JUICIO PESCANOVA

Fernández de Sousa defiende su labor en la última sesión del juicio de Pescanova

El juicio por el “caso Pescanova” ha quedado visto para sentencia este martes con la intervención del principal acusado, su expresidente Manuel Fernández de Sousa.

Fotografía de archivo del expresidente de Pescanova Manuel Fernández de Sousa. Efeagro
Fotografía de archivo del expresidente de Pescanova Manuel Fernández de Sousa. Efeagro

Fernández de Sousa se ha mostrado dolido por las “descalificaciones” recibidas y ha defendido que la compañía “valía mucho más de lo que se ha dicho”.

Fernández de Sousa ha hecho uso de su derecho a tener la última palabra en un juicio oral, que se ha alargado más de lo esperado -arrancó en diciembre de 2019- debido en parte a la pandemia y en el que se ha revisado al detalle el escándalo que supuso en 2013 detectar un “agujero” en sus cuentas superior a los 3.000 millones de euros, lo que acabó derivando en un concurso de acreedores.

“Habremos cometido errores, pero todos fueron buscando el beneficio de la empresa. No hemos cometido ningún delito (…) Pescanova fue una compañía pionera que llegó a ser la cuarta del mundo en su sector y me cuesta trabajo que se descalifique el trabajo de tantos años”, ha expresado Fernández de Sousa.

“Habremos cometido errores, pero todos fueron buscando el beneficio de la empresa”, ha dicho

El que fuera máximo dirigente de la firma durante más de tres décadas ha lamentado que se califiquen de “aventuras o calificativos peores” las apuestas del grupo en otros países, y ha defendido que todos los activos vendidos desde entonces son hoy rentables, reflejo en su opinión de que sus gestores de entonces tenían razón.

“De no haber sido por la crisis económica y bancaria española entre 2008 y 2012, no estaríamos aquí”, ha insistido el acusado, quien durante su alocución ha criticado duramente tanto al auditor BDO como a dos accionistas: el grupo Damm y el fondo Luxempart.

Fernández de Sousa ha considerado que durante el juicio ha quedado probado que la deuda sí estaba contabilizada en los registros de Pescanova, aunque no se expresaba de forma correcta en las cuentas anuales, una labor que ha atribuido a BDO por ser el revisor de ese trabajo.

Además, ha censurado la actitud del auditor por “destruir sus papeles de trabajo” cuando comenzaron a detectarse las irregularidades y ha criticado que la administración concursal permitiera una valoración de los activos muy por debajo de su precio real en el mercado.

“Muchos de los mejores activos de Pescanova acabaron malvendiéndose, por ejemplo la planta (de piscifactoría) de salmón de Chile o la de rodaballo de Portugal, y todos ellos han dado importantes beneficios desde entonces”, ha argumentado.

El expresidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa Faro

El expresidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa Faro. Efeagro

Según su valoración, sólo el negocio de acuicultura de la compañía ya superaba los más de 3.000 millones de euros de deuda que acumulaba, y ha recordado que tuvieron varias ofertas encima de la mesa que habrían permitido reconducir la situación.

“Nos faltó poco para alcanzar nuestro objetivo, pero tuvimos continuamente en contra a los señores José Carceller (de Damm) y François Tech (de Luxempart), por su falta de experiencia en el negocio”, ha asegurado Fernández de Sousa, quien ha afirmado que ambos suplieran la salida de las cajas de ahorros del accionariado de la firma.

Intervención de la defensa

También hoy ha sido el turno de intervención de la defensa de Pescanova S.A., que ha advertido de que una condena como la que propone el fiscal supondría bajo su punto de vista “la liquidación de la sociedad y, por tanto, la disolución de Nueva Pescanova”.

La reestructuración del grupo conllevó su división en 2015: Nueva Pescanova -controlada por los bancos acreedores- se quedó con el negocio y Pescanova S.A. -en manos de los accionistas minoritarios- pasó a ser una sociedad de cartera sin actividad productiva,0 cuyo principal activo es hoy un participación del 1,65 % de la primera.

El letrado de la también llamada “Vieja” Pescanova ha recalcado el daño que implicaría para la economía gallega la caída de Nueva Pescanova, con más de 10.000 empleados y mil millones de euros en ventas.

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