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Calahorra, cuna de la industria vegetal española

Una investigación, plasmada en el libro “Historia de la industria de conservas vegetales: Calahorra (La Rioja) 1852-2014“, acredita que el origen de la industria de las conservas vegetales en España estuvo en esta ciudad riojana.

Productos de la huerta riojana. Foto: EFE ARCHIVO/ Abel AlonsoProductos de la huerta riojana. Foto: EFE ARCHIVO/ Abel Alonso

María Antonia San Felipe, doctora en Historia Contemporánea, y Sergio Cañas, licenciado en Humanidades, son los autores de esta publicación, editada por el Instituto de Estudios Riojanos, y en la analizan la evolución de este sector agroalimentario, que ha resultado clave en el crecimiento de Calahorra y La Rioja.

El relato se detiene en los momentos de máximo esplendor del sector, que llegó a liderar la producción nacional hasta avanzado el siglo XX, ha relatado a Efe San Felipe, quien ha añadido que esta investigación ha permitido también certificar que en Calahorra estaba la mayor concentración de industrias de este sector de toda España, con 38 firmas de las 64 que había en todo el país.

La exportación fue la principal salida de los productos conservados que tenían por origen Calahorra.

Cuba, Argentina, Filipinas y, sobre todo, Estados Unidos, fueron los principales receptores del famoso pimiento calagurritano que se exportaba, vía puerto de Bilbao, a través de la Compañía Trasatlántica Española.

El estudio también ha permitido profundizar en la tenaz pelea arancelaria que Estados Unidos tuvo con el pimiento calagurritano y, español, en general, ha relatado San Felipe.

La política proteccionista de Estados Unidos hizo que en los puertos de llegada se gravara con el arancel más desfavorable a los intereses españoles la importación de pimiento.

Era una forma de proteger del pimiento californiano, que comenzaba entonces a producirse, aunque la calidad no era comparable con el pimiento morrón dulce que tanta fama dio al pimiento de Calahorra, ha recalcado.

Conservas para los soldados del frente

La Primera Guerra Mundial fue también un período de expansión de las conservas vegetales calagurritanas y riojanas, que se abastecieron a ambos frentes.

La investigación también acredita que, durante la Guerra Civil, salieron de Calahorra 22.210.058 kilos de comida, no solo de pimiento y tomate sino de ranchos alimenticios, a base de patatas con chorizo, alubias u otros, para alimentar al ejército nacional.

En ese período y como dato curioso, ha indicado la investigadora, con la intermediación de Juan March y el Banco Hispano Americano, se financió una operación de suministro de 200.000 cajas de tomate a cambio de 40.000 latas de hojalata con Inglaterra, para no parar la producción y permitir que el bando de Franco obtuviera las correspondientes divisas tan necesarias para su financiación.

A partir de este período, otras zonas españolas, sobre todo, del litoral, como Murcia, Valencia o Barcelona fueron ganando mercados.

La documentación del Archivo Histórico del BBVA también ha permitido conocer la evolución del sector gracias a los informes de auditoría de los antiguos Banco de Vizcaya y Banco de Bilbao.

“Gracias a ellos -ha precisado San Felipe- hemos visto como el conocido hoy como el ‘efecto frontera’, por la diferencia fiscal de los territorios forales, se dejó ya notar desde comienzo de los años 50 del siglo XX y por la posterior exclusión de La Rioja de los Polos de Desarrollo Industrial de los años 60”.

El estudio también aborda uno de los problemas principales que padecía el sector y que fue la escasez de hojalata, debido a la incapacidad de la industria siderúrgica nacional de abastecer desde finales del siglo XIX a la industria conservera, tanto de vegetales como de pescados.

Conservas versus congelados

En los años 70 se produjo un repunte importante de la producción de conservas vegetales en Calahorra, pero a partir de los años 80 nuevas formas de consumo -congelados- y la falta de inversión de las empresas familiares locales para mejorar tecnológicamente sus industrias hizo que, poco a poco, fuera desapareciendo esta industria de la que Calahorra “fue pionera indiscutible”, ha dicho.

La lucha por unos salarios parecidos a los de los hombres o las mejoras de las condiciones laborales también forman parte de este estudio, que ha acreditado cómo la intrahistoria social de las fábricas de conservas, sobre todo, finales del siglo XIX y mitad del siglo XX, son realmente una página muy interesante que ilustra e ilumina parte de la historia económica y social de España.

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