INDUSTRIA ALIMETNACIÓN

La apuesta por productos de “kilómetro cero” alcanza a la industria alimentaria

Conceptos como productos “de kilómetro cero”, “de proximidad” o “100 % locales ” están en boga y son tendencia de consumo en España, lo que obliga a la industria alimentaria a renovarse y mirar a su entorno más cercano.

Operarios trabajan en el campo justo al lado de una fábrica en Asturias. EFE/Alberto MoranteOperarios trabajan en el campo justo al lado de una fábrica en Asturias. EFE/Alberto Morante
Una propuesta que no sólo beneficia a la la industria y los consumidores, sino que puede suponer la supervivencia del sector primario y del territorio rural que lo alberga, al garantizar la venta a los productores locales.
Más allá de los habituales mensajes publicitarios, representantes del sector y asociaciones de consumidores coinciden en admitir que no es fácil encontrar industrias que se abastezcan únicamente con proveedores locales, a excepción de aquellas que cuentan al mismo tiempo con actividad en el sector primario.
¿Por qué? Porque no siempre los productos más cercanos son los más baratos, porque la producción depende de cómo discurra la campaña, está limitada por aquellos alimentos de temporada y porque, en ocasiones, no es fácil encontrar todo lo que se necesita en una misma región.

El ejemplo de Casa Amella

La empresa catalana Casa Amella es señalada por muchos como un ejemplo a seguir. “Todo lo que vendemos es cero conservantes, cero aditivos, nuestra materia prima es de temporada“, explica a Efeagro su fundador, Daniel Amella.
Ahora mismo no fabricamos crema de verduras ni de puerro porque, simplemente, en el campo no hay. Y como tampoco compramos verdura de invernadero… Sólo vendemos lo que quede en el almacén”, ejemplifica.
La inmensa mayoría de sus proveedores están localizados en la comarca del Bages, en Barcelona, a escasos kilómetros de su planta, ubicada en el municipio de Artés. ¿La única excepción? Las lentejas y otras legumbres, que provienen de Castilla y León gracias “a un agricultor de confianza”.
Venden desde aceite hasta hamburguesas, pasando por cremas, sofritos o pasta, y en 2017 inauguran una fábrica que se dedicará por entero a la fabricación de zumos.
Creemos que si le podemos comprar al vecino de al lado, siempre será mejor que hacerlo en la otra punta del mundo“, resume Daniel Amella a modo de filosofía de vida.
El proyecto no ha dejado de crecer y la compañía cerrará 2016 con una facturación de 2,5 millones de euros, un 25 % más que un año antes.
“Nuestras fábricas, además, son veganas -no utilizan ningún ingrediente de procedencia animal- y sostenibles, nos preocupamos por el medio ambiente. Todas las luces son LED y utilizamos materiales como la madera, el barro o el metal”, argumenta.
Crítico con quienes se apuntan a lo ecológico sólo por estar de moda, Amella insiste en la importancia de que el consumidor también valore su producto y entienda por qué su precio de venta es más elevado que el de muchos competidores.

Producir yogur al lado de las vacas

La apuesta por lo 100 % local es más frecuente entre quienes cuentan con intereses en el sector primario y deciden ir más allá con la instalación de una fábrica que les permita controlar todo el proceso.
Es el caso de Casa Grande de Xanceda, en Galicia, cuya marca de yogur ecológico ha crecido con fuerza y se ha hecho un hueco en numerosos lineales.
Ganado vacuno pastando en Cantabria. EFE/Archivo. Alberto Aja.

Ganado vacuno pastando. EFE/Archivo. Alberto Aja.

Propietarios de una granja con 400 vacas, ya están planteándose suscribir acuerdos con ganaderos de su entorno para poder seguir creciendo.
Queríamos salir de la dependencia de la industria láctea, con la que no podíamos negociar. El objetivo inicial era conseguir transformar el 100 % de la leche que producen nuestras vacas. Al principio había mucho desperdicio, pero con la tecnología ya hemos conseguido acercarnos a esa meta”, explica la portavoz de la firma, Jessica Rey.
La compañía prioriza alcanzar acuerdos con proveedores locales, no sólo a nivel de alimentación, sino también en cuestiones relacionadas con el mantenimiento de las instalaciones o el bienestar animal.
“Optar por abastecernos en nuestro entorno también tiene ventajas. El transporte es más cercano, tenemos más contacto con los proveedores e incluso compartimos el calendario o los horarios”, recuerda.
Que lo local es tendencia lo confirman desde Casa Grande de Xanceda, que en cuatro años ha duplicado la fabricación de yogures (de 10.000 a 20.000 unidades) sin dejar de vender prácticamente el 100 % de su producción.

Lo local también es “gourmet”

En el otro extremo de España, en Andalucía, ha surgido una iniciativa que agrupa a pequeños productores locales de productos “gourmet” para comercializar sus “delicias” a través de Internet.
Aceite elaborado por cooperativas de la zona, setas preparadas para servir de la empresa Sirache, las conservas artesanales de El Monumento o miel de la marca Sol y Tierra son sólo algunos ejemplos agrupados en la web “Delicatessen de la sierra“, cuya sede se encuentra en Huelva.
La proximidad como valor añadido se ha extendido a otros ámbitos, como el de la restauración colectiva, con casos como el de la Fundación Fuhem, cuyos colegios trabajan para que sus cocinas sirvan a los alumnos alimentos ecológicos, de temporada y comprados a productores locales.

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