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“Haizea”: el restaurante español que florece en Nueva York en plena pandemia

Con el coronavirus, un sinfín de bares y restaurantes han tenido que cerrar temporal o definitivamente en Nueva York, una de las ciudades más competitivas del planeta para el sector de la hostelería, pero el chef español Mikel de Luis ha conseguido poner en marcha el nuevo restaurante “Haizea” en plena pandemia.

El chef Mikel De Luis. Efeagro/Alba Vigaray
El chef Mikel De Luis. Efeagro/Alba Vigaray

“Si me lo hubieras dicho antes, te diría ‘no te lo crees ni tú'”, dice De Luis en una entrevista con Efeagro sobre la inverosímil situación en la que se ha visto. “Si llegas a mi restaurante ahora, hay guantes para todo el que entra, hay ‘sanitizer’ (gel desinfectante) en cada esquina”, explica.

Como para tantos otros, la epidemia ha supuesto para el español un imprevisto y enorme obstáculo que le ha forzado a cambiar de planes de la noche a la mañana.

“Haizea” iba a abrir sus puertas el pasado 19 de marzo en la era pre-coronavirus, sin necesidad de distanciamiento social ni mascarillas, cuando el gel desinfectante se utilizaba sólo en hospitales, y cuando las personas se daban la mano y se abrazaban sin miedo.

Pero cuatro días antes, el 15 de marzo, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunciaba el cierre obligatorio de todos los bares, restaurantes y colegios públicos ante el avance imparable de los contagios en la metrópolis, una de las más golpeadas del mundo por la enfermedad.

“Fue todo muy precipitado”, cuenta sobre el cierre de la ciudad el bilbaíno afincado en Nueva York desde 2007, como acredita su persistente “spanglish”.

“Yo ya tenía mi personal en ‘payroll’ (en nómina) los tres últimos meses para que se fueran aclimatando al espacio, a mis manías. Este espacio además es muy ‘narrow’, muy estrecho, con lo cual había que sacar lo mejor de él”, explica.

La única vía de oxígeno que dejaba abierta De Blasio para el sector de la hostelería era la del “take away”, pedir comida y bebida para llevar. Y a ese sistema es al que se ha agarrado De Luis con decisión y confianza para las primeras semanas de vida de “Haizea”, su “primer bebé”, como lo llama.

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El chef Mikel De Luis. Efeagro/Alba Vigaray

Trío de croquetas

Desde hace poco más de una semana, los neoyorquinos pueden disfrutar de su “trío de croquetas” -de tinta de calamar, pollo y jamón-, de sus bocatas de ibéricos o de queso roncal, de sus tacos de pulpo, su cochinillo al horno, su fideuá de pato y hongos o su arroz meloso de pollo y langostinos. Pero todo para degustar en casa.

La aceptación en el barrio del Soho, donde está ubicado, ha sido buena: “Tengo amigos y amigas que tiene negocios que no hacen ni 50 dólares al día, y yo puedo decir que he hecho muchísimo mejor que eso es una semana cada día, con lo cual (…) estoy agradecido y soy un privilegiado en cierta manera”.

Después de más de dos meses del “Nueva York en Pausa” que decretaron las autoridades del estado, la incertidumbre aun reina en la ciudad, donde se espera reabrir negocios no esenciales y volver a cierta “normalidad” en la primera o segunda semana de junio.

Pero la enorme densidad de población de la Gran Manzana y la dependencia del transporte público de los neoyorquinos hacen que esa posibilidad pueda venirse abajo en cualquier momento si se da un repunte de casos de coronavirus, alargando la ya precaria situación de la industria de la hostelería.

“La verdad es que no tengo miedo, sinceramente”, afirma el chef, a pesar de que su principal empresa, la compañía de eventos, “Amona Events”, haya quedado paralizada con la cancelación de cualquier acto social.

“Antes contaba en cierta manera con que mi empresa de eventos iba a apoyar mi restaurante. Ahora mismo mi empresa de eventos quién sabe cómo va a funcionar durante un tiempo, pero por lo menos tengo el restaurante”, dice el español.

“Soy un privilegiado”

De Luis se describe como “positivo en general, pero negativo circunstancial”, y sin embargo sus palabras contagian un sentimiento de agradecimiento y esperanza que no es fácil encontrarse en los tiempos que corren.

“Soy un privilegiado, porque hay un montón de gente que está cerrando y yo sigo abierto y voy a seguir abierto”, subraya el chef, que pese a lo complicado de las circunstancias, con todas las nuevas medidas que ha tenido y tendrá que adoptar, continúa su aventura con energía.

“Con muchísimas ganas, adoptando ahora otra concepción, la del ‘take away’ o ‘to go’ mientras la cosa se aclare, pero siempre con la ilusión de volver a estar manos a la obra y trabajar día a día, que es lo que he echado de menos los últimos meses”.

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