AGRICULTURA VITIVINÍCLA

Una emprendedora en vinicultura ecológica con amor a la tierra

Es el objetivo alcanzado por Rocío Áspera y Alejandro Narváez, dos emprendedores vinícolas que trabajan con variedades autóctonas y ecológicas desde Cádiz

play Viñedo en el paraje Pago de Forlón, Cádiz. Efeagro/Lucía Ruiz SimónViñedo en el paraje Pago de Forlón, Cádiz. Efeagro/Lucía Ruiz Simón

Rocío Áspera y Alejandro Narváez son dos emprendedores vinícolas que trabajan con variedades autóctonas, como la tintilla de Rota, con la ilusión de quienes han empezado un negocio con el amor a la tierra como premisa y que han encontrado un nicho de negocio en el sector ecológico.

El Puerto de Santa María y el Marco de Jerez es una zona vitivinícola de éxito, y en ella decidieron estos dos gaditanos enamorados del vino implantar su modelo de producción de vino ecológico, en una finca con tres hectáreas de viñedo en el paraje conocido como el Pago de Forlón.

Es una tierra que perteneció a un comerciante inglés -Pedro Furlong- y que lleva cuatro años viendo nacer al vino de las Bodegas Forlong (“por un largo tiempo”, en traducción de la expresión inglesa “for a long time”).

El inicio

Y con esa visión de futuro han llegado para quedarse: ya la pasada vendimia consiguieron producir 40.000 botellas de cuatro vinos diferentes, un éxito para el que ha habido mucho trabajo detrás. Todo comenzó cuando Rocío, que estudió empresariales y trabajaba en asesorías, se quedó parada, “como tantos otros jóvenes”, explica.

Aprovechó esta situación para formarse -tiene un Máster por la Universidad de Cádiz en Vitivinicultura en climas cálidos– y dedicarse a crear su propio vino en el Pago del Forlón junto a su pareja, pues siempre habían sido “unos enamorados del vino”.

Racimo de uvas en el paraje Pago de Forlón (Cádiz). EFEAGRO/lrs

Racimo de uvas en el paraje Pago de Forlón (Cádiz). EFEAGRO/lrs

Siempre tuvieron claro que lo querían hacer en ecológico, por su compromiso de respeto a la naturaleza y por entrar en un nicho de mercado, el de los productos más naturales y sanos.

Para ello trabajan con variedades de la zona, como el palomino o el Pedro Ximénez o la tintilla de Rota, “una variedad que casi estuvo extinta después de la filoxera” en un suelo muy peculiar, la albariza.

Control biológico de plagas, preparados naturales con ortigas para proteger sus plantas, una vendimia a mano y nocturna, catas de uva y un seleccionado minucioso de los frutos forman parte del proceso de elaboración de los vinos de esta bodega.

Detalles de presentación

También cuidan los detalles de presentación; además de unas originales etiquetas, el corcho de los vinos de Forlong guardan un secreto, un poema de Walt Whitman que comienza con toda una declaración de intenciones: “Nunca ha habido más comienzo que el que hay ahora”.

Además del éxito de las puntuaciones recibidas por sus vinos, el empuje de Rocío Áspera también ha sido avalado como finalista de los premios nacionales de Joven Agricultor Innovador de la organización agraria Asaja.

Una vez acabada la dura época de vendimia y seleccionado de la uva, sigue el trabajo en la pequeña línea de embotellado de esta bodega que, según reconoce Rocío, le ha “cambiado la vida” y le ha hecho feliz, una satisfacción que traslada a los vinos que se distribuyen en hostelería y tiendas especializadas.

Pese a las dificultades de levantar una bodega en plena crisis económica o al vértigo de convertirse en su propia jefa, esta emprendedora asegura que “no cambia nada” de esta nueva vida en la que se dedica a crear su vino, con la idea de que sea “por mucho tiempo”.

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