CUBA

Dos siglos del restaurante Floridita, cuna del daiquiri cubano

Azúcar, jugo de limón, ron, hielo frapeado y unas gotas de marrasquino se conjugan en la alquimia del daiquiri clásico, un cóctel de fama mundial que atrae cada año a miles de personas a su lugar de creación, el Floridita de La Habana, que celebra sus doscientos años de vida.

Dos cantineros preparan daiquiris en el famoso restaurante El Floridita, en la Habana (Cuba). Foto: EFE/Alejandro ErnestoDos cantineros preparan daiquiris en el famoso restaurante El Floridita, en la Habana (Cuba). Foto: EFE/Alejandro Ernesto

“Sin chovinismo, aseguramos que el mejor daiquiri del mundo se toma aquí”, afirmó a la prensa el director del local, Ariel Blanco.

Pero es difícil decidir si el mejor embajador de este bicentenario bar de La Habana Vieja -hoy propiedad del Estado cubano- es su cóctel estrella o lo es el premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway, visitante asiduo durante sus largas estancias en Cuba.

Hoy recibe al visitante en forma de estatua de bronce y acodado en la barra, convidado de piedra de uno de los selfies más buscados por los turistas.

El Floridita, según sus responsables, atesora un banco de más de mil fotos del escritor “y en 999 él estaba bebiendo”, bromean los camareros sobre el estadounidense, que en su obra popularizó el daiquiri al comparar la aureola de su hielo frapeado con la espuma del mar.

En honor a Hemingway

Sin embargo, el trago habitual del autor de El viejo y el mar era otro. En su honor se creó el Papa doble, en el que el azúcar del daiquiri se sustituía por jugo de toronja y se doblaba la medida de ron, porque Hemingway era diabético.

Y aunque el Nobel tiene un lugar de honor en el Floridita, la persona más venerada tras la barra no es él, sino el catalán Constantino Ribailagua, Constante, llamado el padre de la cantina cubana.

Un daiquiri frente a la estatua del escritor estadounidense Ernest Hemingway en el restaurante El Floridita, en la Habana (Cuba). Foto: EFE/Alejandro Ernesto

Un daiquiri frente a la estatua del escritor estadounidense Ernest Hemingway en el restaurante El Floridita, en la Habana (Cuba). Foto: EFE/Alejandro Ernesto

Constante ideó el Papa doble, el Presidente, y no inventó, pero sí mejoró tras varios experimentos, el daiquiri, que llegó a La Habana desde Santiago de Cuba, donde nació como resultado de una larga reunión en la que un grupo de sedientas personas solo tenía a mano ron blanco, limones y azúcar.

A la receta inicial, Constante le agregó cinco gotas de marrasquino y el hielo frapeado, “que debía entrar seco en la batidora” para que el cóctel no quedara aguado.

De hecho, el Floridita fue el primer bar de Cuba que usó una batidora, allá por los años veinte del siglo pasado, y también fue pionero en brindar “servicio de sobremesa con habano”, los célebres cigarros de la isla.

Paraíso del daiquiri

En el lugar, que abrió sus puertas en 1817 con el nombre de La piña de plata y después se llamó La Florida hasta quedarse en El Floridita, se sirven hoy hasta 17 tipos distintos de daiquiri, “un cóctel muy noble que permite cualquier tipo de pulpa o fruta”, indica Ariel Blanco. También los hacen sin alcohol para los niños.

Aunque Hemingway encabeza la nómina de visitantes ilustres, la lista es larga: desde otros literatos como Tennessee Williams o Graham Greene al expresidente de EE.UU, Barack Obama, estrellas del celuloide como Gary Cooper y Marlene Dietrich, futbolistas y estrellas del béisbol.

Blanco comentó que las anécdotas son muchas y recordó la protagonizada recientemente por el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, quien accedió al bar antes de la hora oficial de apertura y se encargó personalmente de abrir las puertas del establecimiento a los turistas que aguardaban fuera.

Una mesera sirve una bandeja con daiquiris en el restaurante El Floridita, en la Habana (Cuba). Foto: EFE/Alejandro Ernesto

Una mesera sirve una bandeja con daiquiris en el restaurante El Floridita, en la Habana (Cuba). Foto: EFE/Alejandro Ernesto

El deshielo diplomático con EEUU iniciado en 2014 también ha repercutido en la barra -y las cuentas- de este bar: la mitad de los 250.000 visitantes que recibe cada año son estadounidenses y el 80 % de los viajeros de ese país que pasa por La Habana se acerca a El Floridita.

Fama mundial

Eso sí, antes del amigamiento con el país vecino la clientela nunca escaseó porque la fama del bar “es mundial”.

La clientela local, sin embargo, no abunda, ya que los aproximadamente seis dólares que cuesta un daiquiri clásico suponen casi una quinta parte del salario medio mensual que percibe un cubano en el sector estatal.

La apuesta estrella del Floridita por sus dos siglos de vida es un concurso de barman que se celebrará en octubre para coronar al rey de reyes en la elaboración del daiquiri y en el que competirán los ganadores de las ocho ediciones anteriores del rey del daiquiri, con los cantineros del bicentenario local como jueces.

Entre los concursantes estará John Christian Lermayer, que fue en 2015 el primer norteamericano en preparar un coctel en el Floridita en 60 años, y el argentino Christian Delpech, tricampeón mundial en el estilo libre (flair).

Además del concurso, se presentará un ron blanco de Havana Club especialmente formulado para elaborar daiquiris.

Sobre el futuro, el director del Floridita lo tiene claro: “Hay que seguir renovándose de acuerdo a las nuevas tendencias, pero el principal reto es mantener la tradición”.

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Publicado en: Gastronomía

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