ALIMENTACIÓN/BEBIDAS VINO

La falta de frescura y el hábito cervecero perjudican el consumo de vino

Lo recoge un estudio en el que se perfila al consumidor de vino como una persona sibarita, conocedor, que profundiza y que necesita sentirse experto.

Un hombre catando un vino de Montilla-Moriles. EFE/Rafa Alcaide. Un hombre catando un vino de Montilla-Moriles. EFE/Rafa Alcaide.

Las dificultades del vino para asociarse a una imagen de bebida refrescante -al consumirse sin hielo y normalmente a temperatura ambiente- y el hábito de beber cerveza son dos de los grandes hándicap con los que se encuentra el sector para ganar terreno entre el consumidor español.

Así lo advierte un estudio de BMC Estrategic Innovation presentado en una jornada organizada hoy en Madrid por la Interprofesional del Vino de España (OIVE) baso en 1.810 entrevistas sobre las dos últimas veces que consumió vino o cerveza (más de 3.500 ocasiones de consumo testadas).

La directora de contenidos de BMC Estrategic Innovation, Marta Velasco, ha presentado las principales conclusiones y ha subrayado un primer dato global: sólo en uno de cada cinco de esos actos de consumo se optó por el vino.

En el informe, se asocia el vino a un perfil de consumidor “sibarita, conocedor, que profundiza y que necesita sentirse experto”, por lo que “prefiere tomar cerveza si no tiene la certeza de que el vino va a estar bueno”.

Otra de las “barreras” a la hora de consumir caldos es el rechazo que provoca detalles como tener que abrir una botella sólo para una copa o el formato, normalmente en botellas de vidrio.

El hábito de ingerir cerveza es, según esta experta, uno de los mayores retos por la tendencia de los consumidores a funcionar “en piloto automático”, es decir, a no cambiar sus rutinas.

Argumentos curiosos que no favorecen su consumo

Además, hay otros argumentos que no favorecen al vino y algunos de ellos son curiosos: no saber qué pedir si no es cerveza o no saber cómo enfrentarse al qué dirán sus amigos o familiares cuando renuncie a beber cerveza.

Esos momentos de dudas finalmente suelen resolverse a favor de la cerveza y ha puesto un ejemplo singular que ocurrió en el estudio: una de las participantes, amante del tinto de verano, se sentó en una terraza en un día soleado, pero de primavera, y decidió pedir cerveza en vez de tinto al no haber llegado aún el verano.

“¿Por qué no tomarse un tinto de verano en abril? No deja de ser un construcción cultural y ahí hay muchos mitos y creencias que hay que romper”, ha señalado Velasco.

Una mujer toma una copa de vino. Foto: Pexels.

Una mujer toma una copa de vino. Foto: Pexels.

En esa comparativa del vino frente a la cerveza, el informe concluye que el cervecero es “tradicional, muy apegado a su consumo” y “no le interesa para nada experimentar o buscar novedades”, si bien el 40 % de los que muestran su preferencia por la cerveza estarían dispuestos a cambiar por vino.

Beber vino es una acción que se “planifica mucho más que la cerveza”, pero puede ser sustituido fácilmente por otro tipos de bebidas (alta alternancia), según el estudio. No obstante, a pesar de su escaso consumo frente a la cerveza, el vino se asocia a momentos placenteros, hedonistas y de indulgencia, pero también de celebración.

Entre las conclusiones, el estudio apunta a la necesidad de “mirar al vino más allá” de su imagen clásica, incluyendo la posibilidad por ejemplo de servirlo con hielo; o aprovechar “las grandes oportunidades” que aún tiene para evolucionar y ser protagonista en la vida de las personas.

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Publicado en: Agricultura
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