Apuesta por la versión salada de clásicos dulces

La bollería salada despunta y da valor al sector de las masas congeladas

La bollería salada, hasta hace unos años poco menos que relegada a una producción testimonial y con escasa variedad, empieza a despuntar en la industria de las masas congeladas y a aportar diversidad de producto y valor, tanto al sector como a los establecimientos que lo comercializan.

El cruasán, versátil en su versión dulce y salada. Foto: Cedida por AsemacEl cruasán, versátil en su versión dulce y salada. Foto: Cedida por Asemac

El presidente de Asemac, la Asociación española de la industria de panadería, bollería y pastelería -antes asociación española de masas congeladas-, Felipe Ruano, explica a Efeagro que 2015 ha sido un buen año para la bollería (dulce y salada), segmento que sufrió con la crisis y que empieza a recuperarse.

El pasado año las ventas de bollería y pastelería -las de la primera son mayoritarias- sumaron 143.000 toneladas (+7 % respecto a 2014) y generaron un valor a la industria española de masas congeladas de 387 millones de euros (+6,4 %).

La bollería, en su versión salada, empieza a destacar en el sector de las masas congeladas. Foto: Cedida por Asemac

La bollería, en su versión salada, empieza a destacar en el sector de las masas congeladas. Foto: Cedida por Asemac

Sus ventas se han visto aupadas, sobre todo, por la recuperación del sector hostelero, que “ha resucitado en 2015” y la proliferación de franquicias del tipo ‘Cafetería-Panadería‘ que “han ayudado a elevar las ventas en general de la bollería”, señala Ruano.

En cuanto a los gustos del consumidor, la versión salada de clásicos dulces ha calado en el público, y cruasanes o napolitanas van rellenas de chocolate o crema, pero también de jamón y queso, por citar solo algunos uno de los ingredientes más comunes.

Esta mayor demanda también se ha visto favorecido por la creciente tendencia denominada “on-the-go”, sobre todo en las grandes ciudades, que consiste en comprar bollería dulce o salada, y consumirla sobre la marcha en la calle, apunta.

Entre los productos que más se comercializan destacan empanadas de atún, hojaldres rellenos de espinacas y jamón y queso, napolitanas de jamón y queso, bollería mini con atún, paté, queso o sobrasada, y bocatines o empanadillas con pisto, atún, atún-huevo y aceitunas, pollo y pavo, de carne, mediterránea, criolla o de morcilla.

Se trata, añade Ruano, de una tendencia que “ha llegado para quedarse, y que representa para los fabricantes nuevas oportunidades de producción y de distribución de productos de una gran calidad, consiguiendo diferenciarse del resto“.

Las empresas amplían su gama de productos elaborando artículos que “ofrezcan raciones individuales y con un formato que resulte fácil de comer mientras estamos de pie o andando por la calle“; productos de dimensiones pequeñas que facilitan su consumo al momento y en tránsito.

Productos con rellenos salados cuyas ventas van en aumento, de los que cada vez hay mayor variedad y que aportan valor, pues las masas de hojaldre tienen mayor precio que otras elaboraciones.

“El consumidor demanda productos de más calidad y prefiere productos de bollería elaborados con mantequilla fresca” y está dispuesto a pagar más, concluye Ruano.

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Publicado en: Alimentación y Bebidas
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