SEGURIDAD ALIMENTARIA

El brote causado por la listeriosis sitúa bajo el foco a la seguridad alimentaria

Las alertas alimentarias están a la orden del día -España ha notificado una veintena a la UE sólo en agosto-, aunque la mayoría no revisten demasiada importancia.

Preparación de alimentos en una tabla. Pexel.Preparación de alimentos en una tabla. Pexel.

El brote de listeriosis causado por la carne mechada contaminada ha colocado bajo los focos el estado de la seguridad alimentaria en España, como ya lo hicieran en el pasado el caso del aceite de colza o las “vacas locas”.

Las alertas alimentarias están a la orden del día -España ha notificado una veintena a la UE sólo en agosto-, aunque la mayoría no revisten demasiada importancia.

La última se produjo ayer viernes, cuando se advirtió de un caso de toxina botulínica originado presuntamente por el consumo de una lata de atún en aceite de girasol de 900 gramos fabricado por Frinsa y vendido bajo la marca blanca de los supermercados DIA, lo que ha derivado en la retirada de todo el lote.

Pese a la preocupación que generan a nivel social este tipo de alertas, expertos y autoridades son unánimes: los niveles de seguridad son más altos que nunca y han mejorado de forma sensible en las últimas décadas, reduciendo el número de episodios y su mortalidad. Además, recuerdan que gracias precisamente a haber mejorado y protocolizado los controles también se detectan casos que antes ni siquiera se registraban.

Los datos apuntalan esta teoría: en Europa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se producen unos 23 millones de los 600 millones de casos anuales de intoxicaciones alimentaria en el mundo, y el número de muertes asciende a 5.000, de las cerca de 420.000 registradas a nivel global, lo que la convierte en la región con la tasa de decesos más baja por este motivo.

Más de 37.000 infecciones al año

Sólo en España, en 2017 se detectaron unos 37.000 casos de infecciones relacionadas con la ingesta de alimentos y líquidos, más de la mitad provocadas por la bacteria campylobacter que, no obstante, también se transmite por el contacto con animales.

En el capítulo de defunciones, los datos más recientes facilitados por el Centro Nacional de Epidemiología corresponden al acumulado 2004-2011, período en el que se observaron 7 muertes de media por año.

La listeriosis, en concreto, es una infección rara, con seis casos por millón de personas en España, pero aún así esta tasa es superior a la media europea (cuatro casos por millón).

“Puede haber un episodio como es el brote de listeria, pero son muy pocos los casos de intoxicación (…) Si se miran las estadísticas oficiales, los casos han ido bajando muchísimo en los últimos años”, defiende en declaraciones a Efeagro la vicepresidenta de la Sociedad Española de Seguridad Alimentaria (Sesal), Carmen Vidal.

¿Cómo prevenir la listeriosis? Elaboración Ctic Cita.

Catedrática de Nutrición y Bromatología, Vidal incide en que los protocolos actuales a nivel europeo se basan en dar al propio fabricante la responsabilidad en seguridad, un sistema de autocontrol -que posteriormente valida la administración- que ha hecho que los casos hayan caído “en picado”. “Al final es la industria la principal interesada en que no haya problemas, ya que cuando una empresa ‘pincha’, queda tocada de por vida. Les va su supervivencia en ello”, esgrime.

No obstante, no existe el riesgo cero, y ya hay algunas voces que reclaman cambios normativos que refuercen aún más los protocolos y controles en materia de alimentación.

Junto a las bacterias ‘camyplobacter’ -bacterias que causan diarreas- y listeria, la salmonela, algunas cepas de la bacteria ‘Escherichia coli’, el ‘toxoplasma gondii’ -un parásito causante de la toxoplasmosis- y los norovirus se sitúan entre las principales responsables de las intoxicaciones alimentarias.

Para el doctor en Veterinaria y Experto Universitario en Gestión de Seguridad Alimentaria Ángel Manuel Caracuel existen unas normas y controles muy estrictos, pero si hay empresarios “clandestinos” que no los cumplen, están los controles oficiales para detectarlos.

Aunque reconoce en declaraciones a Efeagro que es “difícil llegar a todo”, insiste en dar un mensaje de tranquilidad, pues los niveles de seguridad alimentaria son “muy altos”.

El brote por listeriosis ha devuelto a la actualidad los requisitos en esta materia, que se vieron reforzados a partir de 1981 cuando aceite de colza adulterado, importado desde Francia para su uso industrial, fue distribuido de forma fraudulenta en España y causó la muerte de centenares de personas.

Otra vuelta más de tuerca se dio a la normativa en la UE tras la crisis a principios de siglo de las “vacas locas”, un tipo de encefalopatía transmisible del ganado vacuno a los humanos a través de la carne.

Declaraciones obligatorias

La UE tiene un listado de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO) para llevar un control de su incidencia en los diferentes Estados miembro y para conseguir una detección precoz que facilite la adopción de las medidas necesarias en caso de que sea necesario.

La jefa del área de Análisis de Vigilancia Epidemiológica del Centro Nacional de Epidemiología (Instituto Carlos III) ha informado a Efeagro de que son los centros sanitarios los responsables de notificar los casos al Carlos III y para ello los profesionales deben rellenar un formulario con datos del paciente, de la enfermedad o de los resultados de laboratorio que lo enviarán telemáticamente.

La declaración hay que hacerla, al menos, una vez al año para transmitirla a la Unión Europea y la mayor o menor urgencia en notificar un caso depende de si deriva en un brote o de su posible alcance a otros territorios, más allá de la comunidad en la que se ha detectado.

La lista de EDO puede modificarse, algo que no suele ocurrir con frecuencia, pero que sí se hizo recientemente, en 2015, para incluir precisamente a las infecciones por listeria, salmonella, E.coli y campylobacter.

Los veterinarios piden modificaciones en las inspecciones

El presidente del Consejo General de Colegios Veterinarios de España, Luis Alberto Calvo, ha pedido controles más eficientes durante el proceso de elaboración de productos alimentarios y unificar criterios a nivel estatal en aspectos como el número de inspecciones a realizar al cabo del año.

Para Calvo, lo ideal sería que se hicieran dos inspecciones oficiales a cada empresa alimentaria al año, una para revisar su plan de higiene y otra para supervisar que se cumple el plan de autocontrol de seguridad alimentaria al que está obligada cada compañía.

Se acortarían así los plazos de inspección en casos como el de Magrudis, que por el tipo de empresa y producto que elaboraba estaba obligada a pasar una revisión cada 18 meses, una periodicidad que ve “insuficiente”, según ha señalado. En este sentido, ha citado el caso de Castilla y León, una de las comunidades autónomas que ya tiene establecida dos controles anuales.

El presidente del Consejo General de Colegios Veterinarios de España, Luis Alberto Calvo, durante la rueda de prensa. EFE/Marcel Guinot

En su opinión, sería recomendable hacer cambios en materia de inspecciones, pero se ha mostrado contrario a modificar la legislación comunitaria al respecto.

La normativa vigente obliga a cada empresa a desarrollar su plan de higiene y el documento de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (Appcc), en el que se especifican los análisis a los que se someterán sus productos.

Ha recordado que es una ley que se centra en el autocontrol y que, por tanto, cada empresa es la responsable de la seguridad alimentaria, aunque posteriormente la administración deba validar sus protocolos.

“El autocontrol es un invento muy bueno para (garantizar) la calidad” de los productos, según Calvo, quien ha defendido no obstante que “no hay que relajarse” y las compañías deben analizar las muestras aleatorias especificadas.

Ha considerado que “el 99 %” de las compañías es “responsable” y desarrolla su actividad “de forma comprometida”, a lo que se suman los sistemas de inspección de la administración, que permiten “verificar” su cumplimiento.

También ha pedido la inclusión de los veterinarios en el Sistema Nacional de Salud (SNS), ya que ha recordado que estos profesionales “son los únicos” facultativos que trabajan en las etapas de prevención de un posible caso de contaminación, al operar durante la fase de elaboración del alimento.

En su opinión, si los veterinarios estuviesen incluidos en el SNS y ocurriese un caso como el de la listeriosis, sería más fácil aclarar qué ha podido fallar en el proceso de fabricación del producto, ya que ahora “es normalmente el médico” el que da las explicaciones, pero sólo están centradas en los aspectos sanitarios. “Quizá tengamos un país demasiado centrado en el carácter asistencial de la Medicina, en detrimento muchas veces de la prevención”, ha concluido.

 

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Publicado en: Alimentación y Bebidas
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