ESPAÑA RURAL

De la ciudad al campo, cuando no se huye solo de quedarse en casa en pandemia

Miguel Ángel se mudó hace 40 años a la pequeña localidad de Lecina de Bárcabo (Huesca); ahora, María le alquila allí un piso, buscando calidad de vida durante la pandemia. Dos decisiones, en dos épocas muy diferentes, pero con un mismo objetivo: encontrar la libertad del campo y hacer del rural un hogar.

Un alojamiento rural. Efeagro/Turismo de AsturiasUn alojamiento rural. Efeagro/Turismo de Asturias

Lecina de Bárcabo, con cerca de 10 habitantes en invierno y unos 100 habitantes en verano, es conocida por una encina milenaria, la Carrasca de Lecina, que estos meses participa en el concurso de Árbol del año de Europa, que cerrará las votaciones el 28 de febrero.

A esta localidad, a una hora y media en coche de la farmacia más cercana, se mudó María Lozano (40 años) a finales de septiembre pasado, cuando, tras meses de restricciones por la pandemia del coronavirus en Madrid, decidió comenzar a buscar un lugar en el que alojarse en una región rural.

“Cuando me vi en la pandemia en la ciudad me quedó claro que no era lo que quería”, explica María a Efeagro, razón por la que se mudó de un octavo piso a un pequeño apartamento en la naturaleza que Miguel Ángel alquilaba.

Reconoce que su adaptación al lugar no ha sido fácil, sobre todo en el aspecto laboral, ya que, en esta región prácticamente despoblada y envejecida, pocos son los interesados en practicar yoga, y “tampoco hay muchas ayudas para que uno venga y pueda crear proyectos”, explica.

Sin embargo, ha encontrado una pareja que está interesada en recibir clases y también imparte clases por internet usando los datos de su móvil.

Vista de la sierra y cañones de Guara (Huesca), parque natural donde se encuentra Lecina de Bárcabo. Efeagro/Javier Cebollada

Su proyecto a futuro es mudarse a alguna otra localidad rural en la que haya más oportunidades laborales, tanto de profesora de yoga como trabajadora en el sector agrario, ya que, en andanzas pasadas por México, Estados Unidos y Canadá, trabajó en este mismo sector.

Ella es una más de aquellos que decidieron salir de las ciudades en estos meses de pandemia con la esperanza de encontrar una calidad de vida difícil de alcanzar entre las restricciones, y también una de las que considera que su idea fue “acertada”, ya que la España rural no ofrece solamente estar más cerca de la naturaleza, también la une más a la comunidad.

“La riqueza de todo esto es la comunidad. Vivir en un pueblo tiene que ver con vivir con la comunidad y tener relaciones humanas más humanas. En la ciudad nos estamos deshumanizando”, asegura.

Con Efeagro también habla Miguel Ángel Blasco (67 años), casero de María, antiguo profesor de matemáticas en Barcelona, que decidió hace 40 años junto a su pareja mudarse a este pueblo, donde montaron una granja de conejos, de la que vivieron diez años y que más adelante cerraron para abrir un hotel.

Ahora, es propietario del Hostal La Choca, que oferta como casa rural y que se llenó durante los meses de verano, y de dos apartamentos que tiene ocupados desde octubre, uno de ellos por María.

Explica que están viviendo unos meses difíciles por las restricciones y que seguramente no logren ocupar el apartamento ni el hostal de nuevo hasta las festividades de Semana Santa, cuando esperan que se reactive el turismo provincial.

Planea jubilarse y por ello también ha puesto el hostal en venta, a la espera de retirarse y poder dedicarse a su huerta, donde cultiva espinacas, habas o acelgas, y a viajar cuando se pueda.

Sobre los nuevos adeptos del mundo rural, considera que pueden ser muchos los que intenten comenzar un proyecto pero no serán tantos los que se queden, ya que “la visión desde lo urbano es muy romántica pero no es tan sencillo”.

Enumera problemas como la falta de disponibilidad de wifi en algunas zonas, la ausencia de una escuela en el pueblo, la lentitud de algunos servicios sanitarios o la dificultad para encontrar vivienda.

Cuando yo vine hace cuarenta años pensé que de alguna manera se recuperaría, pero se ha recuperado relativamente”, expone Miguel Ángel, quien pide más voluntad política para incentivar proyectos en estas zonas.

Al preguntarle si su decisión de irse al campo hace cuarenta años fue acertada considera que sí y que nunca se ha arrepentido, de la misma manera que puede ser una decisión acertada para los que quieran probarlo en esta etapa de la historia.

Hubiera sido muy distinta mi vida si me hubiera quedado como profesor o como astrofísico pero no hubiera visto las estrellas que he visto en este pueblo, ni hubiera aprendido las cosas que he aprendido en este pueblo, ni hubiera disfrutado de la calidad de vida que he disfrutado aquí. No me arrepiento”, concluye.

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