ALIMENTACIÓN

El consumo de pan sigue en horas bajas

El pan celebró ayer su Día Mundial con su consumo en España. No fue una aniversario feliz porque su consumo sigue en un claro y pronunciado declive, una caída que preocupa al sector y a la que intenta hacer frente mientras se adapta a la nueva legislación, en vigor desde el pasado 1 de julio.

play Bodegón de panes. Su consumo sigue a la baja. Foto: lrs.Bodegón de panes. Su consumo sigue a la baja. Foto: lrs.

El consumo per cápita de pan entre los consumidores evoluciona claramente a la baja y en las últimas dos décadas acumula un descenso del 45 %, hasta situarse en los 31,5 kilos al año, según los datos más recientes -correspondientes a julio y divulgados esta misma semana- del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
La nueva norma de calidad, vigente desde hace apenas tres meses y medio, tiene entre sus objetivos precisamente incrementar el consumo de este producto.
La industria del pan ha achacado este retroceso en ventas a la creencia popular de que se trata de un producto que engorda, pero también a los cambios en los hábitos de consumo.
Ejemplo de ello son las parejas con hijos pequeños, que de acuerdo con estadísticas recogidas por el sector consumen un 43 % menos pan que la media.

La nueva cultura del pan

Pese a que las estadísticas no muestran mejora, en los últimos años sí se ha detectado una nueva “cultura del pan”, con productos de mayor valor añadido -y, por ende, también mayor precio- ligados a los cereales, la masa madre o la harina integral. De hecho, el motivo aducido por el Gobierno para modificar la normativa era precisamente actualizar una legislación que no se había tocado en 35 años, por lo que no se ajustaba ya a la realidad que se encontraba el consumidor en el lineal.
Por ejemplo, los panes podían venderse con reclamos como “integral” o “con masa madre” independientemente de la cantidad que incluyeran de estos ingredientes, algo que a partir de ahora está prohibido si no se cumplen unos mínimos.

Panes elaborados en una fábrica. Foto: EFE/Belén Delgado

Además de las panaderías tradicionales, la legislación -que incluye también una reducción del IVA en los panes comunes- afecta directamente a los productores de masas congeladas y los diferentes tipos de pan de molde, entre otros. Fuentes del sector han confirmado a Efeagro que ya comienzan a llegar al lineal del supermercado productos fabricados bajo la nueva norma de calidad, una vez van desapareciendo los excedentes producidos antes del 1 de julio.
La introducción de los cambios normativos exige a algunos fabricantes modificar sus recetas o cambiar el etiquetado de sus envases para dejar de usar ciertos reclamos, pero también para dar más detalles sobre su composición.
Desde la marca The Rustik Bakery -perteneciente al grupo Bimbo-, un portavoz ha explicado que por el momento “no se ha realizado ningún cambio en la receta de las diferentes referencias”, y que han optado por “modificar la información que aparece en el envase para adaptarla”.
“El proceso de adaptación está siendo ciertamente complejo y que requiere un enorme esfuerzo y dedicación por parte de equipos multidisciplinares en las empresas”, ha apuntado el secretario general de la asociación Produlce, Rubén Moreno.

¿Cómo adaptarse a la norma?

El responsable patronal -entre cuyos miembros se encuentran empresas vinculadas al negocio del pan como Bimbo o la dueña de Panrico, Adam Foods- ha incidido en que la manera de abordar los cambios exigidos “depende de cada empresa”.
Además, ha asegurado que la industria ya trabajaba anteriormente en la mejora de sus etiquetas para transmitir la información al consumidor, e igualmente se esforzaba por innovar en sus recetas para ofrecer “nuevos productos adaptados a las necesidades y gustos de los consumidores”.
El desafío ahora radica “en comunicar al consumidor que podrá seguir encontrando el mismo producto que le gustaba” pese a los cambios en el etiquetado, según Moreno, quien confía en que el sector sea capaz de “aprovechar ese nuevo empujón a la cultura del pan” dado por la nueva norma de calidad.
No obstante, ha insistido en las dificultades que entraña y ha advertido de que “requerirá de cierto tiempo” poder valorar sus consecuencias.
Antes de su entrada en vigor, Produlce alertó del riesgo de que la legislación potencie las importaciones de otros países, dado que los productos fabricados en el extranjero no se ven afectados.

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