INNOVACIÓN AGRICULTURA

Italia se apunta a la bioeconomía

En 2017 el sector de la bioeconomía en Italia representaba un volumen total de negocio de 300.000 millones de euros, y, en trece años de actividad, logró crear dos millones de puestos de trabajo.

Investigación en Italia para estudiar el cultivo de tomates. Foto: EFE/Archivo/Belén DelgadoInvestigación en Italia para estudiar el cultivo de tomates. Foto: EFE/Archivo/Belén Delgado

La Estrategia de Bioeconomía del país transalpino, en ese lapso de tiempo, ha ido cogiendo velocidad de crucero y, en 2019, elevó su nivel de ambición, según informa el portal especializado italiano Agronotizie, socio de EURACTIV.com y de EFE.

Italia ha realizado fuertes inversiones en la bioeconomía, sobre todo en investigación, con el apoyo financiero de la Unión Europea (UE).

De hecho, el Instituto Italiano de Tecnología (IIT) cuenta con un equipo de investigadores que trabajan en la utilización de la biomasa para la producción de bioplásticos. Los materiales de desecho que pueden ser utilizados son de diverso tipo, entre ellos cáscaras de naranja descartadas en el proceso de producción de zumo de naranja, granos de café molido, cascarillas de arroz, maíz, o incluso restos de perejil: todos ellos materiales que los científicos han logrado convertir en plásticos.

Y, en relación con la economía circular, los investigadores del IIT han desarrollado bioplásticos especiales para plantas de maceta, las cuales, a diferencia de las de plástico tradicional, no se desechan cuando se vuelven a replantar. Por el contrario, son enterradas y se degradan, proporcionando nutrientes al terreno: un buen ejemplo de una perfecta economía circular.

Fertilizantes a partir de desechos de la industria agrícola

Muchas industrias agroalimentarias italianas producen grandes cantidades de desechos. La industria del tomate, por ejemplo, procesa millones de toneladas de tomates y los convierte en tomate pelado, en forma de puré y concentrado.

Las cáscaras y semillas de las frutas permanecen en las fábricas antes de ser enviadas a las plantas de biogás, pero en el futuro podrían ser recicladas en alimento para conejos y ganado.

Científicos del Consejo Nacional  de Investigación italiano de hecho ya han usado productos procesados derivados del tomate para enriquecer alimentos destinados a conejos y vacas lecheras.

Los aspectos positivos son dobles: sacar al máximo provecho de los desechos y proporcionar a los animales un alimento más saludable. Y, de, hecho, los análisis realizados hasta ahora sobre la calidad de la carne destinada a esos animales, reveló un aumento de su calidad nutricional.

Los científicos están ahora trabajando en cómo sacar provecho de las hojas de alcachofa, y el “pastazzo” (el residuo que queda después de exprimir los cítricos). No obstante, persisten dos problemas que hay que tratar: la estacionalidad de los productos, que prevé la disponibilidad de la cosecha de productos derivados en un marco temporal muy limitado, y los costes del transporte, almacenamiento y procesado.

En la misma Regulación 2019/1009 sobre fertilizantes (disponible en Fertilgest, el portal dedicado a la nutrición de los cultivos), los fertilizantes orgánicos y orgánico-minerales, regulados previamente a nivel nacional, están ahora regulados, por primera vez, a escala de la Unión Europea (UE), un paso concreto en dirección al desarrollo de una economía circular, la cual podría permitir que los desechos se convirtieran en materia prima (si tiene determinadas características).

Los elementos que han servido de base para la agricultura desde hace miles de años, entre ellos el uso de aguas residuales como fertilizante, podrían también reducir el gasto de las empresas, ya que no haría falta seguir comprando nuevos fertilizantes.

Una investigadora con un tarro de purines. EFE/Archivo. R.GARCÍA

Una investigadora con un tarro de purines. EFE/Archivo/R.GARCÍA

No sólo combustibles fósiles

Un método simple, pero eficaz, de reutilizar los desechos de la producción agroalimentaria es transfomar la biomasa en energía.

Enzo Perri, un investigador del Consejo de Investigación Agroalimentaria y Análisis de Economía Agraria (CREA) explicó a  AgroNotizie que “durante la molienda de aceitunas, hay abundancia de piedras, las cuales son una excelente fuente de energía. Pueden ser utilizadas en un quemador de biomasa para calentar invernaderos o, como yo lo hago, para la calefacción de mi casa”, aseguró.

Además del aceite de orujo, la industria de la molienda produce grandes cantidades de agua de vegetación, compuesta de agua (70-80%), ácidos grasos y fenoles.

A pesar de que ese tipo de desecho es cada vez más costoso para la industria de la molienda actualmente, la Agencia Nacional Italiana para las Nuevas Tecnologías, la Energía y el Desarrollo Económico Sostenible (ENEA) ha encontrado una forma de reaprovecharlo.

Los científicos han desarrollado una máquina que transforma el agua de vegetación en gas, mediante un proceso de reciclado.

Silvano Tosti, responsible de la investigación y director del Laboratorio de Tecnologías Nucleares del ENEA, explicó a Agronotizie que “la parte orgánica del agua primero se concentra y luego se somete a elevadas temperaturas. Con ayuda de gases catalizadores como el metano, se libera el hidrógeno y el dióxido de carbono”.

De esta manera, el molino es autónomo a la hora de disponer de agua de vegetación, y produce energía en forma de calor, la cual puede ser utilizada con objetivos industriales o domésticos.

Permitir que las explotaciones ganaderas sean energéticamente independientes es también uno de los objetivos de CNH, empresa que fabrica tractores bajo las marcas New HollandCase IH y Steyr.

El grupo industrial tiene entre sus objetivos contribuir al desarrollo de explotaciones agrarias independientes desde el punto de vista energético, capaces de autoabastecerse y de transformar la biomasa de origen agrícola en gas. EFEAGRO

 

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