DÍA MUNDIAL DEL AGUA

Agua, agricultura y tecnología, el paradigma de alimentar a más con menos

El reto de alimentar a una población que en 2050 llegará a los 9.000 millones es un desafío que, según sector y expertos, sólo se podrá afrontar desde la práctica de una agricultura sostenible, capaz de producir más con menos agua y energía, y con la innovación y la tecnología como herramientas.

Una finca de regadío en Canarias. EFE/CARLOS FDEZUna finca de regadío en Canarias. EFE/CARLOS FDEZ

Este domingo se celebró el Día Mundial del Agua, que bajo el lema “Agua y desarrollo sostenible” recuerda a los ciudadanos del mundo que “una gota de agua es más necesaria que nunca”.  Según la ONU, “el agua tiene un impacto positivo en la vida de miles de millones de personas, al incidir en cuestiones que afectan a la seguridad alimentaria y energética, la salud humana y al medio ambiente”, y recuerda que aunque se necesita un litro de agua para irrigar una caloría de alimento, un uso ineficiente puede elevar esa cifra hasta los 100 litros.

En términos globales, la agricultura es la usuaria más importante de agua en el mundo, un 70 %, y en un escenario en el que el desarrollo económico modificará la dieta humana se calcula que será necesario que se produzca un 60 % más de volumen de alimentos; pero el agua es un bien finito, y su uso ineficiente conduce al agotamiento de los acuíferos y caudales y degrada el medioambiente.

La agricultura es la usuaria más importante de agua en el mundo

En opinión del director general del Instituto Interamericano para la Cooperación en Agricultura (IICA), Víctor Villalobos, “requerimos un cambio de paradigma en la comprensión de la relación entre agua y agricultura; el uso eficiente en el agro debe abordarse desde varias disciplinas y reconocerse como un asunto de atención inmediata en los diferentes tipos de agricultura”.

En una entrevista con Efeagro, Villalobos recuerda que el IICA identifica cinco grandes desafíos: la disponibilidad de agua; la competencia intersectorial por ella; la eficiencia -mediante innovaciones que pueden venir de la biotecnología, la genómica funcional, la nanotecnología y las infraestructuras para el riego-; mejorar la capacidad de las Administraciones en su gestión; y el impulso de innovaciones orientadas al ciclo hidrológico.

Proyectos internacionales

Entre los proyectos internacionales que trabajan actualmente en este ámbito, está el denominado Gestión Integral del Agua en la Agricultura familiar (Giaaf), que se lleva a cabo con la colaboración del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama) y Ayuda en Acción.  Su objetivo, explican desde el IICA, es la transferencia de conocimientos de tecnología de regadíos y gestión de recursos hídricos de España a Perú, Nicaragua y Costa Rica.  En el caso del Programa de Desarrollo del Sector del Agua (Interaguas), en el que coopera el Instituto, tiene lugar en Brasil y busca la gestión integrada a través del aumento de la eficiencia en el uso del agua y en la prestación de servicios, del suministro sostenible de agua en cantidad y calidad adecuadas a múltiples usos.

Imagen de un sistema de regadíos. EFEAGRO/Cedida por Fenacore.

Imagen de un sistema de regadíos. EFEAGRO/Cedida por Fenacore.

Esta semana, un grupo de expertos internacionales en agrogenómica han debatido en Barcelona cómo la modificación genómica de las plantas puede llegar a incrementar hasta en un 70 % la producción mundial de alimentos, avances que ya son utilizados en Estados Unidos, pero no en la Unión Europea.

Y si bien se planteaba que “la transgenia no es la solución a todos los problemas”, sí se recordó que es una “herramienta que puede ayudar mucho a afrontar los nuevos retos, que son producir más y mejores alimentos sin precisar de más superficie, ni agua y en condiciones adversas, fruto del cambio climático”.

Maíz tolerante con la sequía

Es el caso del proyecto Wema (Water Efficient Maize for Africa), un programa publico-privado coordinado por la African Agricultural Technology Foundation, que busca, a través del desarrollo de variedades de maíz tolerantes a la sequía y a las plagas, evitar las pérdidas de cosechas y formar sobre todo a pequeños agricultores, por ahora en Kenia, Mozambique, Sudáfrica, Tanzania y Uganda.

El maíz es el cultivo más extendido en África y más de 300 millones de personas dependen de él como fuente de alimento, por lo que el proyecto plantea que estabilizar los rendimientos y alentar a los pequeños agricultores a adoptar las mejores prácticas de gestión es fundamental para la seguridad alimentaria de la zona.

Otros proyectos, como AquaTek(TM) en Italia o DroughtGard Hybrids en Estados Unidos, trabajan para unir en la producción de maíz la gestión del agua, la mejora genética de semillas (que las haga más resistentes al estrés hídrico), los sistemas de riego y la formación para mejorar la productividad y conservar el medioambiente.

Asegura la ONU que “una gota de agua es flexible, es poderosa, es más necesaria que nunca”, y los sectores agrario, tecnológico, científico e industrial trabajan para que no se pierda ni una sola, y la sociedad así se conciencie de ello

 

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