Director general del IICA VÍCTOR VILLALOBOS

“No podemos seguir haciendo las cosas como hasta ahora”

La ecuación agua, agricultura y producción de alimentos se pone sobre la mesa como un desafío ante un bien -el recurso hídrico- que es finito, un población que crece y demanda cada día más alimentos y de mayor calidad, y un medioambiente que es necesario proteger.

Imagen de archivo del director general de IICA, Víctor Villalobos. EFE/Jeffrey Arguedas

En una entrevista con Efeagro, el director general del Instituto Interamericano para la Cooperación en Agricultura (IICA), Víctor Villalobos, considera que “no podemos seguir haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora” y que la gestión integrada del agua es determinante para que la agricultura logre adaptarse al cambio climático, y defiende que es una tarea de todos.

 

Pregunta (P).- ¿Cómo conseguir que agua, agricultura, sostenibilidad y producción alimentaria se unan y coexistan?

Respuesta (R).- El agua y la agricultura están indisolublemente unidas. El sector agrícola se enfrenta al reto de ser más productivo y sustentable, un logro que depende, en alto grado, de su capacidad para realizar una adecuada gestión de los recursos hídricos. Como indica el IICA y es reconocido por los ministros de Agricultura de las Américas, esta región posee una abundancia relativa de recursos hídricos, cerca del 46 % del planeta, así como riqueza y diversidad ecológica, social, económica y política; una conjugación de elementos que ofrece la oportunidad de identificar modelos de gestión del recurso hídrico que pueden adaptarse por los países para mejorar sus políticas públicas y planes de inversión.

 

P.- ¿Cuáles son los principales desafíos: cambio climático, falta de innovación tecnológica, políticas agrarias y medioambientales…?

R.- En la relación agua y agricultura, el IICA ha identificado cinco grandes desafíos. El primero, es que el agua es un recurso finito y su distribución está sujeta a variaciones geográficas, anuales y estacionales, mientras su disponibilidad puede complicarse debido al cambio y la variabilidad climática. En segundo lugar, conforme más aumente la población urbana, mayor será la competencia intersectorial por el agua, pues es importante para la agricultura, la industria, el consumo humano, la producción de energía y otras actividades. En tercer orden, es necesario aumentar la eficiencia de la productividad del agua, mediante innovaciones que pueden venir de la biotecnología, la genómica funcional y la nanotecnología, así como de mejores infraestructuras para el riego. Otro gran reto es fortalecer las capacidades de los ministerios responsables del desarrollo agrícola y rural para que articulen sus acciones con otros ministerios involucrados en la gestión del agua, y por último, se deben impulsar innovaciones orientadas a comprender con mayor profundidad el ciclo hidrológico, las interrelaciones entre agua, clima y biodiversidad. Para esto es fundamental la investigación.

cultivo en regadío

El agua, una prioridad para la Red Española de Desarrollo Sostenible. EFE ARCHIVO/ NACHO GALLEGO

 

P.- ¿Qué papel ocupa la biotecnología?

R.- Es un conjunto de herramientas que pueden ser aplicadas para la mejora y el uso sostenible del agua en el agro. Por ejemplo: el empleo de algas para limpieza de agua y la simultánea obtención de biomasa, lo cual ha sido probado con éxito en varios países; el empleo de marcadores moleculares para acelerar la identificación y selección de materiales tolerantes a sequía; el empleo de biomarcadores para hacer seguimiento de la calidad de agua; el empleo de genómica y bioinformática para identificar genes que permitan alcanzar mayor eficiencia (fotosintética) en el uso de agua en los cultivos son claves para explorar la biodiversidad.

 Requerimos un cambio de paradigma en la comprensión de la relación entre agua y agricultura

Eventualmente, el uso de modificación genética para generar materiales tolerantes a la sequía como ha sido mostrado en Estados Unidos o se está desarrollado en Argentina y en un consorcio de investigación del continente africano; la generación y utilización de insumos de origen biológico (bioinsumos) que reduzcan (hagan más racional) el empleo de químicos que por lavado natural se constituyen en importantes contaminantes de fuentes agua.

La biotecnología ofrece muchas herramientas, lo importante es que hay que desarrollarlas y darlas a conocer para que los agricultores puedan optar por las soluciones que más se ajusten a sus condiciones y para ello, los centros de investigación, las universidades y los sistemas de extensión son actores de enorme relevancia.

P.- Se habla constantemente de la necesidad de producir más con menos (agua, insumos, fitosanitaros…? ¿Se puede lograr?

P.- Sí, el discurso no es suficiente. La gestión integrada del agua es determinante para que la agricultura logre adaptarse al cambio climático. Esta se puede alcanzar si desarrollan y fortalecen sistemas de información hidrometeorológica cuyo uso esté disponible para varios países. También se requiere adaptar la planificación de la agricultura a los cambios del clima y la disponibilidad de agua, fortalecer los sistemas de información agropecuaria y revitalizar las infraestructuras de riego y las de captación de agua.

Por otro lado, es urgente modernizar los sistemas productivos en la cadena agroalimentaria, con el desarrollo y la difusión de innovaciones, la promoción de asociaciones público-privadas que busquen una mayor eficiencia y la reducción de la contaminación, y la focalización de esfuerzos a nivel de cuenca, como unidad integradora. Es importante apoyar los esfuerzos para identificar tecnologías autóctonas y tradicionales, promover la agricultura de precisión, mejorar el conocimiento sobre el agua subterránea e impulsar el reciclaje y su uso en el agro.

 

P.- ¿Qué mensaje debe calar en ciudadanos, productores y administraciones para que mejore la conciencia en este ámbito?

R.- No podemos seguir haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora. La agricultura deberá desarrollar sistemas innovadores de producción de alimentos en los que el uso del agua sea prioritario; requerimos un cambio de paradigma en la comprensión de la relación entre agua y agricultura. Más que pensar en unidades de producción por hectárea, debemos preguntarnos cuánto nos cuesta producir en función del agua consumida, cuántos litros se necesitan para producir una tonelada de alimentos. La acción de todos es importante. Su uso eficiente debe reconocerse como un asunto de atención inmediata en la agricultura de subsistencia, empresarial y familiar, pues toca todos los eslabones de las cadenas agrícolas y los territorios rurales.

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