Preocupación en EEUU

Los granjeros latinos emprenden labores de primavera en tiempos de la COVID-19

Cartel en Oxnard (California) que indica que los campos de fruta están abiertos pese a la COVID-19. Foto: EFEAGRO/Iván MejíaCartel en Oxnard (California) que indica que los campos de fruta están abiertos pese a la COVID-19. Foto: EFEAGRO/Iván Mejía

 Mientras inician la plantación de primavera decenas de granjeros latinos encaran los trastornos que la pandemia de COVID-19 ha traído en las cadenas de suministros de alimentos y que los han dejado, casi, sin compradores.


Este grupo de latinos, que no son parte del contingente de peones rurales que migran con las zafras, sino que son familias que han comprado o arriendan tierra y operan sus propias empresas en Virginia, donde la agricultura es la mayor industria privada, con un valor anual de 70.000 millones de dólares y más de 335.000 empleos.
“Esto a mí me afecta mucho”, dijo a Efeagro Pedro “Ari” López, un dominicano de 45 años de edad que desde hace unos 10 años cultiva su propia finca en Lawrenceville, 280 kilómetros al sur de Washington DC., y siembra frijoles en ocho hectáreas que arrienda en Carolina del Norte, cerca del límite con Virginia.
“En tiempos normales yo vendo verduras a los restaurantes y ahora el 75 % de ellos está cerrado”, explicó. “Ésta es la época en que comienzan las ferias de granjeros. Yo tenía dos que debían empezar en mayo y otro puesto en una feria de Richmond. Ninguno de los tres sitios está abierto”.
En situación similar están los mexicanos Rosa Núñez, de 55 años, y su esposo Carlos, de 53, quienes iniciarán la semana próxima su siembra en las 56 hectáreas que arriendan cerca de Mechanicsville, unos 200 kilómetros al sur de Washington DC, donde tienen tres invernaderos de 30 metros de largo cada uno.

Cultivo en California (EEUU). EFEAGRO/Iván Mejía

Cultivo en California (EEUU). EFEAGRO/Iván Mejía


“Normalmente cultivamos verduras para la venta a las bodegas (almacenes) mayoristas que, a su vez venden a los restaurantes, las cadenas como Walmart, las tiendas grandes”, dijo Núñez, cuya familia ha estado trabajando en granjas de Virginia por unos 28 años.
“Sí me preocupa mucho lo que está pasando”, añadió. “En la zafra empleamos hasta once trabajadores y ya tenemos noticia de que vienen a trabajar. Nosotros mantenemos las normas” de distanciamiento social para prevenir el contagio del coronavirus.
Para la primavera la producción en la granja de López, quien vino a Estados Unidos cuando tenía 22 años de edad y ha bregado en la granja desde hace 10 años, incluye papa, cebolla, rábano, remolacha, repollo, brócoli, coliflor, lechugas, cilantro y kale (especie de col rizada).
Y en el verano su granja, que ha llegado a emplear hasta 18 peones rurales, produce chile, pimiento, tomate, pepino, calabaza, melón, sandía, elote, maíz para asar, moras y frijoles.
Pero la pandemia, que ha descalabrado en todo el país buena parte de las redes de producción, distribución y ventas de alimentos, está forzando a López y a más de dos decenas de granjeros latinos en la región a buscar otras formas de comercialización.

Falta relevo generacional 


En Estados Unidos los granjeros han sido, y siguen siendo, predominantemente hombres blancos. Uno de cada tres de ellos es mayor de 65 años de edad y a medida que pasan a retiro no encuentran sucesores lo cual ha agravado la crisis del sector golpeado por bancarrotas, atrasos en los pagos de préstamos y suicidios.
En la última década más y más inmigrantes, especialmente de América Latina, África y Asia han eludido el atractivo de las ciudades y las industrias manufactureras para dedicarse a las labores agrícolas que han ocupado a sus familias por generaciones.
Entre 2007 y 2017 el número de granjas operadas en todo el país por productores latinos creció casi un 30 %, al pasar de 66.000 a 86.000, según cifras de la Oficina del Censo. En Virginia se les encuentra desde las tierras planas en la cuenta del río Potomac hasta el inicio de los Apalaches, en el sudoeste.
“Estoy tratando una nueva estrategia”, dijo López, cuyos padres en República Dominicana cultivaban malanga y arroz. “Estoy remodelando mi casa, remozándola para atraer a compradores que vengan aquí en busca de productos frescos. En la casa está el vivero para flores, y la gente puede comprar huevos, gallinas, patos, gansos”.
Hasta ahora, López no sabe si califica para alguno de los programas por billones de dólares que se han aprobado en Washington DC con el propósito de mantener a flote la economía de Estados Unidos mientras continúan paralizadas las actividades por la pandemia.

Más integración 


El presidente de la Cámara de Comercio Latina de Estados Unidos, Ramiro Cavezos, dijo a Efe que las grandes empresas como Walmart y Kroger deberían “integrar” a los negocios hispanos en la cadena de suministros: “Es una oportunidad para empujar y promover la participación con grandes compañías”.
Durante un cuarto de siglo, Rosa y Carlos trabajaron para un terrateniente que llegó a ser “una bendición para la familia” apoyándolos con tierra, herramientas, equipos, conocimientos hasta que falleció hace tres años.
“Cuando empezamos por cuenta propia en 2018 nadie creía en nosotros”, agregó. “Pero, gracias a Dios, mucha gente nos ha apoyado, hemos tenido ayuda del gobierno, créditos para la semilla, y el apoyo del Programa de Extensión de la Universidad estatal de Virginia”.
“Teníamos los conocimientos y la determinación”, dijo. “Ahora tenemos unos ahorros y veremos cómo salimos adelante”.
Mientras tanto, buena parte de su actividad es atender a los clientes que se acercan a su propiedad para comprar algunas verduras, aunque es algo “muy irregular” y unos días aparece una veintena de compradores y, otros, solo un par de ellos, y así es difícil seguir adelante.

 

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