José Luis Romeo Martín PTE. DE PRODUCTORES DE MAÍZ ESPAÑA (AGPME)

“Importamos lo que no nos dejan producir”

España necesita duplicar su actual producción de maíz si lo que desea es poder satisfacer la demanda interna. Para lograrlo, las soluciones pasan por el respeto al medio ambiente, el uso de la biotecnología y la adopción de innovaciones tecnológicas que reduzcan de una manera eficaz el consumo de agua, productos fitosanitarios y fertilizantes.

José Luis Romeo Martin, presidente de la Asociación General de Productores de Maíz de España (AGPME)

España necesita duplicar su actual producción de maíz si lo que desea es poder satisfacer la demanda interna. Para lograrlo, las soluciones pasan por el respeto al medio ambiente, el uso de la biotecnología y la adopción de innovaciones tecnológicas que reduzcan de una manera eficaz el consumo de agua, productos fitosanitarios y fertilizantes.

Así lo asegura el presidente de la Asociación General de Productores de Maíz de España (Agpme), José Luis Romeo Martín en una entrevista con Efeagro en la que apunta que una eventual autorización de determinadas variedades de maíz transgénico actualmente prohibidas en la Unión Europea (UE) podría proporcionar, entre otras cosas, una mayor capacidad de reacción de los cultivos frente al estrés hídrico o un producto final con mejores propiedades nutricionales.

Romeo Martín cuestiona la actual normativa europea que prohíbe el cultivo de determinados tipos de maíz transgénico pero autoriza su importación desde terceros países donde sí está permitida su producción. Un hecho que califica como “competencia desleal”.

Pregunta (P)-. ¿Cuáles son las cifras que definen la producción y la superficie del cultivo de maíz en España?

Respuesta (R). En la actualidad, en España se cultivan aproximadamente 450.000 h de maíz, aunque esa cantidad puede variar, tal y como ha ocurrido este año, en el que la superficie de plantación se ha reducido ligeramente. Si tenemos en cuenta que por hectárea se obtienen unos 10.000 kg de media, la cifra de producción suele oscilar en torno a las 4.500.000 t.

 P-. ¿Qué representan estas cifras en el conjunto de la UE? ¿Y en todo el mundo?

 R. En el marco de la UE, España produce entre el 8 y el 10% del maíz. En cuanto al mundo en general, si nos comparamos con Estados Unidos, donde se rozan las 400.000.000 t, entonces nuestra producción es ‘ridícula’.

 P- .¿Cuál es la importancia del cultivo de maíz en España y su grado de competitividad?

 R-. Es muy importante, porque tenemos que importar una cantidad similar a la que producimos. La producción nacional tiene un mercado de destino también nacional, donde se emplea principalmente en la alimentación de animales, como el cerdo, del que somos grandes productores y exportadores. Por eso, creo que es muy importante producir lo que consumimos.

 P-. ¿Qué medidas pueden adoptar los productores de maíz en nuestro país para mejorar su producción y competitividad?

 R-. Es cierto que tenemos que ser más competitivos, pero también más ecológicos y sostenibles. Eso se soluciona utilizando mejor las tecnologías disponibles. Por ejemplo, el uso del GPS en el campo nos permite aplicar de manera más eficaz los productos fitosanitarios. Otro ejemplo son los abonos en línea, porque ahorran hasta la mitad de dinero y se respeta más el medio ambiente. O el uso adecuado del agua de riego, a través de sondas que se ponen en el campo y que informan del grado de humedad del suelo a diferentes profundidades.

 P.- ¿Y la biotecnología?

R. En otros países, como Argentina, se están utilizando unas semillas modificadas genéticamente resistentes a las sequías que nos vendrían muy bien aquí. Sin embargo, esto resulta muy complicado de hacer en Europa. De hecho la producción de maíces transgénicos está prohibida, a excepción del resistente al taladro. Sin embargo, se produce la paradoja de que sí está permitida la importación de maíces cuya producción está prohibida aquí. Sería algo así como si prohibiéramos la producción de coches con turbo, pero luego permitiéramos su importación.

 P-. ¿Cuál es el grado de implantación de este tipo de maíz transgénico en nuestro país?

R. En España, principalmente en el valle del Ebro, se destinan cerca de 140.000 h al cultivo de maíz transgénico resistente al taladro. Si multiplicamos esta cantidad por los aproximadamente 10.000 kg que se obtienen de cada hectárea, su producción se eleva hasta 1.400.000 t.

 P-. ¿Cuál es su opinión sobre la percepción de productores y sociedad general sobre el maíz transgénico?

 R-. Todavía hay ciertos consumidores que desconfían de los productos transgénicos aunque, a mi modo de ver, se debe sencillamente a que los desconocen. Estos productos son mucho más seguros que los convencionales, más que nada porque están sometidos a continuos controles. Por nuestra parte, los productores apostamos por los transgénicos porque vemos cómo funcionan en otros países. No entendemos por qué no podemos hacerlo también aquí. En definitiva, se trata de una competencia desleal, porque importamos lo que no nos dejan producir.

 P-. ¿Qué ventajas traería su autorización por parte de la UE?

R-. Supondría un ahorro muy importante, ya que nos permitiría reducir el uso de herbicidas, producir con menos agua e, incluso, cultivar un tipo de maíz mucho más eficiente en la asimilación de nitrógeno, algo que también nos ayudaría a minimizar costes en fertilizantes.

Mientras esta restricción siga vigente, habrá empresas europeas que, después de haber invertido mucho dinero en investigación, acaben marchándose fuera. Sin ir más lejos, la Universidad de Lleida ha desarrollado un maíz que contiene mayor cantidad de vitaminas A y C, además de una mayor proporción de ácido fólico. Lamentablemente, se han tenido que ir a Estados Unidos porque aquí no podían realizar los ensayos.

 P-. ¿Qué coste puede tener para el productor de maíz acometer las citadas innovaciones en sus explotaciones?

R-. La implementación de estos sistemas resulta cara al principio, sobre todo por la elevada inversión en maquinaria que hay que realizar. Por otro lado, las semillas de maíz transgénico suelen ser entre un 15 y un 20 % más caras que las convencionales. Sin embargo, en su conjunto consiguen reducir los problemas habituales del cultivo, por lo que al final siempre se obtiene un retorno rentable.


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