BANCOS DE ALIMENTOS

“Por si un día lo necesito yo, que nunca se sabe”

“Poco es para lo que hace falta”; “Por si algún día lo necesito yo, que nunca se sabe”; “¿Os dejo el carro entero?”; “Espero que este año superemos el récord”; “Ahora vuelvo para hacer vuestra compra”… así suena la solidaridad de los madrileños con los Bancos de Alimentos.

Recogida de alimentos, en imagen de archivo. Foto: EFE.Recogida de alimentos, en imagen de archivo. Foto: EFE.

Primer fin de semana de diciembre, hace un frío polar y ya se perciben los primeros síntomas de Navidad; mientras la ciudad se despereza, cientos de voluntarios caminan hacia su cita con la “Gran Recogida” del Banco de Alimentos, su particular “granito de arena” que es, sin duda, un regalo en dos sentidos.
En un establecimiento de tamaño medio del Distrito de Chamberí,la coordinadora espera a las tres voluntarias del turno; durante la primera tarde se habían recogido más de 300 kilos en sólo cuatro horas, un listón muy alto que hay mantener.
Una vez conformado el equipo e identificado con el peculiar peto de “voluntario”, las instrucciones: hay que informar al cliente al entrar, dejarle el panfleto con la información de la campaña, gestionar la donación cuando salen con los alimentos, llenar bolsas con seis kilos aproximadamente y llevar la contabilidad.
Evidentemente no son números exactos, pero el 98 % de los vecinos que entran en el súper escucha la “cantinela” que en pocos minutos sale de memorieta: “somos del banco de alimentos, estamos en la campaña de recogida, si quiere colaborar necesitamos alimentos no perecederos”, más o menos.

La solidaridad, un gen generalizado

Reconcilia con el género humano comprobar que la inmensa mayoría colabora con algún producto y que muchos de los que no lo hacen susurran -para que no les escuchen las cajeras- como si estuvieran escondiendo un delito “es que ya he colaborado, vengo del otro supermercado de la esquina”.
Entre las dificultades añadidas, el “fresco” que hace al otro lado de una puerta que no deja de abrirse o saber cuántos gramos tiene cada lata para sumar hasta seis kilos, especialmente si el equipo está compuesto por tres chicas de letras…
Pero todo rueda fácilmente cuando al primer chico al que le das una octavilla y que sólo quería hacer una recarga en su teléfono vuelve con un carro lleno de alimentos para donar, o un niño de unos diez años con una sonrisa de oreja a oreja deja otro que trae ayudado por su abuela.

Campaña de recogida del Banco de Alimentos: Foto: Efeagro / LRS

Campaña de recogida del Banco de Alimentos: Foto: Efeagro / LRS.

Es fácil cuando el señor Teodomiro, que trata con familiaridad a todo el personal de la tienda, se compromete a volver para hacer “una compra para vosotras” y lo hace, sin prisas, eligiendo bien lo que quiere depositar en esa gran caja que simboliza la solidaridad suya y de sus vecinos.
Cuatro horas pasan muy rápido si una señora llena un carro -donde ha metido también unos chocolates para las voluntarias- y pregunta “¿Os lo dejo entero o ayudo a vaciarlo?”; o si al entrar a gestionar un cambio de “bañera” con los responsables del establecimiento compruebas que la solidaridad de tus vecinos ha vaciado las estanterías de alimentos infantiles.
Hay visitas que enternecen como la de la abuela de 95 años de dos de las voluntarias, que miraba a sus nietas con la admiración que solo saben mirar las abuelas y que dejó constancia de que los valores, como el de la solidaridad, también se heredan.
Y hay otros desafíos, como tirar de los conocimientos de idiomas para que los extranjeros que pululan por el barrio entiendan la campaña y dejen su aportación.

1.700 kilos

Más de 1.700 kilos de alimentos no perecederos se han conseguido recaudar solo en este supermercado, productos que llegarán al Banco de Alimentos que, a su vez, distribuirá entre organizaciones benéficas y comedores sociales.
Es sólo una cifra que se sumará a las de todos los supermercados en los que este fin de semana ha trabajado una particular legión de voluntarios y que vuelve a demostrar que cuando nos organizamos por una buena causa, no hay quien nos frene.

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