradicionales transmitidas de generación en generación que ayudan, además, a proteger la biodiversidad.

Un artesano del mimbre elabora un cesto. Foto: EFE/Elvira Urquijo A.Un artesano del mimbre elabora un cesto. Foto: EFE/Elvira Urquijo A.

España cuenta con 3.000 variedades distintas de estas plantas “populares”; ahora algunas de ellas se recopilan en el Inventario español de los Conocimientos Tradicionales relativos a la biodiversidad, presentada por le Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama). Para realizar este trabajo se ha contado con los conocimientos de la población rural, gente del campo que ha contado a los investigadores el uso que daban a las plantas, sobre todo en el “modo de vida de antes”, según explica a Efeagro uno de los editores del proyecto, Manuel Pardo.

Y el resultado es un trabajo con 46 fichas esquemáticas que pueden servir a los curiosos, pero también a los investigadores interesados por esta materia que aúna antropología y otras ciencias como la botánica, la zoología o la geología, pues también se analizan ecosistemas, animales o minerales, señala Pardo.  Según el investigador, “hay muchas fichas curiosas y a algunas plantas se les podría dedicar un libro completo”, como es el caso de la amapola, con un uso comestible acreditado en ensaladas en algunas zonas como Andalucía, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana o Cataluña, donde en la comarca del Pallars también se utiliza como base para hacer un licor casero. Pero, además, se ha estudiado su uso en Salamanca como alivio contra las hemorroides, para los dolores de muelas en Aragón, en Mallorca se ha reportado sus “virtudes” afrodisíacas, en el Alt Epordá se prepara en tisanas como diurético y en Navarra el látex del tallo se aplica externamente para eliminar verrugas.

Algunos de los vecinos de la localidad malagueña de Torrox recogen plantas medicinales de un jardín municipal de uso sostenible, creado por el Ayuntamiento en pleno casco histórico de la ciudad, para elaborar infusiones y mejorar con ello su salud. EFE/Enrique Hidalgo

Algunos de los vecinos de la localidad malagueña de Torrox recogen plantas medicinales de un jardín municipal de uso sostenible, creado por el Ayuntamiento en pleno casco histórico de la ciudad, para elaborar infusiones y mejorar con ello su salud. EFE/Enrique Hidalgo

Otro ejemplo es la vegetación de ribera, y en concreto la caña, que se ha utilizado para fabricar juguetes, cortinas, persianas o cestos, y que también ha tenido un uso alimentario -menos extendido- como condimento empleado en Valencia para macerar las aceitunas. Además, su tallo se consideraba una golosina en Córdoba y el cocimiento de su rizoma servía para tratar los dolores de muelas en el Cabo de Gata (Almería).

Más allá de los usos medicinales, el inventario recoge los “usos sociales” de los elementos naturales, y por ejemplo en el caso del alacrán recoge que se usaba en “recetas mágicas” para mejorar la potencia sexual en el Bierzo (León) y en la provincia de Badajoz se mataban, secaban y fumaban. El lagarto aparece en esta publicación y se recuerda como se le atribuía capacidad para predecir el tiempo, así como las “numerosas referencias” de su empleo para tratar la alopecia o aliviar la pesadez de estómago.

De minerales como la piedra caliza se acredita su uso como material de construcción; con la cal se ha tratado el herpes labial y, mezclándola con aceite, se han cubierto quemaduras, una tradición de la zona del Alto Guadalhorce (Málaga). También ha sido muy común pintar los troncos de los frutales con agua de cal para protegerlos de insectos, hongos y enfermedades, por su efecto como insecticida.

Ejemplos todos estos de una investigación profunda, ordenada y coordinada de un grupo de más de 60 expertos, algunos de los cuales, indica Pardo, llevan trabajando en este tema desde hace años. En 1992, las Naciones Unidades reconocieron la importancia de estas formas tradicionales de vida para la gestión de la biodiversidad; en 2007, la Ley de Patrimonio Natural reconoció la necesidad de fomentarlas y recopilarlas, por lo que se instó a la creación de inventarios como este. Ahora, a través de la publicación -que también puede consultarse en Internet- cualquier ciudadano curioso o investigador puede conocer los usos de estos elementos naturales.

Pero, tal como reconoce Pardo, “queda mucho trabajo de campo por hacer”, pues la naturaleza siempre ha sido la despensa a la que el hombre ha acudido, desde el respeto, a sanar sus males y resolver sus problemas, unos conocimientos tradicionales que habitan en la sabiduría popular de la población rural y que no hay que dejar caer en el olvido.

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