SEQUÍA CAMPO

Ciencia, pseudociencia y tradición: todos aportan cuando la sequía llega

Los agricultores y ganaderos incrementan su demanda de información meteorológica y búsqueda de agua en el subsuelo cuando la sequía se agrava. Acuden a diferentes saberes que transcurren entre lo científico y la tradición.

El zahorí José Antonio Barboteo durante una búsqueda de agua en una finca. EFEAGRO/Cedida por J.A.B. El zahorí José Antonio Barboteo durante una búsqueda de agua en una finca. EFEAGRO/Cedida por J.A.B.

Da igual que estén basados en criterios científicos, pseudocientíficos o en saberes ancestrales porque ya sean ingenieros agrónomos, zahoríes o cabañuelistas todos aportan y todos son demandados por el agricultor y el ganadero cuando la sequía diezma sus explotaciones.

España sigue inmersa en un ciclo de sequía que se agrava ante la falta continuada de precipitaciones y con los embalses ya por debajo del 40 % de su capacidad, lo que se traduce en problemas de agua para abastecer al ganado y regar los cultivos.

Cada vez que esto ocurre, recobran protagonismo por ejemplo los zahoríes, personas con un instinto o un sentido especial para detectar cambios de electromagnetismo en el suelo provocados por la presencia de corrientes y bolsas de agua subterráneas, como es el caso del malagueño José Antonio Barboteo, que ha relatado a Efeagro cómo desarrolla su labor en toda la península.

Lleva más de una década desplazándose a fincas para señalar en qué punto concreto es recomendable hacer una prospección para sacar agua y comienza cada trabajo recorriendo el terreno con dos varillas metálicas -una en cada mano- de tal forma que cuando las varillas se cruzan indican que justo debajo hay un paso de agua. Sobre ese punto, hace una pasada con una varilla de árbol que se inclinará hacia abajo y será su grado de inclinación el que determine la fuerza de la corriente (caudal).

Elevado porcentaje de aciertos

En 92 de cada 100 sondeos encuentra agua, según señala, e indica que ya el año pasado la demanda de sus servicios fue en aumento por la sequía, si bien en 2017 han comenzado a requerirle algunos ganaderos, cuando lo habitual ha sido que le llamen agricultores.

El catedrático de Hidrología de la Universidad de Córdoba (UCO), Juan Vicente Giraldez, no quita valor a la labor del zahorí porque, según remarca, “es posible que haya gente con una sensibilidad especial para encontrar agua, igual que hay otros con una sensibilidad mayor para captar los aromas del vino o animales capaces de predecir terremotos”.

Efecto de la sequía en un campo de cultivo. EFEAGRO/Cedida por UPA.

Efecto de la sequía en un campo de cultivo. EFEAGRO/Cedida por UPA.

Desde un punto de vista científico, Giraldez apunta a que las características del suelo o el régimen de lluvias de un terreno son algunos de los criterios que estudia un ingeniero para determinar los puntos exactos en los que buscar agua.

El experto, según detalla, tendrá que valorar por ejemplo el tipo de suelo, porque uno arcilloso tiene “muchos poros” superficiales que absorben agua pero son de pequeño tamaño y no infiltrarán bien mientras que un suelo de piedra caliza es más proclive a tener acuíferos ya que el agua de lluvia se infiltra, erosiona la caliza y va generando canales subterráneos.

La situación geográfica -teniendo en cuenta las pendientes, vaguadas o montañas- que circundan un territorio son también un aspecto esencial, según este experto.

Las cabañuelas, otro recurso

Pero no sólo la búsqueda de agua repunta en época de sequía porque también cobran más protagonismo las predicciones de las ancestrales Cabañuelas, hechas por personas que estudian al detalle el cielo y el viento de los primeros 24 días de agosto para determinar cómo será el siguiente año, meteorológicamente hablando.

Es el caso del cabañuelista Juan Miguel de los Santos, profesor de Secundaria y Químico en Valverde del Camino (Huelva), quien alcanza cerca de un 70 % de aciertos en sus predicciones y que en declaraciones a Efeagro reconoce que los agricultores y los medios de comunicación son los más interesados por sus previsiones cuando la sequía aprieta.

Explica que en esos 24 días de agosto -dos días de estudio por cada mes del próximo año- está muy atento cada jornada a la aparición de posibles nubarrones aunque no descarguen agua o a la fuerza del viento para luego plasmar sus predicciones y ya avisa de que 2018 será “muy seco”, al menos en su zona porque, eso sí, cada cabañuela se circunscribe al área en la que se realiza.

Cuando la sequía se prolonga, la necesidad de encontrar agua para abastecer el campo y la impaciencia por saber qué pasara el próximo año se adueñan de los agricultores y ganaderos que no dudan en echar mano de todos estos saberes consolidados con el paso del tiempo.

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