MUJERES MAR

Gloria Lijó, la primera mujer en enrolarse en pesca de altura

Gloria Lijó siempre soñó con ir a la mar. Con casi 47 años y sin saber nadar fue la primera mujer en enrolarse en un barco de pesca de altura, rumbo a Marruecos. Cuando dejó este oficio, se apuntó a natación y fue varias veces campeona de Galicia y de España, además de competir en un mundial.

Imagen de Gloria Lijó en una embarcación. Foto: EFE/Xoan ReyImagen de Gloria Lijó en una embarcación. Foto: EFE/Xoan Rey

“Cuando era pequeña echaba de menos ser un hombre para poder ir a la mar. Era algo que ansiaba”, afirma Lijó (Castiñeiras, A Coruña, 1944) en una entrevista con Efe, en la que cuenta que en su época “no estaba bien visto que las mujeres trabajasen como marineras”, ya que era una profesión dominada por hombres.

Lijó proviene de una familia ligada a la pesca. Su padre y su abuelo eran pescadores y entre los parientes de su marido todos se dedicaban a lo mismo.

Ella trabajó primero en fábricas de pescado, pero cuando su padre enfermó tomó ya la decisión en firme de subirse a su primer barco, con 27 años, para trabajar de camarera en un petrolero en Noruega.

“Estábamos en muy mala situación. Yo pasé mucha hambre de niña. Decidí irme a Noruega por necesidad”, explica Lijó, que en ese momento ya estaba casada y con dos hijas, de 3 y 7 años, a las que tuvo que dejar en Galicia a cargo de su madre.

Según cuenta, cuando regresó con su esposo, con el dinero ahorrado compraron varios barcos, pero en cinco meses tuvieron “la mala suerte” de que dos de ellos naufragaron, o como ella concreta, “se fueron a pique”.

“Nos quedamos sin recursos, sin nada de lo que vivir”, afirma Lijó. Además, la situación “empeoró” cuando su cónyuge “se puso muy mal”, por lo que tomó la determinación dos décadas más tarde de ese primer inicio de enrolarse, con 47 años, en un “palangrero”, en esta ocasión con rumbo a costas africanas.

Gloria Lijó pesca de altura

Barcos pesqueros españoles. Foto: EFE/Archivo/José Manuel Vidal

“Yo siempre había soñado con ser marinera, pero en este caso las cosas surgieron por necesidad. No pensaba que la gran pasión mía se me iba a conceder en esas circunstancias”, cuenta Gloria, que asegura que en aquel momento, en el que las mujeres “ya podían hacer algunas cosas”, pues pensó que era su “única oportunidad”.

Así, Lijó se montó a bordo del Bolaquento, un barco bautizado con el sobrenombre por el que se conocía al suegro de la ribeirense, que era “muy buen pescador”. Junto a su marido y 12 marineros, embarcaron desde Santa Uxía de Ribeira (A Coruña) hasta Marruecos, en una travesía de unos seis días.

“En esa época ya había mariscadoras, redeiras… pero marineras, en altura, yo era la única”, suscribe Lijó, que se convirtió en un “reclamo”, ya que en los muelles, según dice, la gente iba “a ver a la mujer marinera”.

“Causaba mucha curiosidad”, cuenta la gallega, que reconoce que por aquel entonces el oficio de pescador estaba controlado por hombres y que ella tuvo que aprender el oficio del palangre, porque en un primer momento no sabía.

Las mujeres también podemos trabajar en la mar. Yo animaría a todas ellas a que probaran. Nosotras tenemos un tacto especial en los dedos, en nuestras manos. Para ciertas cosas que se hacen en los barcos, las mujeres las hacemos con más finura y más delicadeza”, asegura con contundencia Lijó.

A pesar de que no sintió “discriminación” y de que nunca permitió que ningún hombre hiciera el trabajo que a ella le correspondía, la ribeirense reconoce que al barco tuvo que entrar “con la cabeza” y “no con los pies”.

“Nunca había visto un almanaque de una mujer ni de un hombre desnudo. Y lo primero que me encontré cuando llegué allí fueron hombres desnudos en la piscina del barco bañándose. Pero enseguida me mentalicé y todo el mundo me respetó”, asegura.

Sin embargo, para enrolarse, sí que tuvo que enfrentarse a ciertos “problemas”: “Yo tenía mi libreta de navegación pero un capitán de la marina no quería enrolarme por el hecho de ser mujer. Tuve que pelear con mi libreta en la mano para que me dejara, porque estaba en todo mi derecho”.

De no saber nadar a presentarse a campeonatos internacionales

Cuando se enroló, además, Gloria no sabía nadar. Y, según narra, tuvo “suerte”, porque en el momento de hacer las pruebas tenía la pierna enyesada, ya que se había hecho un esguince bailando en un coro gallego y por lo tanto se excusó y no tuvo que realizarlas.

“Me preguntaron si sabía nadar y yo dije que me defendía. Pero lo cierto es que no sabía nada de nada”, afirma Lijó, que reconoce que sentía “muchísima vergüenza” por ello.

“No era capaz de aprender en los ratos en los que no estaba en la mar. Al final, cuando ya dejé el barco me dediqué de pleno a ello”, cuenta Lijó, que alcanzó tal dominio a los 59 años y con méritos, dado que fue campeona varias veces de Galicia y de España, en su categoría.

“Saqué cinco mínimas para ir a los campeonatos del mundo a EEUU y fui cuarta de Europa. Soy muy competitiva. Cuando competía, siempre regresaba con medalla a casa”, manifiesta.

La vida de Gloria siempre ha estado relacionada con el mar y con el agua. Ahora, vive en Santa Uxía de Ribeira y ni se plantea alejarse de la costa.

“Si me tuviese que ir a vivir a un sitio sin mar, sería por extrema necesidad. Para mí no es factible ni siquiera pensarlo”, afirma.

Lijó nunca fue a la escuela de niña y sabe leer y escribir porque su padre le enseñaba desde la cama. Ya casada, se apuntó a una escuela de noche, porque ansiaba conocimientos. Sin embargo, para la gallega “la vida fue la mejor universidad, la de mayor categoría”.

“No hay ninguna universidad en el mundo que te enseñe lo que yo aprendí de la vida”, asegura Lijó, que recibió un premio de la Universidad de Santiago destacándola como mujer “pionera” y que ahora se entretiene con el teatro, el coro y la pandereta.

“Todavía me encuentro muy válida. Pero la única ilusión que me queda es tener un bisnieto”, concluye. EFEAGRO

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