AGRICULTURA SOCIEDAD

De día en el campo, de noche en la ciudad: el «agro-urbanita» también existe

Es un perfil menos conocido e incluso algunos pensarían que inexistente, pero el agricultor y el ganadero que de día va a su explotación y de noche duerme en una gran ciudad existe y aporta al sector primario producciones de alcachofa, aceite de oliva, cebolla, arroz o ibéricos.

La ganadera Reyes López en su finca de Constantina. Efeagro/R.L.La ganadera Reyes López en su finca de Constantina. Efeagro/R.L.

«El problema es que la gente piensa que para trabajar en el campo necesitas irte a la España vaciada», indica el agricultor Roberto Expósito, que tiene terrenos a un kilómetro de su piso de «75 metros cuadrados» en el valenciano barrio de La Torre donde vive con su mujer y sus dos hijos.

Tres agricultores en un arrozal a las afueras de Valencia. EFEAGRO/J.J.RÍOS

Relata a Efeagro que lo suyo viene de familia porque su padre, abuelos y bisabuelos ya trabajaron la tierra y ahora él lleva el testigo y lo tiene claro: «Nacería 20 veces que las 20 me hubiese dedicado al campo» a pesar de residir en la tercera ciudad más poblada de España, con cerca de 800.000 habitantes.
De sus huertas, localizadas tanto en el término municipal de Valencia como en Sueca, obtiene alcachofas, cebollas y, cómo no, arroz, y reivindica el origen agrario de las grandes ciudades como la suya que se asentaron sobre «una vega próspera y rica» para crecer.

El agricultor valenciano Roberto Expósito en su explotación con su hijo. Efeagro/R.E.

Por eso pide no darle la espalda al campo porque está «seguro» de que «nadie tiene a más de seis kilómetros de su casa una zona agrícola».
Para Expósito «tan ciudad son sus campos como el mismo centro» de la urbe e incide en que su explotación «forma parte de Valencia y sus características» porque, «si no fuera por nuestro campo, esta ciudad no hubiera existido».
Es feliz con su oficio porque además le permite vivir de ello gracias a la venta de sus productos en el comercio de proximidad.

La rutina de Carlos Muñoz

También de la venta directa vive Carlos Muñoz, otro valenciano, que se dedica a la agricultura ecológica de la almendra y del aceite así como a la producción de miel.
Tiene terrenos a 40 y a 240 kilómetros de Valencia, donde vive frente a las céntricas Torres de Serranos.
Según apunta a Efeagro, reparte su trabajo rutinariamente entre sus explotaciones apícolas y agrícolas en función de las tareas que tenga que desarrollar.

Su caso es distinto al de Roberto, porque no ha heredado el oficio pero siempre se ha sentido atraído por el campo y a ello se dedica.
Además reconoce su predilección por el entorno rural y, de hecho, vive en Valencia para no estar lejos de su mujer y de sus hijos que trabajan y estudian ahí.
En todo caso se siente afortunado por poder tener «ambas cosas»: vida de campo y de ciudad, algo que sí «es posible».
A sus 67 años asegura que seguirá trabajando «hasta que el cuerpo se lo permita».

Una ganadera sevillana

Y un perfil también atípico es el que encarna Reyes López, ganadera que hace noche en el sevillano barrio de San Julián pero que tiene su explotación en Constantina (Sierra Norte).
Su pasión por el sector primario se la despertó su amigo José Manuel al que recuerda con mucho cariño porque le enseñó «todo» en este mundo gracias a que compartieron trabajo en una empresa dedicada a la aceituna de verdeo y a la naranja.
Ahora cría vacuno y ovino en ecológico, además engorda cerdos ibéricos en la época de montanera y, por si fuera poco, cuenta con 150 hectáreas de olivar.

Mucho trabajo que lleva «mucho papeleo», del que se queja insistentemente porque dice que hay demasiada «burocracia» para poder gestionar una explotación.
Lleva ya 23 años trabajando en la finca y todo ese tiempo, por lo tanto, haciendo viajes de ida y vuelta entre la capital andaluza y Constantina, a 90 kilómetros.
A sus 59 años reconoce que cada vez se le hace «más cuesta arriba» pero sigue apegada a su Sevilla natal porque vive con su madre, de 96 años, y prefiere hacerse los 180 kilómetros de ida y vuelta con tal de «darle un beso por la noche antes de acostarse».

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