AGRICULTURA CORONAVIRUS

Miguel Blanco, el apicultor que dirige COAG desde Zamora esperando la nueva normalidad

Lo cotidiano ha cambiado mucho en pocas semanas para Miguel Blanco, acostumbrado hasta mediados de marzo a vivir tres días a la semana en Madrid y el resto en Zamora, donde tiene colmenas distribuidas por la sierra de la Culebra.

El secretario general de COAG, Miguel Blanco, cuidando de sus colmenas. Efeagro/M.B.El secretario general de COAG, Miguel Blanco, cuidando de sus colmenas. Efeagro/M.B.

Entre colmenas y videoconferencias pasa estos días el apicultor Miguel Blanco, secretario general de la organización agraria COAG, que ahora dirige desde Zamora mientras cuida de sus abejas y espera una nueva normalidad en la que pueda retomar su intensa agenda.

Lo cotidiano ha cambiado mucho en pocas semanas para Miguel Blanco, acostumbrado hasta mediados de marzo a vivir tres días a la semana en Madrid y el resto en Zamora, donde tiene colmenas distribuidas por la sierra de la Culebra, según cuenta a Efeagro.

La activación del estado de alarma restringió los desplazamientos y ahí se quedó, viajando a diario desde Zamora a sus cinco colmenares que distan entre sí hasta 110 kilómetros.

Trabajo en el campo

Cada colmena produce unos 20 kilos de miel al año (variedad brezo y cantueso), un trabajo laborioso del que él mismo se encarga, con el apoyo de algún empleado ocasional cuando es necesario, fundamentalmente durante la época de la extracción, a finales de septiembre y primeros de octubre).

Antes, explica Blanco, le ayudaban sus familiares directos, que ya son mayores y no pueden hacerlo.

Ahora, el confinamiento le deja más tiempo disponible para dedicarlo a su campo, al no poder desplazarse a Madrid y otros puntos de España para cumplir con sus responsabilidades como máximo dirigente de COAG.

“Todo ese tiempo lo he ganado, o bien para gestionar desde mi oficina en casa asuntos de COAG o bien para el trabajo en el campo. La cuestión es que llevo las tareas al día”, explica.

Una nueva rutina en la que se encuentra a gusto, porque por un lado “no ha sentido el confinamiento” al tener que ir a diario a las colmenas y, por el otro, quedarse en Zamora no ha supuesto descuidar la gestión de la organización agraria.

Miguel Blanco

La Comisión Ejecutiva de COAG se está coordinando “muy bien”, con reuniones telemáticas semanales, y junto con el trabajo de sus técnicos están consiguiendo solventar los problemas de sus asociados.

“No hemos perdido el tiempo en ningún sentido. No ha habido ningún problema”, asegura Miguel, quien reconoce que esa gestión de la organización a distancia le ha permitido ganar tiempo para el cuidado de sus abejas.

Pero es consciente de que esta nueva forma de vivir será temporal, hasta que la remisión o el control de la pandemia permita desembarcar en esa nueva normalidad que le devolverá a un día a día similar al que estaba acostumbrado.
Mientras tanto, admite que “se agradece, de vez en cuando, un cambio”, porque “también es bastante agotadora” la dinámica semanal de reuniones presenciales o viajes a cualquier punto de España.

Un partón “un tanto extraño”

Blanco reflexiona que el parón a mediados de marzo fue “un tanto extraño” y le generó “desasosiego”, pero tras aceptarlo le sirvió para “reponer y cargas pilas”, porque arrastraba “cansancio” después de varias semanas “fuertes” marcadas por las movilizaciones de los productores en todo el país ante la situación de crisis de precios en origen que viven.

Unas movilizaciones que tanto su organización como el resto de convocantes pararon en seco ante la COVID-19, cuando muchos de los productores, como subraya, cambiaron las protestas por las labores de fumigación y desinfección en las calles de sus pueblos.

Miguel Blanco, a sus 63 años, se ve como tantos otros ante una nueva etapa marcada por la incertidumbre, que tendrá sus consecuencias para el sector agroalimentario y que su organización tratará de gestionar en beneficio de sus asociados y del campo español.

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