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Nuestros hijos comerán más genética, restos de café y algas

Sandía, agua de pepino, nuez barú y algas marinas. Foto: Oceana / Efeagro. Sandía, agua de pepino, nuez barú y algas marinas. Foto: Oceana / Efeagro.

Científicos expertos en alimentación han propuesto la “mejora genética” de las hortalizas, el uso de cáscaras, restos de café o de pescado y el empleo de nuevas fuentes de proteínas, como algas, en respuesta a la pregunta “¿Qué van a comer nuestros hijos?”.

La Asociación Nacional de Obtentores Vegetales (Anove) planteó ayer ese interrogante en el marco de la feria hortofrutícola nacional en Madrid. Los investigadores han coincidido en que la alimentación sostenible es una tendencia, así como la preocupación medioambiental, pero es más incierto saber si habrá producción suficiente de comida para una población mundial que crece.
La investigadora del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL-CSIC) María Dolores del Castillo explicó que el empleo de suproductos alimentarios será cada vez más necesario, porque los recursos se acaban.
A su juicio, una solución a ese problema es la “bio-economía” -basada en una alimentación sostenible y en evitar que su producción afecte al medio ambiente-, que incluiría el empleo de esos restos para nuevos ingredientes o para envoltorios.
Como ejemplos, citó el aprovechamiento de sangre de mataderos, partes no utilizadas del pescado, derivados de naranja y sobre todo de café. Mencionó un proyecto con café cultivado en Agaete (Gran Canaria), por el cual los suproductos del tostado y la cascarilla, cuyo vertido es muy inflamable, podrían emplearse en colorante o en la elaboración de galletas sin azúcares añadidos.
Por otra parte, señaló que quienes recomiendan que se consuma menos alimentos de los que causan más impacto medioambiental, como la carne, deben pensar que “no se pueden evadir” las proteínas en la nutrición, sino sustituirlas por otras.

Fuentes de proteínas: algas e insectos

Del Castillo y el investigador en genética y catedrático de la Universidad de Almería Manuel Jamilena citaron, como posibles fuentes de proteínas, las algas o los insectos.

El ganadero de insectos José Luis Sánchez en las instalaciones de su empresa, que desde Níjar (Almería) se dedica a la producción de alimento vivo para insectívoros o animales que incluyan los insectos dentro de su dieta habitual, y en la que cría cuatro especies de cucarachas, cuatro de larvas y una de grillo. EFE/Carlos Barba

El ganadero de insectos José Luis Sánchez, en su granja de insectos. Foto: EFE / Carlos Barba

Jamilena manifestó que en el futuro es “segurísimo” que los alimentos que coman los ciudadanos estarán mejorados genéticamente y, aunque ha defendido los transgénicos, ha querido diferenciar y matizar ambos conceptos. “De aquí a 2050 lo que mejoremos va a ser en genética (…), que nadie se piense que vamos a comer tomates ancestrales”, subrayó, insistiendo en el empleo de semillas de mejor calidad.
Jamilena puso como ejemplo Almería, donde “sin mejora genética no podrían obtenerse semillas de calidad en el campo, ni tener hortalizas para España o para Europa”.
Sin embargo, en esa provincia “se han hecho esfuerzos enormes por reducir la parte química de la agricultura y se han dado pasos gigantescos en la lucha integrada” y mejoras genéticas en alimentos como sandía o pimientos para evitar las hormonas en el cultivo y conseguir “residuos cero”.
La Unión Europea (UE), que ahora no vende verduras transgénicas, “va a tener que subirse al carro” de los organismos genéticamente modificados, según Jamilena.
En ese sentido,  dijo que la biotecnología no es aceptada porque las empresas han apostado por ella centrándose a la “agricultura química” y el día en que eliminen esa dirección, cambiará la opinión del público, pidiendo en este sentido, que la UE tenga una mejor legislación.

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