INDUSTRIA ALIMENTARIA

La industria alimentaria cuenta con la inteligencia artificial para mejorar su eficiencia

La industria agroalimentaria cuenta con las herramientas de inteligencia artificial (IA) para mejorar su eficiencia, han destacado expertos del centro tecnológico Ainia y de varias empresas del sector.

Interior de la fábrica de galletas Gullón. Efeagro/GullónInterior de la fábrica de galletas Gullón. Efeagro/Gullón

En un seminario virtual, la directora general de Ainia, Cristina del Campo, ha señalado que la IA permite un mayor conocimiento de los procesos industriales, las necesidades de los socios y el entorno empresarial, con el objetivo de avanzar hacia una “industria alimentaria más inteligente”.

Tecnologías como el aprendizaje automático, la automatización, el uso masivo de datos, el procesamiento del lenguaje natural o la robótica ayudan a mejorar la eficiencia, la flexibilidad productiva, la trazabilidad y la logística, así como a reducir los costes de producción y los residuos, según la experta.

A su juicio, la irrupción del coronavirus ha hecho de “catalizador” para lograr una mayor digitalización de las empresas alimentarias, aunque existe una brecha importante entre los grandes y los pequeños operadores.

Una empleada trabaja en la fábrica de chocolate Lacasa de Zaragoza. Efeagro/Toni Galán

Una empleada trabaja en la fábrica de chocolate Lacasa de Zaragoza. Efeagro/Toni Galán

Para Del Campo, el cambio tecnológico supone un “reto enorme” para las organizaciones, que pueden aprovechar los fondos europeos destinados a la digitalización para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado.

Adaptarse al consumidor

La directora de Innovación de la marca especializada en productos frescos de pollo y pavo Aldelís, Susana Martínez, ha asegurado que hace falta ser “muy flexible” para aportar a los consumidores aquello que están pidiendo, lo que puede parecer una “contradicción” con las economías de escala, si bien la digitalización ofrece la posibilidad de actuar de forma “ágil”.

“Antes podíamos generar patrones de comportamiento, pero la pandemia lo ha destrozado todo, y ahora no existen esos patrones”, puesto que los consumidores se han vuelto más digitales y cambian constantemente, según Martínez.

Para conocer en tiempo real lo que el consumidor quiere encontrar en el mercado, su empresa ha desarrollado herramientas de “big data” que ayudan a monitorear las redes sociales, las publicaciones científicas y otros recursos.

Además, Martínez ha pedido que los centros tecnológicos compartan riesgos con las empresas en los proyectos de investigación y desarrollo en los que colaboran, tras agradecer que sean fuente de inspiración porque la compañía está “tan medida en el día a día que no es capaz muchas veces de ver el potencial o la aplicación de esa información”.

Brecha entre la industria y el campo

Por parte del Grupo Perichán, especializado en la manipulación y comercialización de producción agraria, su director financiero, Santiago Rodríguez, ha subrayado que la cuestión principal es “ver cuáles de los datos recopilados interesan y cómo se combinan entre sí”, con el fin de adaptarse a lo que pide el mercado.

Tradicionalmente, sus clientes preparan un programa de demanda con el que se fija un calendario de entregas y se ajustan las plantaciones en el terreno, pero en el grupo son conscientes de que la inteligencia artificial les puede ayudar a tomar decisiones más rápidas en la planificación de la producción.

Rodríguez ha reconocido que todavía se requiere mucha mano de obra en la recolección, donde hay “bastante resistencia” a incorporar nuevas tecnologías, por lo que hace falta cuidar a los trabajadores y formarlos en su uso.

En el entorno de almacén, ha comentado, resulta más fácil controlar los procesos, ya que se dispone de maquinaria y mayor cobertura de internet, entre otras ventajas frente al campo.

Cambios productivos

Joaquín del Río, director de Innovación de la empresa alimentaria Vicky Foods, fabricante de la marca Dulcesol, ha afirmado que la industria alimentaria ha vivido grandes transformaciones en solo cuatro años, debido a la preocupación por el aceite de palma, el uso del plástico y la covid, que se han llevado por delante muchas empresas.

“Estamos trabajando en analizar tendencias de fuera con inteligencia artificial, como nuevos productos, ingredientes, etiquetados y cambios en hábitos de consumo e incluso en la restauración”, ha detallado Del Río.

Una de sus dos fábricas está digitalizada casi al completo, según el directivo, quien ha resaltado la importancia de digitalizar todo y renovar los equipos de forma constante porque es muy difícil automatizar máquinas antiguas.

Ha apostado por trabajar con muchas variables sin saber si finalmente servirán o no, ya que –a pesar de las reticencias iniciales hacia esas inversiones- cuando se ven los resultados, como la corrección de procesos en tiempo real o a la hora de descartar productos, “hay un cambio de tendencia”.

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