COOPERATIVAS GANADERAS

Cooperativa Latxa Esnea, innovar para diversificar y dar uso a la lana de oveja

Latxa Esnea es una cooperativa que, pese a las dificultades, no se da por vencida y diversifica: sigue buscando formas de aprovechar la lana de sus ovejas, tras haberlo intentado con macetas y acolchados en suelos agrícolas.

Rebaño de ovejas de raza latxa. Efeagro/Aiaraldea Rebaño de ovejas de raza latxa. Efeagro/Aiaraldea

Fundada en 2011, esta agrupación de productores de ovino de leche está compuesta por 47 socios, pastores de ovejas de raza latxa del País Vasco y Navarra.

Mantienen la tradición en el manejo del rebaño y en la elaboración del queso de denominación de origen Idiazabal con la leche cruda exclusiva de sus ovejas, pero también están abiertos a explorar nuevas posibilidades de negocio.

Llevan tiempo tratando de darle una segunda vida a la lana, ya que en bruto supone un producto que actualmente no tiene salida en los mercados y es un residuo difícil de gestionar.

“La lana está considerada como un residuo y requiere de una gestión especial: o para compostaje o para la planta de incineración para generación energética”, explica a Efeagro la técnica de la cooperativa Virginia Ortiz de Barrón.

La técnica Virginia Ortiz de Barrón y el pastor Luis Zaballa, de la cooperativa Latxa Esnea. Efeagro/Aiaraldea

La técnica Virginia Ortiz de Barrón y el pastor Luis Zaballa, de la cooperativa Latxa Esnea. Efeagro/Aiaraldea

Atrás quedaron los tiempos en los que esa lana de naturaleza “basta” -“latxa” en euskera- se utilizaba para hacer colchones y otros productos textiles, ya que se fue sustituyendo por tejidos sintéticos más fáciles de trabajar.

Al menos una vez al año, las ovejas de esta raza necesitan ser esquiladas, una operación que se traduce en la generación de 700 toneladas de lana anuales en Euskadi.

Latxa Esnea la comercializó hasta 2016, cuando a raíz del veto a la importación en Rusia no pudo seguir haciéndolo y la lana acabó almacenada, generando sobrecostes, por lo que la cooperativa decidió participar en un proyecto para intentar darle valor añadido.

Productos biodegradables

La iniciativa, que obtuvo el premio a la innovación otorgado por Cooperativas Agroalimentarias en 2020, consistió en diseñar un producto piloto de plástico biodegradable a partir de colágeno y estudiar si su fabricación y su comercialización eran viables.

Contó con la participación de otros socios como el centro tecnológico Neiker, que aportó el conocimiento científico sobre los posibles usos, y Ekolber, empresa fabricante de plásticos biodegradables.

Por su parte, varias federaciones de asociaciones de desarrollo rural se encargaron de identificar nuevas oportunidades de utilización y conectar con el sector primario en el País Vasco.

Dicha colaboración dio como resultado dos prototipos: una maceta y un acolchado antihierbas, ambos biodegradables y compostables.

Esa película de film que se coloca entre los surcos de las plantaciones buscaba “sustituir el plástico, muy demandado en los invernaderos de Almería y los huertos en general, pero a la vez muy contaminante, por otro material que, por su condición de biodegradabilidad, no era necesario separar de los restos orgánicos”, describe Ortiz de Barrón.

El acolchado evitó el desarrollo de otras hierbas, si bien su composición basada en colágeno con lana atraía como alimento a animales como el tejón, por lo que los socios han continuado trabajando y probado de manera efectiva la borra de café como repelente para evitar ese efecto.

Las macetas tienen suficiente durabilidad y se degradan de forma eficaz como semilleros en invernadero, a pesar de que hacen falta más estudios para ajustar su composición.

“Su degradación debe desprender sustancias que no son adecuadas para el desarrollo en principio de la guindilla y el tomate, que fueron las plantas utilizadas en el ensayo”, puntualiza Ortiz de Barrón.

Posibilidades futuras

La técnica de Latxa Esnea destaca que se requiere más investigación para mejorar los prototipos, después de que en 2019 finalizara este proyecto financiado por el Gobierno vasco y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader).

Buscan más diseños alternativos y ayudas económicas que les permitan continuar trabajando en las mezclas y las pruebas de campo porque los productos todavía no están listos para comercializar.

Ortiz de Barrón no pierde la esperanza y está pensando la manera de llevar la lana al mundo de la moda, emplearla como fertilizante y hasta crear con ella cintas de balizamiento biodegradables para señalización.

Lo hace sin olvidar la esencia de esta pequeña cooperativa, dedicada a la venta de leche de ovino latxo para la elaboración de quesos con denominación de origen Idiazabal y Roncal, de acuerdo a un modelo extensivo que “va con los ciclos de la naturaleza”, lejos de la industria intensiva y “lo más cerca posible de la producción sostenible”.

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