AGRICULTURA ALCARRÀS

Alcarràs más allá de la película, así es la realidad de sus agricultores

La aclamada película «Alcarràs» ha dado a conocer en medio mundo la vida de los payeses de este pequeño municipio leridano, referencia del cultivo de frutales y de la ganadería a nivel nacional y que, como muestra el filme de Carla Simón, también sufre los problemas que enfrenta el campo.

Un temporero trabaja en la recolección de fruta en un campo de Alcarràs (Lleida). EFE/ Ramon GabrielUn temporero trabaja en la recolección de fruta en un campo de Alcarràs (Lleida). EFE/ Ramon Gabriel

La cineasta parte de sus recuerdos de niña en esa localidad, en la que viven sus tíos, para hacer un retrato nostálgico del que será el último verano de recogida de melocotón de una familia de agricultores, ya que el dueño de las tierras ha decidido cambiar los árboles frutales por paneles solares.
El esfuerzo que supone trabajar en el campo, la venta a pérdidas de lo cosechado, la falta de relevo generación y la entrada de grandes empresas en las tierras están presentes en la película, en una pulso entre tradición y cambio tan real que los agricultores de la localidad se han sentido plenamente identificados.
«La película es muy real. La forma de trabajar y la convivencia familiar que muestra a mí me recordó a mi infancia de una manera muy bestia porque era así con mis hermanos y primos», dice a Efeagro el agricultor de Alcarràs Miquel Serra, de 54 años.
También es real la forma en la que el filme refleja la dureza del trabajo y lo difícil que es conseguir vender por encima del coste de producción, continua Serra, quien al igual que el protagonista de la película, Quimet Solé, cultiva melocotones y paraguayas, pero también manzanos y almendros.

REFERENTE EN EL SECTOR AGRARIO ESPAÑOL

Con menos de 10.000 habitantes y 12.000 hectáreas de tierras, Alcarràs es un referente en el sector agrícola y ganadero español, dice a Efeagro el responsable de la organización agraria COAG en la localidad, Jaume Bernis.
Alberga la cooperativa de fruta de hueso más importante del país y es el municipio de Europa con más densidad de granjas de diverso tipo de ganado por kilómetro cuadrado.
El tamaño de las fincas, de entre 12 y 20 hectáreas, permite que las familias aún puedan «subsistir» de su trabajo «con un poco de dignidad», aunque algunos agricultores lo han dejado y se han ido a trabajar para las grandes empresas que han llegado a comprar tierras, apunta Serra.
En la ficción, la familia Solé pierde las tierras que trabaja porque los herederos de la persona que antaño se las vendió no respeta el trato de palabra, sin contrato, que entonces se hizo, y quiere usar el terreno para instalar paneles solares.
La realidad es que se están dejando terrenos agrícolas para la instalación de placas solares, señala Bernis, que no está en contra de esta tecnología, que él mismo usa en los techos de su granja para ahorrar costes energéticos, pero sí contra los «oligopolios» que llegan para montar grandes huertos solares.

 

Fotograma de «Alcarràs», dirigida por Carla Simón. EFE/Lluis Tudela/Avalon.

POLÉMICA ACTUAL CON LOS PANELES SOLARES

La temática no puede estar más de actualidad en Alcarràs, donde las multinacionales Ignis y Solaria proyectan instalar en una superficie de 800 hectáreas propiedad de la empresa Vall Companys el que, según Bernis, será el mayor huerto solar de Cataluña.
La instalación de las líneas de alta tensión necesarias para extraer y conducir la energía que generen esas placas solares pasa por otras fincas y esto ha puesto en pie de guerra a muchos agricultores del pueblo, que han presentado miles de alegaciones contra el proyecto.
Si estas líneas de evacuación de energía pasan por una finca, su valor disminuye y además limita lo que el agricultor puede hacer en ella, «sin mencionar el tema de las radiaciones, porque hay opiniones para todo», explica Serra.
«Además tiene una importancia paisajística, sobre todo en la época de floración de los melocotones, que es espectacular, y la instalación de las líneas de alta tensión afectan a todo eso», añade.

NO HAY RELEVO GENERACIONAL

Serra tiene un hijo de 27 años que es ingeniero agrónomo y quiere trabajar el campo, lo que le convierte en una «rara avis» en Alcarrás, dice este agricultor, que comenta que cuando va a la cooperativa a descargar la fruta, de 150 socios que tiene esa corporación, apenas ve a tres o cuatro jóvenes de esa edad.
«La gente joven estudia una carrera, o se van de funcionario, etc. Pinta muy mal (el futuro) y es consecuencia de la dureza de este trabajo y de lo que cuesta que sea rentable. Trabajar tan ajustado es muy duro«, expresa.
A nivel provincial, según datos aportados a Efeagro por el presidente de la organización agraria Asaja en Lérida, Pere Roque, en los últimos 20 años el censo agrario de productores de fruta dulce ha disminuido un 50 %.
La propia directora de la película, que en un primer momento quería un final feliz para la historia, se dio cuenta en el proceso de que no podía ser de esa manera porque en realidad «no hay esperanza» ni relevo generacional por lo difícil que es vivir dignamente del campo.
«El final es real, por desgracia, pero esperemos que podamos ir aguantando», expresa Serra.

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