AGRICULTURA MADERA

El Seprona quiere frenar el tráfico de madera que esquilma bosques del tercer mundo

El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil ha puesto el foco en el tráfico ilícito de maderas para poner freno a una actividad que esquilma bosques en el tercer mundo y beneficia a empresas que burlan los controles para ahorrarse costes y obtener, así, mayores ganancias.

play Maderas y muebles procedentes de comercio ilícito detectado por el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil española. Maderas y muebles procedentes de comercio ilícito detectado por el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil española. Efeagro/Seprona

Fue el año pasado cuando la Guardia Civil, en coordinación con los ministerios de Agricultura y de Transición Ecológica, puso en marcha una campaña de inspecciones junto con las comunidades autónomas para comprobar si las empresas que importan maderas para la fabricación de muebles y otros artículos cumplían la normativa europea.

Se trataba de la operación Quercus, desarrollada en dos fases: una en cada semestre del año. Fueron un total de 608 inspecciones en las que se detectaron 303 infracciones, con el balance de 71 personas físicas y jurídicas investigadas.

Y tuvo tal efecto, como comenta a Efeagro el teniente Adrián Sánchez, que aunque el número de inspecciones fue similar en ambos semestres, aproximadamente el 65 por ciento de las infracciones correspondieron al primero. “Se aprecia claramente el efecto disuasorio de esos controles”, apostilla este agente del Seprona.

Latinoamérica, África y Sudeste asiático

Tres son las grandes áreas de donde España y el resto de Europa traen madera más barata ante la ausencia de controles en una parte importante de los países de origen: Latinoamérica, África y el Sudeste asiático, con zonas próximas al trópico donde hay una mayor biodiversidad.

Desde allí llegan maderas para la fabricación de muebles, otras más resistentes para cubiertas de barcos o tarimas exteriores, e, incluso, las especialmente valiosas para fabricar instrumentos musicales.

Teca de Birmania; ipé de Brasil; iroko, sapelli, okume, jatoba, palosanto, caoba… Maderas que, con más o menos nivel de protección en el convenio sobre especies silvestres amenazadas CITES, son importadas desde zonas donde no existe control alguno y, por tanto, adquiridas por los empresarios europeos a precios más bajos, con ahorros que si en porcentaje parecen poca cosa, en valores absolutos arrojan cifras nada despreciables.

tráfico madera seprona

Maderas y muebles procedentes de comercio ilícito detectado por el Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil española. Efeagro/Seprona

Si en un transporte de madera por valor de un millón de euros se ha ahorrado un 5 por ciento en la compra, la cantidad que el empresario no habrá tenido que desembolsar es de 50.000 euros.

En algunos países la madera es un recurso sobreexplotado. Esa desforestación está ligada a veces a otros delitos, porque en ella las organizaciones criminales han encontrado una fuente de financiación de otras actividades, como el narcotráfico.

Según comentan las fuentes consultadas, un ejemplo de ello es la tala indiscriminada de árboles en zonas selváticas para dejarlas a cielo abierto y extraer el oro con trabajadores explotados y casi en semiesclavitud. Las organizaciones obtienen de este modo dobles ingresos: los de la madera y los del oro.

Reglamentación

Parte de esa madera puede llegar a Europa, que cuenta con un reglamento, el EUTR (el reglamento de la madera por sus siglas en inglés) que ha sido transpuesto a la normativa española y autonómica.

Una norma que, como dice el teniente Sánchez, pasa la responsabilidad a los importadores, que tienen que cumplir una serie de requisitos para que el producto sea totalmente legal. El primero de ellos, presentar a la comunidad autónoma correspondiente una “declaración responsable” antes del 31 de marzo de todo lo que ha importado durante el año anterior.

Otra de sus obligaciones es la implantación de un “sistema de diligencia debida”, por el que el importador debe garantizar que la madera que compra no es ilegal y no procede de una zona de alto riesgo, como por ejemplo de un país en guerra donde difícilmente puede haber controles para la venta.

Trazabilidad

Asimismo, señala el teniente de la Guardia Civil, es necesario acreditar la trazabilidad de tal forma que pueda garantizarse que la madera ha sido obtenida de explotaciones legales.

No se han detectado en España ni en Europa organizaciones criminales como tales dedicadas al tráfico ilícito, pero sí empresas con una parte de comercio legal y otra ilegal. El boca a boca funciona y ya saben donde pueden acudir para adquirir la madera a precios más baratos, es decir, a las zonas donde no se controla.

No resulta fácil distinguir el tipo de madera de cada lote. Por eso, a la hora de comprobar su trazabilidad, la Guardia Civil ya cuenta con una herramienta para detectarla. Se trata de un método para la toma de muestras “in situ” que después se analizan en los laboratorios del Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias (INIA) y la Escuela de Montes de la Universidad Politécnica de Madrid.

El Seprona ha abierto ya “la lata”, como gráficamente dice el teniente, para seguir controlando ese posible tráfico ilegal. Se ha abierto un camino junto con los ministerios implicados, el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) y la Escuela de Montes que los agentes quieren seguir recorriendo.

Para ello, desde la sede central del Seprona se ha formado a agentes de cada comandancia territorial en esta labor de control.

Incluso, la Guardia Civil ha liderado un proyecto, en el ámbito del EMPACT de Medioambiente de la Comisión, en el que han participado países como Italia, Portugal, Suecia o Rumanía y para el que se ha contado con el poyo y coordinación de Europol, de forma que se ha podido extender la actividad de la operación Quercus a nivel europeo.

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