COLZA ANIVERSARIO

Colza: el aceite “maldito” en España que cotiza al alza en otros países

De nombre maldito y de infausto recuerdo en España, el aceite de colza sigue bajo el estigma provocado por un caso de intoxicación masiva del que se cumplen ahora 40 años mientras en otros países es una de las grasas más valoradas para cocinar debido a sus propiedades saludables.

Un tractor trabaja en la recolección de colza. Efeagro/EPA/Jeon Heon-KyunUn tractor trabaja en la recolección de colza. Efeagro/EPA/Jeon Heon-Kyun

En el mercado nacional, su venta directa al consumidor para competir con otras grasas como la de oliva o girasol apenas se plantea, aunque sí es utilizado (de forma puntual) por la industria alimentaria como un ingrediente más, bajo denominaciones como “aceite de canola“.

Los datos publicados por la patronal de envasadores españoles de aceite (Anierac) no dejan lugar a dudas: en todo 2020 se comercializaron 19.000 litros de aceite de colza, un año en el que se vendió 18.000 veces más cantidad de aceite de oliva (349 millones de toneladas) y 14.000 veces más aceite de girasol (277 millones de toneladas).

De hecho, la colza se vio superada por aceites poco usados en España como el de cacahuete (74.000 litros), el de pepita de uva (31.000 litros) o el de algodón (26.000 litros). Y si se observa la secuencia histórica, que arranca en 1994, llama la atención que hubo años enteros sin llegar a los mínimos requeridos para figurar en la estadística.

Recuperación del cultivo

Pese a ello, en algunas comunidades autónomas su cultivo se ha intentado recuperar debido a sus ventajas agronómicas, y se dirige tanto a la exportación para consumo humano -Portugal o Francia son ejemplo de ello- como a la producción de piensos para animales o incluso biodiésel.

Un coche circula por la carretera en Navarra junto a unos campos de colza con un intenso color amarillo. Efeagro/Jesús Diges

De hecho, durante estos días la flor de colza proporciona imágenes bucólicas al vestir de amarillo los campos en diferentes partes del país.

Yo hasta los 20 años he vivido la colza como lo peor que ha ocurrido en mi casa“, reconoce Adrián Jiménez, técnico especialista del Servicio Agronómico de la cooperativa Acor, entidad que ha apostado por recuperar este cultivo debido a una serie de ventajas que aporta a los agricultores.

En su propia casa, varios familiares resultaron intoxicados por ingerir aquel aceite de colza tóxico a principios de los 80 y han sufrido sus consecuencias: “Mi pueblo fue de los más afectados, murieron cuatro o cinco personas y mucha gente tuvo secuelas“.

En declaraciones a Efeagro, Jiménez insiste una y otra vez en lo injusto del estigma que pesa sobre la colza por un doble fraude, ya que el producto se vendió como si fuera de oliva y en su elaboración se utilizó aceite adulterado y tóxico para reducir costes, con fatales consecuencias.

Botellas de aceite de colza adulterado recogidas por la policía en 1981. Efeagro/aa

Hay una gran asignatura pendiente en relación con el aceite de colza para eliminar esa imagen de la mente del consumidor y que deje de relacionar el producto con el problema que hubo. La prueba está en que es muy usado en otros países“, recalca.

Ventajas agronómicas y medioambientales

 El técnico de Acor asegura que además de Castilla y León -donde opera la cooperativa-, también hay cultivos en Aragón, Navarra, País Vasco y Extremadura, entre otras zonas.

“Empezamos a recuperar el cultivo porque desde el punto de vista agronómico es muy bueno para el campo”, señala Jiménez, que cita entre sus ventajas que es complementario con otros -por las fechas de siembra y floración-, que su aporte de materia orgánica al suelo es “importante” y capta más CO2.

Además, es una especie de “bufé libre” para las abejas y su polinización y resulta “rentable” para el agricultor debido a los rendimientos económicos obtenidos.

“La superficie dedicada a su cultivo fluctúa mucho en secano, pero en regadío se mantiene e incluso crece. La colza ha venido para quedarse“, sentencia Jiménez.

Flor de la colza. Efeagro/EPA/Martin Divisek

Acor diversificó su actividad con la construcción de una planta de aceites que procesa girasol y colza, y el producto extraído de esta última lo destina sobre todo a Portugal, donde colabora con la aceitera Sovena.

Otra parte se dirige a alimentación animal, un ámbito en el que es un complemento muy valorado.

En este sentido, algunos expertos han advertido de que la reducción de la cosecha estimada para 2020 en la UE agrava la dependencia europea hacia las importaciones de proteína vegetal para abastecer a la cabaña ganadera.

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