Y PÉRDIDAS DE RECURSOS HÍDRICOS

El desperdicio de alimentos resta recursos a la agricultura del Mediterráneo

El despilfarro de alimentos y la escasez de agua restan importantes recursos y dificultan el desarrollo de los países ribereños del mar Mediterráneo. Así lo refleja un nuevo estudio difundido en Roma.

Vista general de la zona de descarga en el Mercado Central de Abastecimiento de Madrid (Mercamadrid). Efeagro/ Víctor LerenaVista general de la zona de descarga en el Mercado Central de Abastecimiento de Madrid (Mercamadrid). Efeagro/ Víctor Lerena

El Centro Internacional de Altos Estudios Agrónomos del Mediterráneo (Ciheam) presentó una publicación junto con la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en la que se alerta del fuerte impacto en la economía de las pérdidas y el desperdicio de alimentos. Cada año, se estima que los productores de la región pierden 50.000 millones de dólares por deshacerse de alimentos a lo largo de la cadena productiva, lo que equivale a tirar a la basura 250 kilogramos anuales por persona.

Los productores de la región pierden 50.000 millones de dólares por deshacerse de alimentos a lo largo de la cadena productiva

El experto del Ciheam Sébastian Abis aseguró en un acto que las pérdidas alimentarias -desde las legumbres que se dejan sin recoger en el campo hasta los productos que se echan a perder por fallos en la cadena de frío durante su transporte- son un serio problema para la agricultura. “Representan un obstáculo para la producción, impactando en los ingresos de los productores”, aseguró Abis, quien instó al sector privado a movilizarse para evitar más daños.

Medidas para evitar el desperdicio alimentario

En su opinión, el fomento de la dieta mediterránea, los bancos de alimentos y una mayor educación de los consumidores pueden ayudar a luchar contra el despilfarro de alimentos y lograr una producción más sostenible.

La experta de la FAO Nora Ourabah destacó, por su parte, que también se están perdiendo recursos naturales y conocimientos culturales y tradicionales que deberían recuperarse en la cuenca del Mediterráneo.

La alta tasa de desempleo juvenil en la parte de Oriente Medio y el norte de África (más de una cuarta parte de los jóvenes) y la avanzada edad de los agricultores en el campo (de más de 50 años de media en el Magreb) obligan a repensar su estrategia de desarrollo agrícola, según los especialistas. Para ello Ourabah llamó a promover la agroecología, la revolución digital en la agricultura y políticas a favor de las familias campesinas, así como ayudar a los productores, documentar sus conocimientos ancestrales e inculcarles nuevas técnicas.

Una finca de cereal. Foto: Magrama

Una finca de cereal. Foto: Magrama

Frente a fenómenos como el cambio climático, la urbanización o el crecimiento de la población, Abis recordó que los pueblos mediterráneos ya han demostrado desde la antigüedad capacidad de adaptación. Para reforzarla en la actualidad los expertos pidieron un enfoque integrado en la gestión de la energía, el agua y la tierra en una región que posee apenas el 3 % de los recursos hídricos y en la que se encuentra la mitad de la población mundial “pobre en agua”, quienes representan 180 de los 460 millones de personas que la habitan.

Ante la escasez de agua, también reclamaron más eficiencia en su distribución ya que, por ejemplo, en los países del Mediterráneo las redes de suministro en las ciudades tienen de media un 25 % de pérdidas de agua y los canales de irrigación un 20 %

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