Miguel Ángel Garcimartín Director. Escuela de Agrónomos de la UPM

“Nuestros alumnos triunfan por tener una formación amplia”

El director de la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de la UPM, Miguel Ángel Garcimartín, repasa en una entrevista la proyección y la formación de los estudiantes en esta escuela.

play Miguel Ángel Garcimartín. EFEAGRO/L.R.S.

Los estudiantes de la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid “triunfan” en su salida al mercado laboral porque tienen una formación científica “amplia”, según subraya en director del centro, Miguel Ángel Garcimartín. 

En una entrevista con Efeagro, explica que los alumnos de este centro tienen “mucho campo de trabajo en España” pues estos profesionales son los que sustentan la industria alimentaria, que “supone más del 14 % del PIB” y, además, son los “encargados de que cada día los consumidores tengan sobre la mesa alimentos con garantía de calidad”.

La escuela se encuentra en proceso de reconversión, pues a partir del próximo 1 de septiembre la adaptación al Plan Bolonia convertirá al centro en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas, en la que “volverán a unirse las carreras superiores y las técnicas”, precisa Garcimatín. Sin embargo, se mantendrán los dos pilares fundamentales de este centro educativo: la docencia para formar técnicos del sector agroalimentario y la investigación. 

Salidas profesionales

Destaca que, una vez ultimados sus estudios, los alumnos suelen emplearse en la gestión como directivos de empresas, como profesionales libres que implementan proyectos concretos o en el desarrollo de aplicaciones tecnológicas para el sector agroalimentario.

Tal y como recuerda, aunque en estos momentos la agricultura solo soporta el 4 % del Producto Interior Bruto (PIB), las exportaciones y la industria alimentaria superan el 14 %, “un área en el que trabajan nuestros especialistas”.

Se trata, insiste, de trabajar para mejorar toda la cadena alimentaria y darle más valor al los alimentos en su transformación a través de una agricultura sostenible “con un uso más eficiente de los recursos, pasando por el transporte o la manipulación”.

Por ello, añade el director, además de los conocimientos, en la Escuela se fomentan otras competencias “transversales” como la necesidad del estudio continuo, de tener un comportamiento ético en su vida profesional, el trabajo en equipo o el respeto al medioambiente. 

Respecto a la relación de este trabajo con el medio ambiente, matiza que “nuestra profesión es compleja, pero parte del mismo tronco” que las materias medioambientales “y mejorando la producción agrícola ayudamos a mantener el paisaje”.

En este sentido, destaca que la agricultura sostenible es “un término que se ha incorporado al hacer diario y a los títulos de máster y doctorado”; es un objetivo que lleva a muchos de sus investigadores a participar en proyectos internacionales sobre aspectos tan en boga como el cambio climático.

“Aquí hay expertos en la huella de carbono, en el secuestro del carbono o en la huella hídrica”, pues por ejemplo el agua es un recurso “muy escaso” que “dentro de nada va a ser el banco de dinero” del planeta y ya muchos países ricos están invirtiendo en acuíferos en terceros países para tener garantizado el recurso, agrega.

La biotecnología, de las más aceptadas

Otra de las salidas y de las titulaciones que se imparten en esta Escuela con más aceptación es la de biotecnología, que “ha superado todas la previsiones” hasta el punto de que doblaron el número de admitidos -de 50 a 100-. La biotecnología “nos ha permitido atraer a alumnos con vocación científica y con unas de la notas de corte más altas”, recalca.

Son profesionales que “han optado por profundizar en el estudio de las células para que los cultivos sean más productivos, más agradables o más duraderos para le exportación”, enfatiza. Sin embargo, en términos generales, reconoce que hay “un descenso de vocaciones en ingeniería” un problema que les ha llevado, incluso, a cambiar los planes de formación con el fin de “fidelizar” al alumnado que llega.

Asegura que es un momento presupuestario “muy difícil” para la Universidad en el que se trabaja a “coste cero”

En un momento presupuestario “muy difícil” de la Universidad, en el que se trabaja “a coste cero”, se están desarrollando otras estrategias para atraer vocaciones, como por ejemplo ofrecer el centro para las prácticas de alumnos de secundaria; además, se imparten charlas en los colegios o se celebran las Olimpiadas Agroalimentarias.

La escuela, que nació en 1855, cuenta ahora con unos 2.000 alumnos que estudian los grados en Ingeniería y Ciencia Agronómica; Biotecnología; Ingeniería Alimentaria e Ingeniería Agroambiental, a los que hay que sumar 450 estudiantes de máster y otros 250 de doctorado.

Además de la formación y las competencias transversales, se está haciendo un especial hincapié en la movilidad de los estudiantes y en los idiomas, explica su director, y por el momento, el 25 % de las enseñanza se realiza en inglés.

Entre las instalaciones de la Escuela para las prácticas y la investigación, el centro cuenta con 30 laboratorios, una planta de enología, una de lactología, una almazara y una maltería, además de naves ganaderas de porcino, cunicultura y avicultura y cultivos de invernadero y de frutales.

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