GANADERÍA LIDIA

Los ganaderos del toro de lidia ven “brotes verdes” pero aún no cubren los costes de producción

Los criadores del toro de lidia atisban “brotes verdes” con la reanudación de los festejos taurinos y la normalización de los aforos tras superar el período complicado de la pandemia, pero aún no llegan ni a cubrir los costes de producción.

Un toro en una dehesa. Efeagro/José Manuel GarciaUn toro en una dehesa. Efeagro/José Manuel Garcia

Es ya más de un año y medio arrastrando una falta de rentabilidad que arrancó en marzo de 2020 con la covid-19, según han recordado a Efeagro fuentes del sector del toro bravo.
La clausura de eventos, entre ellos corridas de toros y festejos populares; el cierre de la restauración o la apertura limitada durante meses (principal canal de consumo de la carne de lidia); la suspensión de las actividades turísticas en torno a esta ganadería y el desplome del precio en el matadero han provocado pérdidas de unos 150 millones de euros hasta mayo pasado, según los datos aportados por la Unión de Criadores del Toro de Lidia (UCTL).

Su presidente, Antonio Bañuelos, ha asegurado a Efeagro que la ganadería de bravo es “sin duda” el sector agropecuario “más afectado directamente” por la pandemia.
No en vano, los ingresos por festejos taurinos en España, Francia y Portugal se redujeron un 96 % en 2020, respecto a 2019
En 2020, se obtuvo un millón de euros de ingresos por ese canal, esencial para la subsistencia económica del sector, frente a los 26,38 millones facturados en 2019.

El regreso está siendo “progresivo y lento”, según Bañuelos, quien ha admitido, no obstante, que septiembre fue un mes con “bastantes” festejos y en plazas de primer nivel, que hasta ahora han estado cerradas, como Madrid y Sevilla.
No obstante, ha reiterado que el “principal” problema son los bajos precios de los toros, “que no cubren ni los costes de producción”.
Según ha señalado, se esperaba una temporada 2021 con “mucha más actividad” por lo que las consecuencias de “dos años de baja actividad” taurina en las plazas y “nula” en los festejos populares “tendrán su efecto directo” en las ganaderías.

Toros de lidia pastando en una finca. Efeagro/UCTL

La situación adversa ha llevado a algunas de ellas a tomar decisiones “duras” y “tener que cerrar o reducir” su censo de ganado.
Por eso, tiene claro que seguirán reclamando ayudas para el sector porque “se está viendo asfixiado por los altos” costes de producción y por esa falta de ingresos.

Testimonio de un criador

El criador Javier Núñez, al frente de la ganadería “La Palmosilla” en Tarifa (Cádiz) donde pastan 850 cabezas de ganado bravo, ha reconocido a Efeagro que la irrupción de la pandemia le supuso un golpe “muy duro” porque partían en 2020 de unas perspectivas “altísimas”.
Ese año tenía cerrados compromisos en plazas “de mucha responsabilidad”: “Lo teníamos todo bien vendido y, de repente, pasamos a no lidiar nada”.

Entonces, los ingresos “se limitaron únicamente a la venta de ganado para matadero” que “no cubría ni el 10 %” de lo invertido en la cría de cada res.
Este año ya han vuelto a sacar ganado para festejos pero “se factura muy poco” porque hay sobreoferta de toros, y eso “tira el precio por los suelos”.
“Me atrevería a decir que el 95 % de los festejos lidiados se han hecho por debajo de costes”, ha reseñado.
Aún así, pierden menos dinero que si lo llevan directamente para sacrificio en matadero: “Si un toro cuesta, de media, entre 3.000 y 4.000 euros (criarlo)” ahora pagan unos “1.500-2.000 euros” en lidia frente a los “400-500 euros del matadero”.

Ve la vuelta paulatina de las corridas de toros como “brotes verdes” a la espera de que sea en 2022 cuando se alcance “una normalidad” porque “nuestro sector es el del ocio y depende mucho de cómo vaya la economía del país”.
Mientras tanto, su ganadería trabaja sobre un proyecto turístico “bastante avanzado” con el fin de abrir sus instalaciones en un plazo de “7-14 meses” para que puedan visitarlas personas interesadas en el mundo del toro de lidia.

En España, Francia y Portugal había en 2020 un total de 913 ganaderías de bravo y un censo total de 208.308 reses, frente a las 951 fincas del año anterior con 219.053 cabezas.
Es un sector que genera más de 20.000 empleos directos en zonas rurales y ocupa una superficie de más de 500.000 hectáreas.

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