Héctor Pérez, un panadero lucense que dejó su obrador para ayudar en Ucrania

Héctor Pérez es un panadero de Lugo que decidió dejar por unos días su obrador para emprender un viaje hasta Medyka, ciudad fronteriza entre Polonia y Ucrania, y colaborar en la crisis humanitaria derivada del conflicto armado en cuanto comenzó la invasión.

El panadero lucense, Héctor Pérez en su vehículo de camino a Ucrania. Foto: Héctor Pérez El panadero lucense, Héctor Pérez en su vehículo de camino a Ucrania. Foto: Héctor Pérez

Héctor estaba comiendo cuando aparecieron en televisión las primeras imágenes de la guerra y de los refugiados, unas escenas que «le tocaron el corazón» y «por impulso» se decidió a hacer algo, como explica en una entrevista con Efeagro.

Y así comenzó el periplo de este panadero lucense para rescatar ucranianos en Medyka, una de las ciudades fronterizas que más refugiados ha recibido desde que se inició el asedio ruso a Ucrania.

De camino a Ucrania

Héctor ya estaba convencido de su viaje; revisó los kilómetros que había hasta Ucrania, cerca de 3.200, pero no le pareció algo «inviable» ya que se podía realizar el camino por autovía.

Cuenta con carnet para conducir autocar, por lo que su primer plan fue alquilar uno; la empresa de autobuses de su ciudad tenía toda la flota reservada, pero él no se amilanó y pasó al plan «b»: llamar a un amigo para que con sus turismos particulares pudieran emprender el viaje.

Frontera entre Ucrania y Polonia. Foto: Héctor Pérez ///SOLO USO EDITORIAL ///

El 28 de febrero empezó el camino hacia Polonia y solo tardaron día y medio en alcanzar su objetivo, ya que no había tiempo que perder ante un conflicto que desde sus primeros compases se intensificaba.

«Tardamos poco en llegar, dormíamos cinco horas por día y seguíamos conduciendo», recuerda.

Medyka

El impulso se tornó en desesperanza cuando, al llegar a la frontera con Ucrania, los dos amigos no consiguieron encontrar a nadie a quien ayudar hasta que se desplazaron a Medyka, una ciudad por la que muchos ucranianos estaban cruzando a Polonia.

Entonces sí empezaron a recibir llamadas desde España que les pedían que trajeran a sus familiares atrapados en la frontera, y Héctor los fue recogiendo en su coche en diferentes puntos.

Pese a todas estas dificultades, consiguió sacar del «limbo» a dos familias compuesta por mujeres y niños y a otro menor edad que también viajó a Lugo para encontrarse con su madre.

La vuelta fue algo más lenta; tardaron dos días y medio hasta llegar a Lugo pues «con los niños hay que parar a comer, descansar bien y continuar», apunta.

Y después de esta aventura solidaria, el 5 de marzo estaban en Lugo; una de las familias ucranianas -compuesta por madre e hijo- partieron a reencontrarse con sus familiares a Madrid; el menor de edad que viajaba solo, pudo reunirse con su madre enferma en Galicia, lugar de acogida también de la segunda familia.

Tras casi un mes de conflicto, casi tres millones de ucranianos, especialmente mujeres y niños, han salido de su país.

Héctor, ya está también en su obrador, desde donde trabaja después de haber concluido este acto de solidaridad por impulso que hizo a «título personal», un acto con la inigualable recompensa de saber que se ayuda a quien más lo necesita.

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